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Edición Nº 1732 |
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Gonzalo
Busca Tribuna
Los miembros del Tribunal Constitucional votarán sobre un hábeas corpus interpuesto por Guzmán mediante su abogado Manuel Fajardo. Para llegar a esta instancia, ya pasó sin éxito por los canales regulares del Poder Judicial. El líder senderista sostiene que se viola su derecho a la libre expresión y aduce que las autoridades judiciales le impiden defenderse ante recientes artículos periodísticos que lo acusan por seguir dirigiendo el terrorismo desde su cautiverio. Esto es lo que pasa por su cabeza. Escribe ENRIQUE CHAVEZ EL camarada Gonzalo tiene todas las intenciones de pedir micrófono. Wilfredo Pedraza, hasta hace tres semanas Defensor adjunto para asuntos carcelarios y una de las muy pocas personas que ha conversado largamente con él a lo largo de los últimos dos años, lo tiene muy presente. Asimismo, sabe que Guzmán no está resignado a morir encarcelado. "Tiene la esperanza de salir en libertad. En algún momento", dice hoy. Como recién estrenado jefe de la Unidad de Investigaciones Especiales de la Comisión de la Verdad, a este abogado le serán de mucha utilidad sus largas charlas con el cabecilla senderista. Pedraza y su equipo se encargarán de seleccionar, entre los casos investigados por la Comisión, aquellos que puedan llegar a los tribunales con pruebas judiciales contundentes. Pedraza nunca ha dejado de ser muy crítico frente al terrorismo
("hay sectores de la Policía que piensan que porque me reunía
con ellos complotaba") y es el primero en sostener que muchas de las demandas
de los subversivos son ridículas ("uno de mis principales logros
fue ponerlos en contexto"), pero no duda que las circunstancias de los
viejos juicios obligarán a llevar adelante otros nuevos, el de
Guzmán incluido. ¿Quién es el Gonzalo que hoy quiere
dar la cara? ¿Cómo vive, qué piensa el responsable
de miles de muertes? Pedraza se remite a los hechos.
COLILLAS ROJAS Guzmán pasa las noches encerrado en su celda de la Base Naval, un espacio de dos metros por dos ochenta y tres metros de altura. Sólo por la ventanita de la gruesa puerta entra un rayo de luz. Sobre la cama de cemento hay una delgada colchoneta vencida por el uso. Las paredes son del color del concreto y esto contribuye a la inevitable sensación de claustrofobia. Como los demás, el interno ha pasado por fuertes períodos de crisis físicas y anímicas. Hoy, su salud usualmente frágil es estable y cada dos semanas es controlada por un médico. Sus molestias no son nuevas: renguea un poco, las llagas de la soriasis le brotan en los brazos y le duelen las caderas debido a diez años de malas noches. Su celda es contigua a la de Elena Iparraguirre, su pareja. Durante el gobierno de transición se construyeron con material prefabricado "estudios" para los seis presos por terrorismo: Guzmán, Iparraguirre, Peter Cárdenas, Víctor Polay, Oscar Ramírez y Miguel Rincón. Pedraza observa que la relación entre la pareja es distante y
respetuosa. "Se controlan y se cuidan mutuamente", recuerda hoy. Pocas
veces se gastan bromas, pero en una ocasión Guzmán expresó
curiosidad por las cajetillas de cigarrillos Winston que Pedraza traía
consigo. Ya no eran como las de antes. Pedraza le ofreció que eligiera,
la roja o la nueva, azul. -Voy a probar éste -dijo el líder
de SL señalando el paquete azul. Iparraguirre se dirigió
a él con su alias. -Estás mal, Gonzalo. ¿Acaso tú
no eres rojo?
LECTURAS PROFANAS "Abimael Guzmán no es una persona fácil de manejar", advierte Pedraza. "Es muy pausado y reflexivo. Es quien escucha mientras hablan los demás e interviene en las partes finales del diálogo". Su capacidad de definición es decisiva entre el grupo de los seis. Tanto SL como el MRTA están fraccionados dentro de la prisión. Guzmán e Iparraguirre suelen disentir de Ramírez Durand (a) "Feliciano". Polay y Rincón hacen lo propio con Cárdenas. Pedraza -que ha contribuido a resolver más de cuarenta huelgas y motines- tuvo una prueba de resistencia con las personalidades que le tocó enfrentar. Es fácil notar quien le pareció el personaje más complejo. "Guzmán no es ingenuo. Trabajé con él durante tres huelgas de hambre y me pareció un negociador duro". Aunque no se aventura a calificarlo como filósofo, sí atestigua que demuestra una gran voracidad por todo tipo de información. Sus textos de cabecera siguen siendo los clásicos de economía y filosofía, pero un nuevo elemento marca la preferencia de sus lecturas. "Dice que entre 1960 y 1978, cuando preparó su lucha armada, no existía la globalización, que hoy hace inviable un proyecto de esta naturaleza. La perspectiva maoísta, dice Guzmán, ya no funciona como motor ideológico de un proceso revolucionario". Uno de los últimos libros que siguió con entusiasmo fue "La tercera vía", de Alvin Toffler, una obra que además de adaptar el marxismo para analizar la economía mundial, clasifica la revolución informática como sucesora de la agraria e industrial. Además, Guzmán insiste con reconocer su derrota militar. "El discurso que maneja ahora, para mí, es una renuncia casi total a cualquier proyecto violentista", manifiesta Pedraza. Es entonces ilustrativo averiguar cuál fue su reacción
ante el atentado del centro comercial El Polo, ocurrido el 20 de marzo.
La última huelga de hambre había concluido exactamente una
semana antes. Pedraza conversó con él pocos días
después. "No podía garantizar que alguien cercano a su organización
no fuera el responsable, pero dice que atribuirle ese coche-bomba es desconocer
la lógica que lo impulsó en los últimos años.
Su análisis es muy simple: si desde 1992 persigo un proceso político,
si hice una huelga de hambre que me costó 12 kilos, ¿qué
sentido tiene un atentado?" El doble lenguaje que se le atribuye a Sendero,
prosigue Pedraza, es descartado por el líder senderista. "A diferencia
de los guerrilleros colombianos, lo que queda de SL no tiene fuerza para
negociar".
Es un misterio cuán transparentes pueden ser las posturas del hombre que desencadenó un sangriento conflicto como el que asoló al Perú. Pero tampoco hay señales de profundas conversiones o arrepentimientos. Para Pedraza, Guzmán "está convencido de haber jugado un rol importante y se reivindica como un hombre al que la historia reconocerá en su momento". Se refiere constantemente a la "campaña para desprestigiarlo" y por la percepción que se tiene de él echa gran parte de la culpa a Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Parece perder de vista que, prácticamente desde que inició su demencial guerra, es uno de los personajes más odiados del país. Con Guzmán y con los demás, Pedraza pudo establecer una relación de relativa confianza, pero los tratos no fueron siempre tan cordiales. En abril del año pasado, el Defensor adjunto sostuvo una fuerte discusión debido a la confusión que produjo la redacción del acta levantada apenas concluyó la primera huelga de hambre que el abogado debió enfrentar en la Base. Todos, excepto Cárdenas se negaban a modificar el documento en el que se interpretaba que la Defensoría avalaba la condición de presos políticos y prisioneros de guerra de los internos cuando en realidad solamente ocurría que ellos pedían ser considerados así. El ambiente, difícil por la presencia de personas que no consumían alimento hacía semanas, se calentó todavía más. Pedraza se refirió a una traición, lo que irritó a Gonzalo, a tal punto que los dos hombres levantaron la voz. Pedraza subió más su tono. Ofendido, Guzmán no volvió a mencionar palabra hasta el fin del tenso encuentro. Pedraza los emplazó y amenazó con no volver. Temerosos de perder su vínculo más efectivo con las autoridades, el grupo pidió disculpas y accedió a la modificación del acta. En el encuentro siguiente, Iparraguirre alivió el ambiente con chocolates para los asistentes y las melodías de las guitarras de Echecopar. Pedraza se percató muy bien que, en este caso como en otros, el tozudo Guzmán era el silencioso líder de los demás.
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