|
Edición Nº 1735 |
|
|||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
Dieta del
Demonio PARA no caer (o haber caído) en tentación se dejaron asar, desollar, arrastrar, atenazar o despedazar. "Los santos mártires -escribe Fray Luis de Granada en su Guía de Pecadores (1504-1588)-, hicieron las cosas más extrañas de todas cuantas hasta hoy están escritas con tal de aplacar los fuegos de la carne atizados por el enemigo". Hablaba de los espeluznantes siete pecados capitales que en realidad, en el principio, fueron ocho. Veamos. Una versión sostiene que el origen de la definición de este rosario de vicios es bíblica y que luego, la Iglesia se encargó de elaborar cada uno de ellos a través de sus doctores, los filósofos escolásticos de la Edad Media, indicando claramente que la gula, pereza, envidia, ira, avaricia, lujuria y soberbia, eran las cabezas y raíces de todos los pecados. Otra (extraída perezosamente de "El vuelo de la reina" de Eloy
Martínez), señala que, el primero en establecer una lista
de vicios fue el anacoreta egipcio Evagrius Ponticus (346-399 d.C.). Este
señor determinó que los esenciales eran ocho. Los anteriormente
nombrados más la vanagloria. Enseguida, un eremita rumano sentenció
la prohibición de los ocho vicios, pero sólo para los monjes.
Fue el papa Gregorio Magno quien extendió la prohibición
a toda la cristiandad, hasta que, finalmente, Tomás de Aquino,
sintetizó los dos últimos, la soberbia y la vanagloria,
en uno solo.
Ahora bien, en estos tiempos, es bien difícil decir cuál de los pecados es el peor. En el Perú, por ejemplo, es imposible pecar de gula o por lo menos no es un vicio colectivo. La lujuria puede ser un mal entendido (hay quienes aseguran que tienta únicamente a los castos) y la pereza confundirse con la meditación. La avaricia es más bien grave, igual que la ira y la envidia. Con la soberbia mucho cuidado: "Nunca permitas -implacables palabras de Santo Tobías- que la soberbia tenga señorío sobre tu pensamiento o sobre tus palabras, porque de ella tomó principio toda nuestra perdición". En el caso de Pecados a la Carta, no hay por qué preocuparse. Mucho menos flagelarse. Nada más hay que ir al restaurante miraflorino "Pescados Capitales", de propiedad de los jóvenes hermanos Víctor y Zue Chang Say sentarse, leer la carta y sucumbir a las tentaciones que prepara el chef Willy Castillo: ahí cada pecado tiene su versión comestible aquí asignados a sendos personajes. La sensación durante el festín podría denominarse gula. Por cierto, también hay una larga lista de pecados ligths. (T.M.N.).
|
|||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||