Edición Nº 1733


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    ARTICULO

    8 de agosto de 2002

    El ATPA
    La Gran Promesa del Norte

    Puerta abierta para los productos andinos. La oportunidad exige, en el caso peruano, un esfuerzo de reactivación en agro e industria.

    Bush puso fin al suspenso, al promover el apoyo del Congreso. Cumplió así su promesa de Lima.

    LA aprobación de la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (ATPA) por Estados Unidos ha sido recibida con entusiasmo por los diversos sectores de la economía, puesto que encierra la posibilidad de volver a exportar a Estados Unidos sin necesidad de pagar aranceles, incorporando, además, nuevos productos, que no figuraban en las preferencias del ATPA anterior, que rigió hasta diciembre último.

    La firma de la ley por el presidente Bush puso fin a meses de expectativa. Al mismo tiempo, abrió un período de alistamiento. El sector textil es el que ha despertado mayores expectativas, debido a los anuncios reiterados del presidente Toledo de que el acuerdo significará más de un millón de empleos, en buena parte en el sector algodonero. La verdad de las cosas es que en todo el campo de lo exportable hace falta un abanico de inversiones, investigación y apoyo gubernamental.

    El cuadro que acompaña estas líneas indica que en algunos pocos rubros ocupamos una buena posición exportadora, pero en otros estamos en últimos lugares.

    Desde 1991, cuando entró en vigencia el ATPA, el Perú sólo supo sacarle el jugo a una veintena de productos de un universo arancelario liberado de 9,000 partidas. El cobre representó un 60% del total de las exportaciones favorecidas por el ATPA, seguido por la joyería, los espárragos, el azúcar, algo de mangos y una rodaja de cebolla. "Ahora se trata de un ATPA ampliado y robustecido", afirma Alfredo Ferrero, viceministro de Integración y Negociaciones Comerciales Internacionales.

    La oportunidad de ingresar al gran mercado norteamericano existe. Ahora el reto consiste en aprovecharlo.

    Una primera y saludable reacción son los anuncios del ministro de Economía, Javier Silva Ruete, de un Plan de Desarrollo Pro Exportador, aunque éste pareciera estar aún verde como el espárrago fresco. Aún así, empieza a ganar consenso en el Ejecutivo la reducción a los aranceles a los insumos importados. "Los liberales dicen que basta con el mercado para desarrollar nuestras potencialidades", declaró Ferrero a CARETAS. "No es así".

    En el rubro espárragos, el Perú tiene el primer lugar en las exportaciones a EE.UU. Pero en calzado ocupa el puesto 63. Eso puede cambiar.

    Samuel Gleiser Katz, del Comité de Comercio Exterior de la Cámara de Comercio de Lima, afirmó que para aprovechar el ATPA primero tenemos que competir con los demás beneficiarios, que son Colombia, Ecuador y Bolivia. En materia textil, Colombia nos lleva amplia ventaja. Hay, sin embargo, productos que, por su calidad, están llamados a mejorar nuestra posición en ese campo. Tal es el caso de la lana de alpaca y de vicuña.

    En este rubro hay que recordar a Felipe Benavides, que durante años se consagró a la defensa de la alpaca y la vicuña. Su idea de restringir la exportación de productos de alpaca a sólo aquellos productos con un grado de elaboración, y de permitir la comercialización de fibra de vicuña (la más fina del mundo) sólo de los animales esquilados en vivo, hoy se agradecen (CARETAS 908).

    Del Altiplano a Ate-Vitarte, el ATPA ha descargado una ráfaga de esperanza. Pero para que los sueños se hagan realidad, hay que poner los pies en la tierra.

    Samuel Gleiser señaló algunos problemas del ramo textil de algodón: escasa productividad de nuestro algodón, debido a carencia de apoyo técnico agronómico. El Perú produce apenas 15 quintales en promedio por hectárea, siendo el óptimo mundial de 28. No es ocioso mencionar que el Perú tuvo los niveles de productividad del algodón entre los más altos del mundo en la década de 1960. Ahora, el bajo rendimiento encarece el producto. La industria importa, por eso, cada vez más algodón extranjero (CARETAS 1732).

    Gleiser refirió que, en textiles, el Perú exporta actualmente US$ 400 millones anuales y que, de lograrse el crecimiento máximo permitido, podríamos exportar a Estados Unidos en el año 2007 hasta US$ 3,120 "siempre y cuando se mantenga la participación existente y Colombia no desplace al Perú". ¿Primeros síntomas de una intoxicación por optimismo? El viceministro Ferrero prefiere ser más cauto: sus proyecciones son de US$ 1,200 millones.

    En el propio sector textil se considera que el debate se está centrando excesivamente en el potencial del sector confecciones, y poco en el resto de rubros. Como la polilla atraída por la luz, no faltan quienes ya reclaman ventajas especiales para ese rubro. Julio Izar de Industrias Nettalco, sin embargo, desestima dichas apreciaciones. "Podemos competir con lo que tenemos", sostiene. "No es necesario seguir perforando el fisco".

    Embajador Carlos Alzamora. Papel decisivo.

    Lo cierto es que, actualmente, Colombia nos lleva amplia ventaja en confecciones: en jeans, vestidos, casacas, pantalones y faldas. Sólo le ganamos en camisas y polos.

    Por lo demás, hay que anotar que los principales abastecedores de Estados Unidos en prendas de vestir son sus socios de la Asociación de Libre comercio de Norteamérica (Canadá y México). Luego vienen los países del Caribe. Los andinos ocupan un modesto 2.7% del total. Sólo una cuarta parte de esta modesta franja corresponde al Perú.

    Se requiere, pues, un esfuerzo muy grande para aprovechar las posibilidades abiertas por el ATPA. Un aporte puede provenir de la activación de la capacidad industrial hoy ociosa, así como de las tierras vueltas ociosas por falta de crédito, de organización de los productores y de apoyo agronómico estatal.

    Buena parte deberá provenir de inversiones nuevas, tanto nacionales como extranjeras. Gleiser recordó que hará falta recurrir a las concesiones, puesto que el Estado no dispone de dinero que se necesita de contrapartida de importantes proyectos que cuentan con el apoyo de agencias de cooperación y gobiernos amigos.

    Es indispensable, por ejemplo, observa Gleiser, que los espárragos de Trujillo y Piura puedan sacar su producción por los puertos de Salaverry o Paita, sin tener que bajar hasta el Callao, con la siguiente demora y los costos adicionales.

    En suma, el ATPA es una puerta abierta para la producción nacional. Pero hay que aumentar y mejorar esa producción. El esfuerzo es de largo aliento, pero valdrá la pena.


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