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Edición Nº 1733 |
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Instrucciones para Un Encuentro
EL Encuentro creció hasta saturar sus salas originales. El exceso de público que se saluda y abraza en las colas -preámbulo de la zampada- merece consejos para reorientar provechosamente su cinefilia: 1) No se obsesione con ver todas las películas en concurso, donde se arriesga a toparse con bodrios insufribles (y pocas sorpresas) y en su lugar preste atención a las muestras, que tienen un estupendo interés promedio. La italiana, la de "documentales imprescindibles" y la de películas sobre migración e identidad tienen títulos admirables como "Cien pasos", "Bolivia", "L'América", "Promises" o "El último beso", por citar algunos. 2) Probablemente no encuentre allí a ningún astro chollywoodense
ni invitado latino ni a su amiguito(a) culturos(a) que lo trae de un ala,
pero vaya a los CinePlanet que allí disfrutará las películas
con más calma y espacio para estirar las patas que en el CCPUC.
Sería recomendable, por eso mismo, que los organizadores presten
más atención a esas salas desplazando allí a algunos
directores a presentar sus películas.
3) Si usted insiste en ir al CCPUC, tenga o no su entrada, por favor no se siente en la escalera que dificulta la carrera entre la sala Azul y Roja y no haga comentarios en voz muy alta que puede herir algunas susceptibilidades al paso o exponerse a miradas censoras. Si lo que quiere es provocar esas reacciones entonces apunte bien y dispare contra los que hablan bien de la película que usted aborreció. 4) Cuando vote en este único festival en que el premio mayor lo da el sufragio universal y secreto, compare con lo que ha visto antes, module su entusiasmo o su mala leche, y marque su cartilla. Si quiere evitar el riesgo del chauvinismo o las xenofobias y xenofilias específicas no piense en la nacionalidad del filme. El director no se va a enterar nunca. 5) No generalice a tontas y a locas pues está viendo pequeñas muestras nacionales. Que los argentinos y su retórica de la queja y la tortura, que los brasileros y su tropicalismo aggiornado, que los mexicanos y su colorido autoconsciente; son presuntas tendencias que bien las puede destruir la próxima película. Que pasen un buen festival. (Fernando Vivas). Canto Llorado
RECREAR la ausencia. Imaginar la presencia. De un objeto, de una persona. Maneras de explorar pasado y futuro. En el caso de Llantos Elíseos (ediciones El Virrey, 2002) es un diálogo entre un hombre que espera el nacimiento de su hijo. Montalbetti sabe, como Rilke, que la belleza no es más que el comienzo de lo terrible. Por eso el libro no se detiene en la feliz anécdota y realiza una reflexión sobre el lenguaje y la existencia. Esto a medida que las páginas avanzan y el poeta recuerda y dialoga, descubre y describe, observa y comenta. Hay aquí una conciencia de lo dura, honda, basta e impredecible que es la vida. Por eso para entenderla es necesaria una actitud vital que intente diferenciar el ver y el observar, el instinto y la decisión. Entonces, estos ojos observan también el lenguaje, su arbitrariedad para nominar y representar a los objetos. Ese relativismo situado en el germen de todo, provoca el miedo. El miedo, la duda ante el nacimiento de el próximo carnívoro. Pensar en esto inunda el pensamiento del padre y lo persigue durante todos sus actos cotidianos. Entonces se impone una pregunta ¿Todo ello vale la pena o es simplemente inevitable? El tiempo lo dirá, es la respuesta del poeta. Porque a pesar de toda la sapiencia vital que exudan los versos no se erigen como verdad definitiva sino que son los intentos por delimitar un camino que ha sido recorrido y que es tendido nuevamente -a través del lenguaje- con la esperanza de brindarle más luces al hijo en su trayecto. Allí es cuando se enfrentan el lenguaje del hombre y el lenguaje del mundo. Antagónicos y complementarios. Características que atisban una certeza: es imposible lograr un conocimiento definitivo y último, porque la seguridad, el éxito, sólo existe para los estúpidos o los ciegos. Así, estos cantos reafirman que toda obra de arte honesta es sobre todo la urgente elaboración de una mirada sobre la realidad, sobre el mundo: Donde nada fluye que no sea/ el ojo que lo busca/ ver. (J. C. Méndez)
Bailando Bajo la Furia
TODO el vocabulario de la danza se encuentra escrito en el cuerpo humano. Es decisión personal aprender a leerlo y compartirlo. Patrica Alzuarena así lo ha hecho. Ella es una argentina que llegó a Lima para presentar "La furia del silencio" en el último festival de danza del ICPNA. Ahora repone esta obra inspirada en textos del mexicano Octavio Paz y en la desgarrada obra El Grito del pintor alemán Munch donde describe sobre el escenario el desenvolvimiento de los pensamientos e ideas de tres personajes anónimos que comparten un mismo espacio que para efectos de la puesta en escena se representará como un bus. Estos viajeros son observados por un personaje ajeno -mitad persona y mitad ángel- que juega a ser testigo de sus temores, fantasías y sensaciones a lo largo de la travesía. En nuestro país la obra será interpretada por los bailarines del estudio Pata de Cabra. Así, Rosana Peñalosa, Sonia Portugal, Renzo Zavaleta y Patricia Alzuarena (argentina que dirige el espectáculo) serán los encargados de dar vida a esta obra que versa sobre la furia y la incomunicación. Con música de Chico Novarro, Kronos Quartet, Atari, Sheva, Borghetti, Lerner y Mogilevsky, Les Petits Violins. Avisado.
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