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Edición Nº 1735 |
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La Necesidad
Como Virtud
Escribe LUIS NAVAJAS Al cabo de las reuniones, el acuerdo general fue el apoyo al crédito del FMI. Un acuerdo en el que la necesidad fue convertida en virtud. Para el presidente Cardoso, el resultado de las reuniones fue una muestra de madurez de la dirigencia política brasileña y un triunfo político frente a la imposibilidad de imponer a José Serra, el candidato oficialista, para continuar su obra. Anunció que el acuerdo con el FMI no implica realizar nuevas privatizaciones y que se trata de medidas estrictamente financieras. Ciro Gomez manifestó comprender lo "inevitable" del entendimiento con el FMI e indicó que lo lamentaba. Sin embargo, se comprometió, al igual que Lula, a honrar los contratos, controlar la inflación y gobernar con rigor fiscal. Lula no dejó pasar la oportunidad para afirmar que el "actual modelo económico está agotado y es preciso atacar las causas del agotamiento: falta de crecimiento y altos intereses" reiterando su compromiso de cambiar la política económica "desde el primer día." Garotinho calificó al acuerdo con el FMI como "un mal inevitable" que implica un alto grado de condicionamiento para el próximo gobierno. Pero Serra consideró el acuerdo con el Fondo una medida muy positiva ya que estabiliza la situación económica sin implicar nuevas medidas. Y los mercados reaccionaron positivamente: el riesgo país cayó 4.6 % a 1994 puntos y el dólar bajó para ubicarse en 3.10 reales. RAZONES DE PESO Diversas razones explicaban la urgente necesidad de las reuniones. Primero, la inestabilidad en el mercado brasileño generada por la preferencia en las encuestas de Lula (37 %) y Gomez (28 %) que se han opuesto consistentemene a las medidas del FMI y que postulan cambios radicales en la política económica. Esta inestabilidad había comenzado a manifestarse con la pérdida de posibilidades de Serra de acceder a la Presidencia mientras los mercados observaban nerviosos la evolución de la crisis argentina. Si bien resultaba claro que la situación económica de Brasil es diferente de la de Argentina, -excepto en el notable peso de la deuda pública, aunque no en su estructura- la confluencia del "contagio" con la delantera de Lula y Gomez dio pie para que se incrementara el riesgo país a extremos totalmente desproporcionados para la solidez de los fundamentos de la economía del Brasil. No faltaron las observaciones de que se trataba de un ataque especulativo sobre el real. Tampoco faltó quien acentuara los riesgos de la elección de Lula hasta límites caricaturescos: el 15 de agosto, Constatin Mengues -ex asesor de seguridad nacional del gobierno de Reagan- publicó un artículo en el Washington Times en el que consideraba que Lula forma parte del "eje del mal" por ser un "radical pro Castro conectado con el terrorismo internacional." También explican la necesidad de mantener en las reuniones los requerimientos del FMI que necesitaba contar con un compromiso serio de quien será el presidente de Brasil a partir del 1 de enero de 2003 para el normal desembolso escalonado de un crédito de $30 mil millones concedido a Brasil, del cual US$6,000 millones se proporcionarán antes de fin de año y US$ 24,000 millones en 2003. Cabe recordar que este préstamo fue concedido el 7 de agosto pasado cuando se encontraba en la región el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O'Neil, quien se había opuesto inicialmente a cualquier concesión a Argentina, Brasil o Uruguay pero que, por la fuerza de los hechos, acabó apoyando las negociaciones de acuerdos de Uruguay y Brasil con el FMI y el consiguiente acceso a créditos del organismo que ambos países requerían con urgencia. En el caso de Brasil, las condiciones del crédito es que el gobierno se comprometa a mantener un superávit fiscal primario (excluidos los intereses de la deuda) del 3.75 % del PIB en 2003, controlar la inflación y continuar con la reforma del Estado. El FMI no planteó nuevas medidas que pudiesen provocar recesión, como ha sido en otros casos, sino que se limitó a requerir que se mantuvieran las políticas ejecutadas. La necesidad de estabilizar a la novena economía mundial a través del anuncio del préstamo del FMI, sin embargo, no ocurrió de manera automática; la semana estuvo plagada de inestabilidad. Las reuniones del presidente Cardoso con los candidatos buscaron eliminar el decisivo factor político en la situación de inestabilidad. BUSCANDO EL CENTRO La tercera razón que explica las reuniones es la aspiración de Cardoso de finalizar su mandato sin una crisis que lo empañe y de mantener la estabilidad macro-económica que contribuyó decisivamente a construir, primero como ministro de Hacienda y luego como presidente. La cuarta razón responde a las estrategias de los candidatos: ninguno de los que encabezan las preferencias (Lula y Gomez) quiere aparecer como un radical de izquierda sino más bien ubicarse en el centro a fin de evitar confrontaciones con la poderosa derecha brasileña. En el caso de Lula, los esfuerzos por adecuar su imagen han sido fácilmente perceptibles. Los problemas se les plantean cuando tratan de conjugar su prédica de fuerte contenido social para responder al descontento popular existente con los requerimientos de moderación que también emanan del electorado y de los grupos de poder. Estos malabares políticos son especialmente importantes frente a un electorado que está indeciso en un 42 % y, de los decididos, un 35 % anuncia que estaría dispuesto a cambiar su voto. La fluidez de la situación política se refleja, por ejemplo, en las duras declaraciones de sectores progresistas de la sociedad brasileña en contra de Lula y el Partido de los Trabajadores a quienes acusan de haber caído en el juego de la derecha. La quinta razón que explica la necesidad de celebrar las reuniones convocadas por Cardoso es la conciencia de que, en la situación actual de Brasil, una falta de acuerdo político respecto a cuestiones económicas fundamentales terminaría por perjudicar al conjunto de la estructura institucional brasileña, afectando a la sólida estructura del Estado constituida a lo largo de décadas. Queda por ver la forma en que las graves tensiones que afectan a la sociedad brasileña provocarán o resistirán la modificación de esa estructura del Estado. REPROGRAMANDO DEUDA A pesar de haber aplicado Brasil puntualmente las medidas postuladas por el FMI y alcanzado todas las metas propuestas, continúan sin resolver graves problemas de cuya evolución pueden esperarse graves consecuencias si no se encuentran prontas salidas: la desigual distribución del ingreso; una deuda pública que requerirá en el futuro próximo entre US$ 50,000 y 55,000 millones para reprogramaciones y pago de intereses; la baja tasa de crecimiento con su negativa secuela en los ámbitos social y político; así como las graves limitaciones impuestas por las barreras arancelarias de los países más desarrollados. Por cierto que no es sólo Brasil quien está realizando una fuerte apuesta; también el FMI debe demostrar que las condiciones que van atadas a sus préstamos ayudarán a Brasil a superar las dificultades que enfrenta. De no tener éxito en este intento, los clamores por una reforma integral de la "arquitectura financiera internacional" pasarán a la acción. Y el FMI estará en el centro de las presiones por la reforma. Todo esto en el marco de una América del Sur altamente inestable. Por todo ello, es necesario seguir observando con detenimiento la evolución de los acontecimientos.
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