Edición Nº 1730


Este espacio se subasta
 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Artes y Ensartes
  • Mal Menor
  •  

     

     

     

    ARTICULO

    18 de julio de 2002

    De Monedas Y Motines
    El FMI bajo feroz cuestionamiento. El francotirador: Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001.

    Joseph Stiglitz en el ojo de la tormenta. Su último libro cuestiona severamente las políticas económicas del FMI desde la década de 1980.

    Escribe LUIS NAVAJAS*

    LOS reacomodos ministeriales en el Perú, resultado parcial del terremoto político y económico que tuvo epicentro en Arequipa a raíz de las frustradas privatizaciones, abren las posibilidades de adoptar necesarias medidas para consolidar los avances logrados y encarar las reformas que permitan que los beneficios del desarrollo abarquen a los sectores más desprotegidos de la población.

    Si bien en el proceso puede existir la tentación populista, no resulta serio hoy pretender regresar a los monopolios e ineficiencias de Estados paquidérmicos ni ceder a las tan letales como fáciles promesas; es necesario determinar qué hay que cambiar y cómo hacerlo.

    Es urgente, por cierto, perfeccionar las instituciones democráticas, aspecto imprescindible cuando se cuenta con una población movilizada por la lucha contra el régimen Fujimori-Montesinos y después de una prolongada recesión que ha agudizado el desempleo y la miseria.

    HASTA EL FMI DUDA

    Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI), tradicionalmente muy seguro de sus recomendaciones impuestas a los países afectados a partir del poder que le brinda la guía indiscutible de Estados Unidos y la comunidad financiera internacional, parece estar dudando de sí mismo: frente al caos argentino, ha optado por la inédita medida de nombrar una comisión de "notables" del mundo de las finanzas para que busquen una salida del atolladero que sus propias recomendaciones o silencios contribuyeron a crear.

    Esta medida del FMI se produce en un momento en el cual existe un profundo malestar en la burocracia del Departamento del Hemisferio Occidental que fue deliberadamente dejada de lado por el nuevo director gerente cuando trajo a ese departamento a Anoop Singh, un economista originario de la India sin experiencia en América Latina y que no habla español.

    Coincide también con un ataque sin precedentes contra las políticas recomendadas por el Fondo a partir de la década de los ’80 de parte de Joseph Stiglitz —Premio Nobel de Economía 2001, ex primer vicepresidente y economista jefe del Banco Mundial y presidente del Consejo de Asesores Económicos en el período de Bill Clinton. La presentación de su libro ‘Globalization and Its Discontents’ (W.W. Norton and Company, 2002) realizada en el Banco Mundial el 28 de junio pasado contó con la participación de Kenneth Rogoff, economista jefe del FMI, que aprovechó la oportunidad para formular observaciones de subido calibre y que luego han sido ampliamente difundidas.

    Agria cosecha de una década de drásticas reformas neoliberales impulsadas por el FMI.

    LA BRECHA CRECIENTE

    Un decidido defensor de la globalización —a la que considera inevitable y portadora de inmensos beneficios cuando se realiza en ciertas condiciones— Stiglitz plantea con crudeza algunas de las principales limitaciones de este proceso y señala que, para muchos en el mundo en desarrollo, ella no ha aportado los beneficios que se ofrecieron, provocando una brecha creciente entre los grupos pudientes y los desfavorecidos, con el consiguiente incremento del número de pobres.

    Considera que tampoco ha asegurado la prometida estabilidad económica —señalando a las crisis de Asia y América Latina, así como la transición en Rusia— y que se ha ejecutado haciendo gala de una gran hipocresía en el ámbito del comercio exterior ya que los países desarrollados han reforzado sus subsidios y barreras arancelarias mientras exigían aperturas indiscriminadas a los mercados de los países en desarrollo.

    En el ámbito financiero, los bancos de las economías occidentales se beneficiaron con la radical liberalización de los controles de los mercados de capitales en América Latina y Asia, favoreciendo los movimientos especulativos.

    Según Stiglitz, el precio pagado por muchos países en desarrollo por la forma en que se ha puesto en práctica la globalización ha sido en muchos casos elevado: la destrucción del medio ambiente, la corrupción de los procesos políticos y una incapacidad de los países para adaptarse culturalmente a los rápidos cambios introducidos; las secuelas han sido las crisis que han acentuado un desempleo masivo seguidas de problemas de disolución social de larga data y que han provocado desde violencia urbana en América Latina hasta conflictos raciales en otros lugares del planeta.

    DONDE SE ERRO

    Para identificar dónde se erró, Stiglitz considera importante observar a las tres principales instituciones que han acompañado este proceso de globalización: el Banco Mundial, el Fondo Monetario y la Organización Mundial de Comercio.

    Stiglitz considera que la tarea más difícil de asegurar la estabilidad económica mundial, evitando depresiones económicas, le fue asignada al FMI.

    La crítica fundamental hacia el FMI se origina en lo que él considera el abandono de la misión original del Fondo, tal como fuera planteada por John Maynor Keynes al momento de su creación en 1944: compensar las imperfecciones del mercado a través de la intervención del Estado para restablecer las condiciones de funcionamiento de la economía de un país cuando se veía afectada por desequilibrios que la hubiesen conducido a una crisis.

    Esta concepción original, basada en las premisas keynesianas básicas que Stiglitz considera acertadas, fue sustituida en la década de los años ’80 por la ideología conservadora de un libre mercado abierto al ‘laizes faire’ impulsada políticamente por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, convirtiendo al Banco Mundial y al FMI en las "nuevas instituciones misioneras."

    Según Stiglitz, el problema, en esta concepción, no eran las limitaciones de los mercados sino la intervención del Estado; mal podía abogarse por una intervención gubernamental para corregir los excesos del mercado cuando esa intervención de los gobiernos era, según la doctrina "neoliberal", el origen de los males.

    Fue en ese momento, según Stiglitz, que nace el "Consenso de Washington" formulado entre el FMI, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Este Consenso fue concebido como respuesta a la situación de diversos países de América Latina que exhibían una importante intervención del Estado, grandes déficit fiscales que alimentaban la inflación y un proteccionismo que introducía distorsiones en la oferta y demanda de bienes y servicios. La austeridad fiscal, las privatizaciones y la apertura de los mercados fueron sus bases fundamentales.

    Horts Köhler, director ejecutivo del FMI. Del Consenso de Washington a la disidencia en las calles.

    VISION ABSOLUTIZADA

    Las políticas aplicadas por el Fondo se derivan de una visión absolutizada del libre mercado y son las que, en opinión de Stiglitz, han fracasado. Una observación fundamental que realiza es que las reformas, cuando son necesarias, deben ser introducidas teniendo especialmente en cuenta la secuencia y cadencia a la que deben ser adoptadas.

    Una adopción abrupta o forzada, sin tener en cuenta las condiciones básicas de la sociedad, puede provocar mayores daños que beneficios según Stiglitz. De allí que considere que la globalización para ser fecunda, debe realizarse por los países teniendo en cuenta, de manera independiente, sus propios requerimientos.

    La crítica que formula se refiere a una prematura reducción de las dimensiones del Estado lo cual, si bien trae como beneficio el control del déficit fiscal, puede provocar un incremento en el desempleo y el abandono por parte del Estado de ciertas funciones reguladoras esenciales, así como el corte de programas sociales que tienen un impacto básico en las condiciones de vida de la población.

    También critica la apertura forzada e indiscriminada a los productos importados que provoca la destrucción de más fuentes de trabajo que aquellas que la economía puede generar, mientras se exigen políticas monetarias restrictivas que provocan el incremento de la tasa de interés acentuando las dificultades para el desarrollo de actividades productivas.

    BRUSCOS MERCADOS DE CAPITALES

    También señala Stiglitz que las políticas implementadas han conducido a una liberalización brusca de los mercados de capitales aun cuando no exista evidencia de que tal liberalización provoca crecimiento económico y sí que crea condiciones para los movimientos especulativos.

    Las mal implementadas privatizaciones, según Stiglitz, condujeron a una destrucción de puestos de trabajo y a agudizar los de por sí graves problemas sociales existentes, todo lo cual fue potenciado por la corrupción que rodeó muchos de esos procesos de privatización. Empujadas al extremo que lo fueron, estas políticas generaron las recesiones que hoy afectan a varios países de la región.

    TIPOS DE CAMBIO FICTICIOS

    Stiglitz también pone de manifiesto las graves consecuencias de la asignación de miles de millones de dólares para mantener, por cortos períodos, insosteniblemente altos tipos de cambio. Esos períodos son aprovechados por quienes pueden adquirir dólares relativamente "baratos" los cuales son remitidos al exterior o utilizados para cancelar deudas en el extranjero. No es por ello de extrañar, según Stiglitz, que, producido el colapso, ya no exista dinero para mantener los programas sociales que quedaron luego de haber suprimido buena parte de ellos para equilibrar el gasto fiscal.

    COMERCIO PERDEDOR

    Stiglitz resume algunas de sus conclusiones cuando señala lo siguiente:

    "Hemos visto cómo la liberalización del comercio acompañada por altas tasas de interés es una receta segura para la pérdida de puestos de trabajo y creación de desempleo, a expensas de los pobres. La liberalización de los mercados financieros sin ser acompañada de una adecuada estructura regulatoria es una casi segura prescripción para la inestabilidad económica y seguramente conducirá a tasas de interés más altas, no más bajas, haciendo más difícil para los pequeños agricultores adquirir las semillas y los fertilizantes que pueden ayudarlos a salir del nivel de subsistencia. La privatización, sin estar acompañada por políticas que favorezcan la competencia y una vigilancia que asegure que no se abuse de una posición monopólica, puede conducir a precios más altos, y no más bajos, para los consumidores. La austeridad fiscal, ciegamente impuesta en las condiciones equivocadas puede provocar un alto desempleo y la ruptura del contrato social." (pág. 84)

    Padre del FMI, JM Keynes: la misión del Fondo era compensar las imperfecciones del mercado.

    LAS ALTERNATIVAS

    En materia de alternativas a las políticas diseñadas por el FMI, Stiglitz pone el énfasis en la necesidad de identificar la secuencia de las reformas y el ritmo al cual deben ser introducidas.

    Para él resulta totalmente razonable introducir la disciplina fiscal y establecer una prudente política monetaria pero hace hincapié que en determinadas circunstancias pueden ejecutarse reformas a la tenencia de la tierra; también considera que es necesario evitar bruscas liberalizaciones del mercado de capitales y que es importante que se implementen políticas que favorezcan la competencia antes de las privatizaciones y que se asegure la creación de puestos de trabajo antes de la liberalización del comercio exterior.

    Según Stiglitz, este tipo de alternativas buscan realizar un buen uso de los mercados reconociendo, al mismo tiempo, un importante papel al Estado.

    Reconoce la importancia de las reformas no sólo como una cuestión económica sino como parte de una evolución de la sociedad en términos más amplios. Afirma que las reformas, para prevalecer en el largo plazo, deben contar con un amplio respaldo de la población y que, para que tal respaldo exista, los beneficios deben ser también repartidos de la manera más amplia posible.

    LA RESPUESTA

    La respuesta de Kenneth Rogoff, economista jefe del FMI, salió de los cánones académicos y diplomáticos que encasillan el comportamiento de la mayoría de "burócratas dorados" de los organismos internacionales. La dureza de sus juicios y la incidencia sobre los aspectos personales de Stiglitz, más que una discusión de fondo sobre los planteos del libro y de la presentación, provocaron cierto malestar entre algunos asistentes que esperaban una confrontación más sustantiva.

    Según Rogoff, Stiglitz propone elevar el perfil del déficit fiscal —es decir, emitir más instrumentos de deuda e imprimir más dinero— cuando se trata de enfrentar situaciones en las cuales el valor del dinero se está reduciendo en un país.

    Para el economista del FMI esta recomendación de política es gravemente errada pues la impresión de dinero provoca inflación que, en muchas ocasiones, acaba tornándose incontrolable, estrangulando el crecimiento económico y perjudicando a toda la población. De allí la necesidad de restringir de manera creíble el perfil cronológico del déficit fiscal de los países en problemas. Al hacerlo, según Rogoff, se están siguiendo las conclusiones de los estudios económicos posteriores a 1975 que destacan la importancia de las restricciones presupuestarias en el largo plazo.

    También señaló que, contrariamente a lo sostenido por Stiglitz, el FMI acepta muy a menudo la existencia de déficit presupuestarios y puso de relevancia que recientes estudios académicos publicados en revistas especializadas respaldan cada vez más las medidas de defensa de la tasa de interés sustentadas por Stanley Fischer, ex subdirector gerente del FMI, ácidamente criticado por Stiglitz en su libro.

    Rogoff puso también de manifiesto la necesidad de tener en cuenta las condiciones en que se encuentra la economía de un país cuando acude a solicitar ayuda al FMI. En general, esa solicitud se produce cuando la situación es insostenible. Enfrentar situaciones política y socialmente complicadas constituye un reto difícil de encarar y a veces los instrumentos con que se cuenta son en extremo deficientes. El caso de la transición en Rusia, considerado por Stiglitz en su obra, es un ejemplo que Rogoff puso de manifiesto para indicar las dificultades de la tarea del FMI.

    El excesivo acento en aspectos personales por parte de Rogoff llegó a opacar el debate. Según él, las propuestas de Stiglitz son, en el mejor de los casos, polémicas y en el peor de los casos un verdadero "cebo de culebra." La referencia a la "mente maravillosa" de Stiglitz y de John Nash, también ganador del Premio Nobel, significó, para algunos, pasarse de la raya.

    En todo caso, resulta urgente seguir examinando la realidad cotidiana del Perú y evaluar las grandes dificultades que plantea la elaboración de políticas económicas que respondan a las profundas necesidades del país. Más allá de los postulados genéricos, la elaboración de alternativas exige sólidos conocimientos técnicos, equipos económicos muy bien formados, imaginación y gran capacidad de trabajo. Exigen, además, una conducción política con credibilidad y decisión. Estas condiciones, es necesario reconocerlo, no abundan en el Perú ni en la región. Parafraseando a Clemenceau ("la guerra es demasiado importante para dejársela a los militares") la política es demasiado importante como para dejársela a los economistas.

    ___________
    * El autor de esta nota es un latinoamericano que vive en Washington y que prefiere usar este apodo porque corta por lo sano.


    ../secciones/Subir

    Portada | Nos Escriben... | Mar de Fondo | Heduardo | Culturales | Caretas TV | Ellos & Ellas | Lugar Común | China te Cuenta Que... | Piedra de Toque |Mal Menor

    Siguiente artículo...

     

       

       
    Pagina Principal