|
Edición Nº 1731 |
|
|||||||||
|
|
||||||||||
|
|
CADA cierto tiempo un hálito fétido recorre el país, casi como un llamado del infierno del desorden en el que estamos inmersos. Ocurrió con el incendio de Mesa Redonda, que abatió por largos instantes al Perú. Hoy, como si no hubiéramos aprendido nada y persistiéramos en nuestra atroz y al parecer indomable costumbre de ignorar olímpicamente las reglas y vivir a contrasentido, la tragedia de Utopía -nombre hermoso para tanto horror- nos vuelve a remecer. No fueron suficientes los fallecidos en Mesa Redonda, el destino tenía que reclamar nuevas víctimas para intentar llamarnos a razón. En medio de ambas tragedias, los sucesos de Arequipa fueron otra voz de alarma para avisarnos que estamos fuera del camino, o que andamos por una ruta equivocada. Es que todo nos ha llevado a eso. Venimos de un régimen que no respetaba a sus ciudadanos ni a sus instituciones, que modificaba a su antojo las leyes y la Constitución, que, como un Midas maligno, corrompía todo lo que tocaba, auspiciando programas televisivos basura y periódicos más basura aún, si es que cabe. El resultado es este que hoy estamos sufriendo. El desorden protegido incluso por la ley, el desacato abierto a las antiguas buenas costumbres, la agresión a los ciudadanos por todos los medios, la morralla delincuencial de los microbuseros, la fuga al extranjero de los sicarios de la prensa. Todo parece conducirnos al precipicio, del cual la tragedia de Utopía sólo ha sido un nuevo aviso. Oigámoslo. Pongamos marcha atrás para ir adelante. El desorden no paga. Cobra. Dos formas de dar una misma noticia que leí en dos diarios diferentes: Una: Wong inauguró una tienda Metro e inaugurará otra en Lima. La otra: Wong dejará de abrir dos locales de cuatro que tenía programados (y ni una línea sobre los inaugurados). Es como aquello de que un vaso está medio lleno o medio vacío, según quien lo tenga en la mano. Leyendo todo lo referente a la controvertida noticia -supongo que feliz para los vendedores- de la venta de hasta dos paquetes accionarios de Backus a sendas empresas del extranjero, hay cosas que me llaman la atención. Aparte de felicitar a los propietarios de esas acciones por su gestión empresarial y el consiguiente interés internacional que han sabido inspirar, me preocupa que los hombres de empresa peruanos más exitosos den la impresión de estar de salida, rematando la casa, casi como si nos dijeran apúrense en hacer las maletas y que el último que salga que apague la luz. ¿Qué empresariado es ese? Al contrario de ese populacho del sur, y creo que del resto del país, que se niega a dejar que se vendan las empresas estatales que creen suyas, los empresarios privados parecen haber sacado un aviso de Se Remata. Quizá porque sucede lo primero, ocurre lo segundo. Chilenos, mexicanos, holandeses, colombianos y ahora venezolanos: ¡ese es el nuevo auténtico empresariado peruano! (Bueno, finalmente hay que agradecer que alguien tenga fe en el Perú). El Congreso de la República ha venido organizando diversas exposiciones de artesanía nacional provenientes de los distintos pueblos que los congresistas representan. Iniciativa muy laudable, pero lamentablemente los artesanos presentes se han quedado tirando cintura, como se dice, porque sus egregios representantes no han comprado nada o casi nada. De éstos, algunos -pocos- son buenos para los discursos regionalistas, pero parece que todos son devotos de la Virgen del Puño. Eso sí, para las fotos están siempre listos. Mismo boy scouts. ¿Saben cómo se llama este año? ¡Cáiganse!: "Año de la Verdad y la Reconciliación Nacional". ¿Quién habrá sido el Nostradamus que lo propuso? Claro que acaba de firmarse el Acuerdo Nacional y cabe darle un lugar a la esperanza. Lo malo es que vienen las elecciones regionales y para entonces ya no habrá acuerdo que valga. Ojalá me equivoque. Admiro mucho a España, pero no por eso he dejado de percatarme del poco sentido de las proporciones, sino del ridículo, que tuvieron los militares españoles que reconquistaron, si así se puede denominar esa operación en la que no se disparó ni un tiro de honda, de manos marroquíes la isla-peña de Perejil, en la que enarbolaron la bandera española, en foto que dio la vuelta al mundo, de la mismísima forma que lo hicieron los soldados norteamericanos en Iwo Jima. ¡Vale, hombre, qué machos! ¿La guerra de Perejil llegará a los libros de historia como la segunda reconquista española? Sin Boabdil, claro. Si eso sucede, habrá que buscar la anécdota, que no pasa de serlo, en la letra P, de Perejil. Mala suerte la de los promotores de la ley del libro. Deberían aprender a tomar y cerrar carreteras, quemar llantas, apedrear locales públicos y privados para ser escuchados. Sólo así se consiguen las cosas en el Perú. Que conste que fui el primero que lo dijo: Fujimori volverá, de la misma forma que volvió Alan García. Su punta de lanza, abanderado, alabardero, embajador, resultó ser el señor Carlos Raffo (por mera casualidad homónimo de un embajador de AGP) quien -disculpa Jaime- se despachó a su gusto en el programa de Althaus en Canal "N". Una pregunta clave: ¿quién sufraga los gastos de su campaña?, nunca fue hecha. ¡Claro que vuelve Fujimori! Él también destruyó el país, tiene derecho, pues.
|
|||||||||
|
|
||||||||||