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Edición Nº 1735 |
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Diplomacia
al Tiro EL viernes 23, en el almuerzo que sostendrá con decenas de empresarios afiliados a la Sociedad de Fomento Fabril -suerte de CONFIEP chilena-, al Presidente Alejandro Toledo quizás le venga a la mente la sonrisa jaranera del alcalde de Lima. La razón: ese día vence el plazo otorgado por el municipio para que Lucchetti abandone definitivamente los Pantanos de Villa. Y aunque la empresa solicitó en las últimas horas una prórroga de seis meses en el vencimiento del plazo, hasta el martes 20 nadie sabía si finalmente se aceptaría o no el pedido. "Lo único definitivo es que tarde o temprano Lucchetti saldrá de los pantanos", dijo un alborozado Alberto Andrade, quien era seguido por sus partidarios. En consecuencia, las preguntas del empresariado chileno, convocado para oír acerca de las ventajas de invertir en el Perú, posiblemente discurran en torno al affaire Lucchetti. ¿Podrá Alejandro Toledo hacer frente a tales cuestionamientos? El jueves 22 el Primer Mandatario inicia una visita de Estado cuya trascendencia no puede ser escamoteada por quienes, en los últimos días y a través de cierta prensa, parecen estar preparando el terreno para declarar que la misma devino improductiva. La agenda de Toledo en Santiago comprende su presentación ante los tres poderes del Estado, entrevistas con el presidente Ricardo Lagos y con los líderes de la Concertación gobernante -como también con figuras de la oposición chilena-. Sin duda, un paso adelante si se recuerda que la visita de Alberto Fujimori, en noviembre de 1999, fue más bien discreta. En estos días, el tema de la delimitación marina entre ambos países ha enturbiado la atmósfera previa. Si bien el diferendo data de algunas décadas (ver nota siguiente) el Canciller Allan Wagner adelantó que ésta no figura en la agenda de la visita. "El tema será tratado, posiblemente, en el diálogo que ambos mandatarios sostengan como parte de lo que Torre Tagle denomina `conversaciones privadas'", aseguró una fuente de la Cancillería. Sin embargo, ya hay quienes, en Lima, exigen solución al impasse. La estrategia opositora parece decir: si el Presidente no obtiene respuesta sobre este asunto, su viaje fue meramente protocolar y decorativo. Pero, en realidad, no es así. Toledo se presentará en una sesión plena del Congreso chileno -es decir, tanto de la Cámara de diputados como la de senadores- el jueves 22 al mediodía. Será la primera vez en la historia que el Legislativo mapocho reciba de esta manera a un Presidente peruano. Como se recuerda, anteriormente Alan García, en las postrimerías
de su gobierno, viajó para la juramentación de Patricio
Aylwin a la Presidencia, en marzo de 1990. Años después,
como anotamos, también lo haría Fujimori.
Pero el gesto para con Toledo es inédito y se inscribe dentro de lo que la diplomacia peruana denomina "Proceso de desarrollo y consolidación de asociación estratégica". Incluso será recibido por la municipalidad de Santiago y declarado Huésped Ilustre por el alcalde Joaquín Lavín. Más allá de estos honores (y previsibles brindis con aguardiente chileno, mal llamado pisco), los temas a tratar son: Revisión del mecanismo de homologación en los gastos de defensa de ambos países. Este es un tema medular: la compra inminente de 10 cazabombarderos F16 por parte del gobierno chileno provocó la propuesta peruana, enunciada por Alejandro Toledo en julio 2001, de limitar los gastos militares en la región. Para ello, ambos países cuentan con la colaboración de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y del Centro Regional de las Naciones Unidas para el Desarme y Desarrollo, instituciones encargadas de asesorar en la elaboración de un mecanismo capaz de facilitar el proceso. Sobre este punto, no faltaron quienes en las últimas horas afirmaron que Chile habría gastado US$ 3,500 millones en armamento. En realidad, la cifra no llega a la tercera parte de lo declarado y es ampliamente conocida por el gobierno peruano. Una raya más en la atigrada epidermis de quienes quieren ver fracasar esta misión. • Otro punto a tratar: un acuerdo sobre seguridad social que permita a los trabajadores chilenos y peruanos transferir, hacia cualquiera de los dos países, sus aportes a los respectivos sistemas de previsión social. Una herramienta esencial en términos de reconocer el derecho a la jubilación de miles de migrantes en ambos países. • Y además, un convenio que intenta frenar el tráfico ilícito de bienes culturales. Adicionalmente, según Torre Tagle, existe la posibilidad de que
Toledo y Lagos alcancen un acuerdo relativo a cooperación en materia
de salud, y otro en el área turística, pero sobre éstos
no hay mayores precisiones.
BUENA AMISTAD, ARDUA VECINDAD Una encuesta realizada por Apoyo en mayo de este año, acerca de los países de la región más admirados por los peruanos, trae una verdadera sorpresa: después de Brasil, Chile es visto como todo un modelo a seguir (ver recuadro). Sin embargo, un sondeo encargado por el gobierno chileno a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) -y realizado en Santiago entre marzo y junio últimos- arrojó, respecto a los migrantes peruanos, que "mientras el 50 % de la población los acepta poco o muy poco, el 40 % restante los rechaza abiertamente" (La Tercera, 1 de agosto del 2002). Como se ve, entre chilenos y peruanos existe, cuando menos, una relación compleja. La colonia peruana es la más numerosa en Chile. Aproximadamente 60,000 compatriotas, mayoritariamente mujeres, viven y trabajan allí. Y su situación legal es materia de arduas conversaciones entre ambas Cancillerías, de forma tal que es probable que el tema también se introduzca en la cita. Programada inicialmente para marzo de este año, la visita del Presidente Toledo fue suspendida por la Cancillería peruana cuando ésta supo que el presidente norteamericano George W. Bush llegaría a Lima por ésas fechas. Sin embargo, la prensa chilena ha recordado en estos días el aparente desaire. Parecería que ésta ha perdido buena parte de la expectativa con la que aguardaba a Toledo y eso, en buena cuenta, se debe a la imagen debilitada -a nivel interno, con los bajos niveles de aprobación de su gobierno- con la que llega el Presidente peruano. Pero no es sólo eso: "Uno de los puntos que más dudas despierta en Chile es la relación comercial de ambos estados. (...) Lo anterior quizás responda a la incertidumbre que ha generado el gobierno de Toledo en el propio sector privado del Perú. Carente de apoyo, su gobierno no ha logrado posicionar una estrategia de privatizaciones a nivel local y, menos aún, de protección a las inversiones extranjeras", editorializó hace unos días -no sin cierto alarmismo- La Tercera. Quizás para revertir esta imagen, el viernes Toledo tiene programado dirigirse en la sede de la CEPAL al cuerpo diplomático acreditado en Chile y a sus principales líderes de opinión para disertar acerca de "Estabilidad económica y gobernabilidad democrática en la región", con especial énfasis en el proceso político peruano. Pese a los cuestionamientos, Alejandro Toledo mantiene ciertos lazos que bien podría explotar en aras del éxito de su visita. No sólo recibió el apoyo del Partido Socialista y el Partido por la Democracia -ambas, fuerzas de peso al interior de la Concertación gobernante- durante su campaña por la Presidencia en el 2001, sino que buena parte de los consultores de su campaña, como el comunicador Juan Forch y el hoy asesor presidencial Esteban Silva, son de nacionalidad chilena. Precisamente Silva, quien ha sido zarandeado es estos días por la prensa dada su potencial cercanía a temas reservados en términos de seguridad e intereses comerciales peruanos, no acompañará a Toledo. Su presencia en Palacio es cuestionada y no se descarta que, finalizado el viaje, comience a correr la cuenta regresiva que dé por terminada su función en el entorno del Jefe de Estado. Toledo, quien viajará junto a su esposa Eliane y varios ministros, así como el titular del CNI Fernando Rospigliosi, tiene por delante una gestión que pondrá a prueba sus dotes de estadista. No faltan quienes temen un desliz ante la prensa chilena que, previsiblemente,
inquirirá sobre temas centrales de la relación bilateral.
Sin embargo, más que la evasión momentánea de la
cada vez más difícil coyuntura local, este viaje pone en
sus manos la responsabilidad de definir el futuro inmediato de una relación
que suele ser compleja con nuestros vecinos del sur. Pronto se descubrirá
qué tanto está a la altura del reto. (Pedro Tenorio).
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