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Edición Nº 1733 |
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¿Contagio
en Mercosur? Mientras crece el temor de que Brasil declare una moratoria de su deuda externa, Washington socorre a Uruguay pero no a Argentina. Entretanto, el siguiente texto traza un panorama de los problemas que aquejan a esa zona de América
Escribe LUIS NAVAJAS FERIADO bancario, saqueos y motines marcaron en Uruguay el punto más alto del "contagio" de una crisis argentina que aparecía, por su parte, precariamente estabilizada en esta semana. Estos hechos confluyeron con preocupantes desarrollos en Brasil mientras Paraguay parecía avanzar hacia una desestabilización de proporciones. La noción del "contagio" de la crisis argentina, fuertemente combatida por el Fondo Monetario Internacional, parecía estar ganando la partida. Mientras, Argentina, Brasil y Uruguay se aprestaban a recibir el 6 y 7 de agosto -con los dedos cruzados- la visita de Paul O'Neill, Secretario del Tesoro de Estados Unidos. El Secretario es notorio por su falta de cuidado en las declaraciones a la prensa, las cuales han provocado, en más de una ocasión, graves consecuencias a las economías de los países. Y ése había sido ya el caso al preparar su visita. La evolución reciente de los acontecimientos en Uruguay y Brasil ha conducido a algunos a referirse a la existencia de una crisis regional de proporciones similares, si no mayores, a la crisis de la deuda de 1982. Los Presidentes de los países de América del Sur, reunidos en Guayaquil, Ecuador, el 26 y 27 de julio, habían coincidido en señalar la urgencia de confrontar la grave situación a través del fortalecimiento de sus vínculos y de la integración regional. Uruguay tiembla La llamada "Suiza de América", por su sólido sistema bancario
y su capacidad de captación de depósitos de otros países
de la región, debió decretar un feriado bancario el martes
30 de julio. Inicialmente declarado por 24 horas, se extendió luego
hasta el viernes. El mismo 30 se produjeron saqueos iniciales en algunos
sectores de Montevideo y el jueves los disturbios subieron de tono. Arrestos
y vandalismo desconocidos en la historia reciente de Uruguay -cuya población
se precia con razón de su alto nivel de civismo- fueron efecto
de su dependencia de los depósitos bancarios de ciudadanos argentinos,
de la desconfianza provocada por la caída del real en Brasil y
de un malestar social contenido que no encuentra formas de expresión.
El peso uruguayo había saltado de 15 pesos por dólar a 35
para luego volver a rondar los 27. La crisis se llevó en un primer
momento al ministro de Economía. Según The Economist, luego
de la devaluación, la proporción deuda pública/producto
interno bruto ha llegado al 100%.
LA INCOGNITA BRASILEÑA La incertidumbre provocada por la carrera electoral en Brasil, que culminará el 6 de octubre próximo, acentuó la pérdida de valor de la moneda brasileña frente al dólar. Si bien Luiz Inacio "Lula" da Silva sigue siendo el candidato con más intención de voto, las encuestas indicaban que había un empate técnico con Ciro Gómez, candidato que viene cosechando políticamente el descontento que existe y que ha planteado la necesidad de reprogramar la deuda pública. Serra, el candidato del presidente Cardoso, continuó retrocediendo en las encuestas. Ya el 24 de julio se había pasado brevemente la barrera de los tres reales por dólar y la tendencia se acentuó junto con el incremento del "riesgo país" que pasó los 2,000 puntos, junto a Nigeria, para escándalo de personas tan serias como el presidente de Chile, que manifestó, en clara alusión a Brasil, que es difícilmente comprensible que una economía con sólidos fundamentos pueda ser calificada con un riesgo-país tan elevado. La devaluación del real y la indexación de la deuda externa al dólar ha generado una gran presión sobre el valor de esta moneda y ha hecho muy oneroso el servicio de la deuda. No es por ello raro que se hayan incrementado las alusiones a una posible moratoria (default). En Brasil, por tanto, el problema es, en primera instancia, político. Sin embargo, resulta imperioso preguntarse cuáles son los fenómenos sociales que explican esta gran atracción por planteos de izquierda en una sociedad que ha tenido un Presidente considerado por muchos como un verdadero lujo. De fuertes convicciones democráticas y de origen de centro izquierda
-fue uno de los padres de la Teoría de la Dependencia, lectura
obligada en la América Latina de los años '60-, Cardoso
ha venido cumpliendo todos los requerimientos del Consenso de Washington,
si bien ha comenzado a demostrar cada vez más impaciencia por el
comportamiento de la banca de inversión hacia Brasil. La imposibilidad
de imponer democráticamente un candidato que continúe su
obra es un fenómeno elocuente, que no puede pasar inadvertido para
un analista político del nivel del Presidente brasileño.
En este contexto, Brasil recibió la visita de la número dos del FMI, Anne Krueger quien afirmaba que el equipo económico brasileño es muy sólido y con un desempeño excelente: "los resultados los estamos viendo desde hace años". Obviamente, los resultados que ve la población no parecen ser los mismos que los que ve el FMI. Brasil tiene un programa en curso con el Fondo por el cual tiene acceso a 15,000 millones de dólares para evitar el "contagio argentino". Las gestiones tendientes a lograr una ampliación del programa ante la gravedad de la situación eran objeto de versiones contradictorias. El ministro de Economía propuso que los candidatos a la Presidencia asumieran el compromiso de apoyar un nuevo programa con el FMI como forma de asegurar nuevos recursos. Ciro Gómez descartó toda posibilidad y Lula ignoró la propuesta. IRRUMPE EL SECRETARIO DEL TESORO El Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O'Neill, es un multimillonario con ideas claras sobre la economía: menos Estado e impuestos y más mercados es la receta del equipo de George W. Bush. También comparte la idea de no destinar el dinero de los contribuyentes para salvar a gobiernos en problemas y dejar la solución de éstos a los organismos financieros internacionales, especialmente el FMI. El Secretario tiene, además, una franqueza rayana en la falta de tacto para expresar sus puntos de vista. En la posición que ocupa, esta última característica es verdaderamente peligrosa, asunto del cual parece estar recién tomando conciencia. Frente al clamor por ayuda que viene del sur, O'Neill programó una visita relámpago a Brasil, Argentina y Uruguay para el 6 y 7 de agosto. Se cuidó muy bien, sin embargo, de asumir ningún compromiso de proporcionar recursos frescos o gestionar nuevos recursos. Es claro que en la situación imperante en los países que visitará, la mera presencia del Secretario del Tesoro de Estados Unidos genera una inmensa expectativa. Y son grandes los riesgos de incrementar las frustraciones existentes, si sólo se viaja para tomar contacto con la realidad. Los problemas de la gira del Secretario del Tesoro comenzaron, sin embargo,
una semana antes de abandonar su país. Preguntado en una entrevista
de TV por la asistencia a los países sudamericanos en problemas,
O'Neill afirmó que había que asegurarse de que los fondos
de esa asistencia no fueran a parar a bancos suizos. La mención
era tan obvia como innecesaria ... y llena de connotaciones. En Argentina,
Carlos Menem acababa de revelar que poseía una cuenta en Suiza,
después de años de haberlo negado y de no haberla incluido
en su declaración jurada de bienes cuando asumió la Presidencia.
La mención de O'Neill se interpretó en Argentina como un
ataque a Menem y una nueva referencia a un estado de corrupción
generalizado que el grueso de la población rechaza. El 85% de los
encuestados manifestó su acuerdo con O'Neill.
En Brasil, la reacción fue estrictamente opuesta. Las declaraciones enviaron al real a una nueva caída frente al dólar debido a la falta de confianza que revelaban. La embajadora brasileña en Estados Unidos fue convocada a Brasilia y Cardoso no informó sobre planes de recibir al Secretario del Tesoro. En Estados Unidos, el Washington Post dedicó un editorial a las "gaffes" de O'Neill y las críticas le llovieron incluso desde el campo republicano. El propio vocero de Bush corrigió al Secretario aunque manifestó que el Presidente mantenía inalterable su apoyo. Dos días después, el Secretario manifestaba su admiración por Brasil y por la solidez de su economía. LA FUERZA DE LOS HECHOS El descalabro uruguayo provocó una rápida respuesta del FMI, que anunció que se estaba considerando un préstamo de emergencia de US$ 1,500 millones. Mientras los fondos estuvieran disponibles, el propio Tesoro de Estados Unidos realizaría un préstamo puente para ayudar a que los bancos pudiesen abrir el lunes 5 en Uruguay sin peligro de que colapse el sistema financiero. ¿Cambio de política del equipo Bush? Ciertamente no, según sus voceros; se trata de un préstamo por muy corto plazo hasta que el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo puedan reaccionar. También se contempla adelantar el desembolso de fondos ya comprometidos con el FMI. Con el apoyo recibido, los bancos uruguayos operaron normalmente el lunes. En Brasil, O'Neill apoyó calurosamente las conversaciones de ese país con el FMI. Dos preguntas provoca la situación: ¿Por qué la extrema diferencia con Argentina? ¿Hasta qué punto pueden seguirse endeudando países como Brasil y Uruguay sin que se produzca una clara reactivación de sus economías? Hay quienes ven en esto una verdadera "huida hacia adelante". Algo que hace recordar al general uruguayo de la década del '60, después del golpe militar, que afirmaba que "al asumir el poder estábamos al borde del abismo; ahora, hemos dado un paso adelante".
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