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Edición Nº 1731 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Pucha,
La Vieja Chora O sea, yo me iba a ver una muestra que me recomendó Lucho Lama, hija, con el argumento de que "si no la ves quedas como una flake cualquiera" y en efecto, pucha, regia la muestra, era una instalación con su intervención más, toda en base a mojones de perro superpuestos con diamantes africanos, hija, una crítica social absolutamente contestataria contra este sistema atroz en el que vivimos. Pero bueno, lo que pasó, pasó en el vuelo. Yo estaba con un dolor de cabeza atroooooooz y me tomé tres tonopanes y cuatro gramos de valeriana, cuando en eso veo que se me sienta al costado una vieja horrorosa, no sabes, con la nariz ganchuda, la boca en ruche, los ojos caídos y sobre todo una peluca y un outfit que te lo juro, o sea, ni mis peores pacientes en etapa hebefrénica se me han presentado así de mal vestidas al consultorio. Pero lo peor fue que cuando la vieja se sentaba, pucha, la hostess nerviosísima comentaba que le acababan de robar una pulserita que le había regalado el enamorado, mientras el piloto salía de la cabina indignado, pucha, porque se le acababa de desaparecer la billetera con todas sus tarjetas de crédito. Hija, una no vuela en primera a soportar esas choladas, y para pasar el mal rato, juá, adentro con cuatro valerianas más y que después me lleven a Adictos Anónimos a curarme de la dependencia, pero es que el momento estaba fatal. Y encima, la vieja. Bueno, vienen los aperitivos y la vieja zampa la manaza sobre la copa de champán con orange que yo justo estaba agarrando y en el forcejeo, no sabes, me saca el chevalier con el escudo de los Tudela sin que me diera cuenta, hasta que sentí un vacío horroroso en la boca del estómago y un mensaje interior que me decía, "Lorena, acabas de perder el linaje, no eres nada ni nadie" y en efecto, pucha, me miro el dedo y veo que faltaba el sello de mi pertenencia al mundo. Ah, no te imaginas, la agarré a la vieja de mierda de las orejas y empecé a gritar como una posesa: "¡Devuélvame mi chevalier o secuestro el avión y no paramos hasta Bramaputra!" Ante semejante escándalo, pucha, la bruja se hizo la que con ella no era y levantó mi chevalier del piso diciéndome, con una voz medio gaga de travesti en mal momento, "ya China, no hagas tanto escándalo que acá está tu chafalonía". Por supuesto que no entendí nada de cómo cuernos ese monstruo sabía mi nombre, pero en ciertas circunstancias, hija, lo mejor es negar la realidad y seguir para adelante para no hacerte más problemas, mira tú nomás cómo la hace el cholo Toledo y está más rebosante y bien papeado que nunca. En fin, me quedé seca y de un humor de los perros, cuando otra vez empieza el chongo. Resulta que mi vecina de asiento se había levantado al baño y en el camino, como por arte de magia, pucha, habían desaparecido los relojes de dos gringos de la primera fila, la cartera de una regia que viajaba detrás de mí, el misal de una monja española que roncaba como un cajón de mesa de noche y hasta los canapés de caviar Beluga que se iba a empezar a trambuchar un gordo rosado que desplegaba su chanchez en el asiento de pasillo del frente. Ya demasiada coincidencia, hija, entre la vieja y los robos, así que la esperé a que volviera y cuando se sentó de nuevo (mirando con codicia mi cadena de oro), pucha, me la quedé mirando y le pregunté, "¿quién es usted en verdad?", con ese tono entre implacable y analítico que me ha permitido decirle adiós a Diego sin que corra sangre, pero eso ya te lo contaré cuando esté de ánimo. Pucha, a la vieja se le desató la paranoia y entre balbuceos me contestó, "China, no me has reconocido, soy Eduardo Calmell y estoy viajando de incógnito, escapando a la persecución política de la que soy objeto por parte del gobierno de Toledo". Pucha, no sabes, o sea, cuando lo escuché me dio tanta flojera indignarme con la coladera que es el Poder Judicial, que a lo único que atiné fue a decirle, "mira Eduardo, haz lo que te dé la gana con tu vida pero como me toques una joya más, en el aeropuerto de Guayaquil la INTERPOL te hará la escala un poco complicada", y juá, más valeriana, a ver si así sumo a este país en un sopor que lo relance desde el paleolítico, qué quieres que te diga. Chau, chau. (Rafo León).
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