Edición Nº 1734


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    ARTICULO

    15 de agosto de 2002

    "Este es el Símbolo de la Reconstrucción de AREQUIPA"
    El alcalde de Arequipa, Juan Manuel Guillén, realiza balance de su gestión y anuncia probable postulación.

    Juan Manuel Guillén, cavila lanzarse a la reelección desde el recién reconstruido campanario.

    EL alcalde de Arequipa, Juan Manuel Guillén, camina entre sillares, trepa a los techos de diferentes casonas y hasta, osadamente, escala el campanario de la catedral. Está supervisando las obras de reconstrucción que inaugura a ritmo frenético los últimos días. Su tiempo es escaso en estas fechas en que las celebraciones de Arequipa copan su agenda con actos públicos y celebraciones. Sin embargo, sus pensamientos están en otra cosa. A pocas horas de cerrarse las inscripciones para las próximas elecciones regionales y municipales aún cavila en si debe presentarse o no a la reelección edil. En esas cuitas lo encontramos.

    -¿A dos meses de los sucesos de junio y de firmada el Acta de Arequipa cuál es su balance de lo sucedido?

    -No sólo Arequipa, sino todo el Perú ha obtenido dos beneficios notables: primero, hemos aprendido que para defender la democracia se debe respetar el Estado de Derecho, las instituciones y la división de poderes, y segundo que las demandas sociales no pueden ser obviadas, deben oírse y respetarse. Además, creo que se está instaurando, de una vez por todas en nuestro país, la cultura del diálogo.

    -¿Qué cree que va a suceder si la Corte Superior falla a favor del gobierno y permite que se privatice Egasa y Egesur?

    -Es factible que se origine una reacción popular de rechazo, pero la población es consciente que ésta es sólo una batalla. Como se sabe, podríamos apelar a dos instancias más: El Tribunal Constitucional y la Corte Interamericana. Por otro lado, aun perdiendo estamos seguros que el gobierno, respetando el espíritu del Acta de Arequipa, abriría los canales para que la población pueda expresar su opinión respecto a este tema mediante una consulta popular.

    -Usted señaló que Egasa no debía privatizarse porque era rentable, bajo esta premisa: ¿privatizará Sedapar, una empresa deficitaria que no brinda un buen servicio a los usuarios y que está bajo su administración?

    -No vamos a privatizar Sedapar, pero estamos evaluando dar en concesión los servicios que no se pueden brindar por falta de recursos.

    -¿Y cómo van a cerrar el déficit de casi cinco millones de soles anuales que se generan?

    -Administrando mejor la empresa. Se ha llegado al acuerdo de no politizar las decisiones económicas y tarifarias. Además, tenemos que implementar un sistema de control que evite las conexiones clandestinas. Se ha calculado que se pierden seis millones de soles anuales debido a este problema.

    -En su presentación al Congreso, el Premier señaló que se pondrá un énfasis especial en descentralizar los recursos...

    -Estamos de acuerdo con ello, pero esperamos que esta modificación del presupuesto no se haga desde Lima. Es decir que no sea el gobierno central el que diga cuánto le corresponde a cada una de las regiones, sino que se establezca un mecanismo preciso para determinar los montos correspondientes. Por otra parte es necesario que se establezca cuáles serán las facultades que tendrán los gobiernos regionales para que incentiven la inversión privada.

    Trabajo en equipo. Los picapedreros son los artífices de la veloz reconstrucción de la catedral.

    -¿Qué problemas afrontará el gobierno regional que se instalará en enero?

    -El desempleo y la recesión. Arequipa ha sido especialmente golpeada por estos flagelos debido a que muchas de nuestras empresas trasladaron sus activos a Lima. Como consecuencia de ello, el desempleo del departamento bordea el 16 %.

    -¿Qué soluciones se han estudiado para revertir esta situación?

    -La única salida es fortalecer las relaciones con la Macrorregión Sur. Debemos establecer una agenda conjunta con Puno, Cusco, Tacna, Moquegua y Madre Dios para impulsar el crecimiento de toda el área. Esto pasa por realizar obras específicas de infraestructura vial, portuaria, aérea, etc., pero también por crear condiciones jurídicas que nos permitan atraer inversiones para la industria y la minería, por ejemplo. Para el caso concreto de Arequipa, la idea es consolidar sus potencialidades como plataforma de servicios.

    -Un Centro Histórico que ha sido seriamente dañado por el terremoto del año pasado. ¿Cómo avanzan las obras de reconstrucción?

    -En un año los resultados son impresionantes. Hace poco hemos acabado con las tareas de reforzamiento de las estructuras y la puesta en valor del puente Grau. El viejo Tambo de Bronce, una estructura colonial ha sido íntegramente rehabilitado con el concurso de los vecinos y con el dinero de la municipalidad. Acabamos de concluir la reconstrucción del local de los ex alumos del Colegio Independencia, que es en realidad un programa piloto que nos va a permitir reparar unas 200 casonas a un precio de 15 mil dólares cada una. Y por último, se han terminado las obras de la Catedral, el símbolo de la destrucción es hoy el símbolo de reconstrucción de Arequipa.

    -Una de sus promesas electorales fue acabar con la contaminación de la ciudad, ¿reconoce que ésta es una deuda pendiente con Arequipa?

    -Nos hemos estrellado contra la constitución de nuestro parque automotor, compuesto por unidades de segundo y tercer uso, pero hemos avanzado mucho. Después de dos años de lucha se consiguió que el BID y la Comunidad Europea financien un estudio para mejorar nuestro esquema vial. La empresa consultora ya fue contratada y está trabajando, en un par de meses tendremos una solución integral a este problema, y luego lo pondremos en práctica.

    -Pero usted está de salida o ¿está pensando postular nuevamente?

    -He descartado completamente candidatear a la presidencia regional, pero a la alcaldía no. En realidad le confieso que he caído en una trampa moral, pues por un lado quiero cumplir mi palabra de no reelegirme y por otro estoy comprometido con un proyecto y con mucha gente que me pide que no abandone la lucha. (Pablo O'Brien).


     

    Sacro Sillar
    Catedral de Arequipa reabre sus puertas.

    Se tallaron tres mil bloques de sillar y trabajaron 192 obreros. La obra costó 2 millones 250 mil soles.

    EN la tarde del 23 de junio del 2001, el terremoto de 6.9 grados de intensidad sobresaltó a don Domingo, el organista de la Catedral de Arequipa quien vio cómo la bóveda de la torre izquierda de la iglesia se venía abajo. Los adoquines de sillar no lo hirieron, mas sí al viejo órgano de fabricación belga de 1,852. La torre derecha no cayó, pero casi parecía que Dios le había esculpido una cinturita de avispa. Esa fue la imagen símbolo de la tragedia que dejó 214,017 damnificados en Arequipa, Moquegua, Tacna y Ayacucho.

    Un año después del desastre, don Domingo sigue trabajando pero en una catedral reconstruida por la Oficina de Proyectos de Reconstrucción y Desarrollo de Arequipa (OPRD), entidad municipal financiada por el BID, CTAR y el gobierno central.

    "Lo más difícil fue restaurar las torres por el complicado andamiaje de madera que tuvo que fabricarse", señala el Ing. Jorge Medina, gerente de la OPRD. La torre derecha ha sido reforzada interiormente con una estructura de acero desde la base hasta la punta y capas de fibra de carbón -elemento 15 veces más fuerte que el acero para resistir otros sismos- se usaron cual faja para envolverla. La torre izquierda fue totalmente reconstruida con columnas de acero y concreto armado. (Aurora Arriola).

     

     

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