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Edición Nº 1731 |
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Por
FERNANDO VIVAS
CUANDO se le agoten todas sus lágrimas y carajos, Laura Bozzo tendrá mucho en qué pensar. Confío -y no voy a ser hipócrita como para ocultar este deseo- que el Poder Judicial le dispense por lo menos una temporada introspectiva. Porque hasta ahora Laura no ha hecho más que correr a la loca por el Poder sin pagar los platos rotos; ha sido puro codazo, zancadilla, dedo, resoplido y ninguna reflexión; puro afán y ninguna convicción. Quizá Laura creía que si se detenía a meditar se le iba la combi. El éxito de "Laura en América" se le fue bregando por el top del ránking; la fama de estar en la cima la malgastó socializando con los Crousillat y con Montesinos; la convalecencia de sus lipos y cirugías la usó para hacer sus cálculos internacionales. La intriga arribista es doblemente fatal: porque acaba mal y porque no la gozas. A la calentura del poder sigue pronto la ansiedad persecutoria. Justo cuando Laura había rejuvenecido gracias a su pelucón de la bailanta y al escalpelo del Dr. Otto Cedrón; justo cuando había cuadrado la fórmula perfecta para producir su show en el Perú y descansar en Miami lejos de la mugre y de la bulla; justo cuando iba a firmar con un atarantado Baruch Ivcher que le iba a proveer el escudo legal que tanto le urgía; zuá, una vocecita que le dice "hasta aquí llegaste". Su fama y el lío que la envuelve son tan grandes que tenemos que sacar lecciones. La No 1 de la TV endosó su influencia sobre los afectos y emociones de millones de espectadores a uno de los poderes más mafiosos que recuerde la historia latina. Y cuando la pescaron se defendió con uñas y garra y con una treta judicial que le permitía emitir su programa mientras estaba en arresto domiciliario. Vamos, esto es algo para contar a los chicos en el colegio y para que se lo memoricen los estudiantes de comunicaciones; es un capítulo obligado para el "TV Babylon" que alguien escribirá imitando al "Hollywood Babylon" de Kenneth Anger (1). El arribismo de Bozzo era tan irracional que no quiso ver las señales de peligro que le hacíamos desde la prensa. No nos respondía y aparecía, cual calavera rumbera, bailando El Rock de la Cárcel (una de sus productoras me contó que era su himno de batalla. Cada que la denunciábamos arrancaba su programa con esos acordes). El rock no tiene la culpa, ella se metió con Montesinos y no llevaba ninguna protección, ningún condón ideológico, ningún escrúpulo o miedo profesional. Era, repito, purito afán y temeridad. La única vez que conversé más de 5 min. con ella fue en el verano de 1998 en Chiclayo, en plena catástrofe de El Niño. Laura inauguraba su oenegé y llegó en la avioneta de José Francisco Crousillat a hacer exhibiciones de "telegogia" ante la prensa. Me aseguró que eran falsos los rumores que decían que quería usar la TV para lanzar una candidatura política. No le discutí porque sabía que no me mentía. Laura -y ése fue su primer suceso- siguió la ruta inversa a la cima: Mientras muchos comunicadores de poca monta pretendían dar el gran salto a la política, ella era una política, de poca monta que daba el salto del tigre a la pantalla. De regidora del municipio del frustrado Ricardo Belmont se convirtió en la señora feudal del mediodía. Su corte de los milagros era mendaz y desdentada pero la empujaba hacia arriba, siempre arriba. Y desde el top esa gente a la que pagaba para que se expanda en su set (ya todo el mundo sabe que los talkshows contratan sus testimonios pero el de Laura ¡pagaba de acuerdo a la habilidad para trompearse y jalarse las mechas!, ¡más pegas, más te pago!) merecía su desprecio aunque jurara y perjurara que todo se lo debía al cariño de la gente. Los Crousillat tienen su propio capítulo en el TV Babilonia; pero James McNmara, mandamás de Telemundo, tiene un rochoso subtítulo en el de Bozzo: "Jim, el gringo se tiró al suelo por Laura". Literalmente lo hizo cuando fue invitado a bailar el alcatraz en el Estudio 4 de Barranco y se mandó un resbalón sobre la L estampada en el piso del set. Desde entonces no ha hecho más que enseñarnos el trasero de su moral y su cultura, el traspatio de la latinidad en USA, la tierra de nadie donde Washington y la FCC (Federal Comission of Communications) no se meten porque razonan, dándole la vuelta al racismo: respetemos a los latinos, dejémoslos que se maten entre ellos. (1) Existe ya un "TV Babylon" (Jeff Rovin, Signet Books, New York, 1987) pero es un superficial recuento norteamericano de triángulos, borracheras, desgracias y broncas estelares más algún escándalo como el del falso ídolo de quizz show Charles Van Doren.
Escribe CARLOS TOVAR (CARLIN)
En la revista del cable marco algunas películas
muy interesantes, la mayoría de las cuales olvido sintonizar en
su momento. Las que llego a pescar completas son muy pocas, y muy rara
vez llego a grabar alguna. Me encanta todo lo que se relaciona con Monty
Python, desde las películas del grupo hasta las que luego han hecho
sus integrantes separadamente, en especial Terry Gilliam. Por supuesto
que me gustan muchas otras: Orson Welles, Kurosawa, Ettore Scola, Hitchcock,
Woody Allen, Scorsese, Coppola, Kubrick, Milos Forman, y más recientemente
los Hermanos Coen, Ang Lee, etc. Una serie de la cual soy fanático
tardío es "Seinfeld", así que trato de no perderme las repeticiones
que pasan ahora en Sony. También veo bastante fútbol. Los
domingos veo con mi hijo los partidos de la U. Me encanta ver el campeonato
argentino, el español y el inglés. La Copa de Campeones
de Europa me parece la máxima expresión del fútbol,
después del Mundial, por supuesto. Otra cosa que veo son los programas
políticos, especialmente el de Hildebrandt, el de Cecilia Valenzuela,
la "Rueda de Prensa" de Canal N, y también un poco de Jaime de
Althaus, Rosa María Palacios y Zenaida Solís. Lo último
que veo el domingo en la noche es el programa de Marco Aurelio Denegri,
pero a veces el sueño me gana la partida. Cosas de América
En la primera quincena de agosto la junta
de acreedores de América deberá reunirse y verificar un
cambio sustancial: el segundo acreedor en importancia, el Banco Wiese,
cedió poco menos del 90% de sus acreencias a Gustavo Mohme quien,
de hecho, entrará a formar parte de la directiva acreedora, junto
a Televisa y un tercero por definir. Pero antes de eso ya estará
listo y en el aire "El Cuarto Poder", el nuevo dominical del 4 que nos
hace falta para no quedar a expensas de "Panorama". El productor Mauricio
Aguirre y la administración que preside Jaime Crosby están
bastante cabezones ultimando detalles de lanzamiento. Aunque la balanza
ya se inclinó por el ex joven turco Carlos Espá, ahí
están los castings que sabemos se le han hecho a Cecilia Blume
(sí, la ex jefa del gabinete de PPK), a Gonzalo Quijandría,
Claudia Cisneros, Mónica Sánchez y, con menos chance, a
Sol Carreño. También sabemos que una misteriosa productora
se acercó al 4 a proponer primero a Guido Lombardi y, luego, a
Jaime de Althaus. Por su lado, Cecilia Valenzuela, también les
hizo saber que estaba interesada. El 4 de agosto veremos dos lanzamientos
periodísticos: el del nuevo "Contrapunto" conducido por Josefina
Townsend y el de este 4to. poder, frase en desuso para denotar la influencia
de la prensa en democracia, pero que será vuelta a la moda. Suerte
a ambos.
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