Edición Nº 1735


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    ARTICULO

    22 de agosto de 2002

    Diplomacia al Tiro
    Alejandro Toledo en Chile: dos días a todo trapo en un intento por consolidar relaciones con un vecino que podría erigirse -venciendo ciertos resquemores históricos- en un socio estratégico.

    Presidente Ricardo Lagos: los tres poderes del Estado y las tres armas chilenas rendirán honores al Primer Mandatario peruano desde este jueves 22. Der.:La agenda bilateral no será un protocolar saludo a la bandera.

    EL viernes 23, en el almuerzo que sostendrá con decenas de empresarios afiliados a la Sociedad de Fomento Fabril -suerte de CONFIEP chilena-, al Presidente Alejandro Toledo quizás le venga a la mente la sonrisa jaranera del alcalde de Lima.

    La razón: ese día vence el plazo otorgado por el municipio para que Lucchetti abandone definitivamente los Pantanos de Villa.

    Y aunque la empresa solicitó en las últimas horas una prórroga de seis meses en el vencimiento del plazo, hasta el martes 20 nadie sabía si finalmente se aceptaría o no el pedido.

    "Lo único definitivo es que tarde o temprano Lucchetti saldrá de los pantanos", dijo un alborozado Alberto Andrade, quien era seguido por sus partidarios.

    En consecuencia, las preguntas del empresariado chileno, convocado para oír acerca de las ventajas de invertir en el Perú, posiblemente discurran en torno al affaire Lucchetti. ¿Podrá Alejandro Toledo hacer frente a tales cuestionamientos?

    El jueves 22 el Primer Mandatario inicia una visita de Estado cuya trascendencia no puede ser escamoteada por quienes, en los últimos días y a través de cierta prensa, parecen estar preparando el terreno para declarar que la misma devino improductiva. La agenda de Toledo en Santiago comprende su presentación ante los tres poderes del Estado, entrevistas con el presidente Ricardo Lagos y con los líderes de la Concertación gobernante -como también con figuras de la oposición chilena-. Sin duda, un paso adelante si se recuerda que la visita de Alberto Fujimori, en noviembre de 1999, fue más bien discreta.

    En estos días, el tema de la delimitación marina entre ambos países ha enturbiado la atmósfera previa. Si bien el diferendo data de algunas décadas (ver nota siguiente) el Canciller Allan Wagner adelantó que ésta no figura en la agenda de la visita. "El tema será tratado, posiblemente, en el diálogo que ambos mandatarios sostengan como parte de lo que Torre Tagle denomina `conversaciones privadas'", aseguró una fuente de la Cancillería.

    Sin embargo, ya hay quienes, en Lima, exigen solución al impasse. La estrategia opositora parece decir: si el Presidente no obtiene respuesta sobre este asunto, su viaje fue meramente protocolar y decorativo.

    Pero, en realidad, no es así.

    Toledo se presentará en una sesión plena del Congreso chileno -es decir, tanto de la Cámara de diputados como la de senadores- el jueves 22 al mediodía. Será la primera vez en la historia que el Legislativo mapocho reciba de esta manera a un Presidente peruano.

    Como se recuerda, anteriormente Alan García, en las postrimerías de su gobierno, viajó para la juramentación de Patricio Aylwin a la Presidencia, en marzo de 1990. Años después, como anotamos, también lo haría Fujimori.

    Canciller Allan Wagner y las "papas calientes" -tipo Lucchetti- de un acercamiento tendiente a lograr un mejor intercambio comercial. Al lado: sorpresivo resultado en Lima a favor de Chile.

    Pero el gesto para con Toledo es inédito y se inscribe dentro de lo que la diplomacia peruana denomina "Proceso de desarrollo y consolidación de asociación estratégica". Incluso será recibido por la municipalidad de Santiago y declarado Huésped Ilustre por el alcalde Joaquín Lavín.

    Más allá de estos honores (y previsibles brindis con aguardiente chileno, mal llamado pisco), los temas a tratar son:

    Revisión del mecanismo de homologación en los gastos de defensa de ambos países. Este es un tema medular: la compra inminente de 10 cazabombarderos F16 por parte del gobierno chileno provocó la propuesta peruana, enunciada por Alejandro Toledo en julio 2001, de limitar los gastos militares en la región.

    Para ello, ambos países cuentan con la colaboración de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y del Centro Regional de las Naciones Unidas para el Desarme y Desarrollo, instituciones encargadas de asesorar en la elaboración de un mecanismo capaz de facilitar el proceso.

    Sobre este punto, no faltaron quienes en las últimas horas afirmaron que Chile habría gastado US$ 3,500 millones en armamento. En realidad, la cifra no llega a la tercera parte de lo declarado y es ampliamente conocida por el gobierno peruano. Una raya más en la atigrada epidermis de quienes quieren ver fracasar esta misión.

    • Otro punto a tratar: un acuerdo sobre seguridad social que permita a los trabajadores chilenos y peruanos transferir, hacia cualquiera de los dos países, sus aportes a los respectivos sistemas de previsión social. Una herramienta esencial en términos de reconocer el derecho a la jubilación de miles de migrantes en ambos países.

    • Y además, un convenio que intenta frenar el tráfico ilícito de bienes culturales.

    Adicionalmente, según Torre Tagle, existe la posibilidad de que Toledo y Lagos alcancen un acuerdo relativo a cooperación en materia de salud, y otro en el área turística, pero sobre éstos no hay mayores precisiones.

    Lucchetti será parte del debate. Al lad: Esteban Silva, asesor chileno de Toledo, provoca reclamos y desata temores.

    BUENA AMISTAD, ARDUA VECINDAD

    Una encuesta realizada por Apoyo en mayo de este año, acerca de los países de la región más admirados por los peruanos, trae una verdadera sorpresa: después de Brasil, Chile es visto como todo un modelo a seguir (ver recuadro).

    Sin embargo, un sondeo encargado por el gobierno chileno a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) -y realizado en Santiago entre marzo y junio últimos- arrojó, respecto a los migrantes peruanos, que "mientras el 50 % de la población los acepta poco o muy poco, el 40 % restante los rechaza abiertamente" (La Tercera, 1 de agosto del 2002).

    Como se ve, entre chilenos y peruanos existe, cuando menos, una relación compleja.

    La colonia peruana es la más numerosa en Chile. Aproximadamente 60,000 compatriotas, mayoritariamente mujeres, viven y trabajan allí. Y su situación legal es materia de arduas conversaciones entre ambas Cancillerías, de forma tal que es probable que el tema también se introduzca en la cita.

    Programada inicialmente para marzo de este año, la visita del Presidente Toledo fue suspendida por la Cancillería peruana cuando ésta supo que el presidente norteamericano George W. Bush llegaría a Lima por ésas fechas. Sin embargo, la prensa chilena ha recordado en estos días el aparente desaire.

    Parecería que ésta ha perdido buena parte de la expectativa con la que aguardaba a Toledo y eso, en buena cuenta, se debe a la imagen debilitada -a nivel interno, con los bajos niveles de aprobación de su gobierno- con la que llega el Presidente peruano. Pero no es sólo eso:

    "Uno de los puntos que más dudas despierta en Chile es la relación comercial de ambos estados. (...) Lo anterior quizás responda a la incertidumbre que ha generado el gobierno de Toledo en el propio sector privado del Perú. Carente de apoyo, su gobierno no ha logrado posicionar una estrategia de privatizaciones a nivel local y, menos aún, de protección a las inversiones extranjeras", editorializó hace unos días -no sin cierto alarmismo- La Tercera.

    Quizás para revertir esta imagen, el viernes Toledo tiene programado dirigirse en la sede de la CEPAL al cuerpo diplomático acreditado en Chile y a sus principales líderes de opinión para disertar acerca de "Estabilidad económica y gobernabilidad democrática en la región", con especial énfasis en el proceso político peruano.

    Pese a los cuestionamientos, Alejandro Toledo mantiene ciertos lazos que bien podría explotar en aras del éxito de su visita. No sólo recibió el apoyo del Partido Socialista y el Partido por la Democracia -ambas, fuerzas de peso al interior de la Concertación gobernante- durante su campaña por la Presidencia en el 2001, sino que buena parte de los consultores de su campaña, como el comunicador Juan Forch y el hoy asesor presidencial Esteban Silva, son de nacionalidad chilena.

    Precisamente Silva, quien ha sido zarandeado es estos días por la prensa dada su potencial cercanía a temas reservados en términos de seguridad e intereses comerciales peruanos, no acompañará a Toledo. Su presencia en Palacio es cuestionada y no se descarta que, finalizado el viaje, comience a correr la cuenta regresiva que dé por terminada su función en el entorno del Jefe de Estado.

    Toledo, quien viajará junto a su esposa Eliane y varios ministros, así como el titular del CNI Fernando Rospigliosi, tiene por delante una gestión que pondrá a prueba sus dotes de estadista.

    No faltan quienes temen un desliz ante la prensa chilena que, previsiblemente, inquirirá sobre temas centrales de la relación bilateral. Sin embargo, más que la evasión momentánea de la cada vez más difícil coyuntura local, este viaje pone en sus manos la responsabilidad de definir el futuro inmediato de una relación que suele ser compleja con nuestros vecinos del sur. Pronto se descubrirá qué tanto está a la altura del reto. (Pedro Tenorio).




    Apuntes Sobre Chile Hoy
    Una mirada a su veleidosa clase política.

    Escribe JOSE RODRIGUEZ ELIZONDO

     

    Senadores Guido Gilardi y Sergio Bitar (PPD), durante la 1ra. vuelta de Toledo en abril 2001.

    LA economía de mercado ha influido notablemente en los políticos chilenos: saben marquetearse, las campañas son literalmente de imagen y el elector tiene que votar por su sonrisa o eventual guapura.

    Esto indica cierto desapego por las ideas y, fundamentalmente, por las de política exterior. Así se vio en la última elección presidencial en el Perú. Obviando la importancia de la política con un vecino como el Perú, los partidos de la coalición gobernante apostaron a distintos candidatos. El Partido Socialista y el PPD fueron a apoyar a Alejandro Toledo, mientras que el Partido Demócrata Cristiano a Lourdes Flores.

    Y el minimizado Partido Radical Socialdemócrata (5 % aprox.de los votos en la última elección después de ser tres veces gobierno) fue a apoyar a Alan García Pérez. Dicen que esto indignó a AGP.

    Los socialistas chilenos siempre fueron considerados por los apristas peruanos como los apristas del sur, hasta lo que Haya consideró ¨la traición de Allende¨ con su admiración por Fidel Castro. Por tanto, dicen que Alan no ha perdonado este apoyo, y poco podía compensarlo el del Partido Radical con su escaso peso en la Concertación. Por último, el enviado radical, el recientemente fallecido Anselmo Sule, tenía bastantes motivos de gratitud respecto a Alan. Este le dispensó una buena amistad durante su gobierno y Sule, en Lima, en vez de irse a alojar a un hotel, era invitado a alojarse en Palacio.

    A mi juicio, el distanciamiento de Alan es comprensible y la perplejidad de los analistas peruanos justificada. Ningún partido de la coalición debió ir a expresar distintos apoyos, de manera pública. Las siempre delicadas relaciones con el Perú se deben manejar sólo desde La Moneda y Cancillería.

    A toro pasado, el panorama chileno mostró una abierta y clara sintonía entre Lagos y Toledo. Y esto lo sé personalmente por habérselo escuchado a Toledo en Palacio, la penúltima vez que estuve en Lima (septiembre, 2001). Lo fui a entrevistar con motivo de un libro que estoy escribiendo y él me expresó su amistad por el presidente chileno y su afán por establecer mejores relaciones a partir de una disminución de los gastos militares.

    Todo esto debe ser pasado por el tamiz de las malas informaciones recientes que llegan desde el Perú sobre Toledo. Posiblemente el mandatario peruano no esté muy consciente del gran espacio que se ha dedicado en Chile a problemas que afectan su imagen. Informaciones que proceden de Lima, entre ellas el sueldo que se fijó, la relación laboral de su esposa con el Banco Wiese, cierto nepotismo en los nombramientos y ciertas debilidades de su política privatizadora que revelan un déficit de trabajo político previo.

    Esto significa que recién ahora los partidos de la Concertación están comprendiendo por qué no deben hacer apuestas dispersas en elecciones vecinas. Todos se han percatado ahora de que el "cadáver García" gozaba de excelente salud y que el pequeño Partido Radical tuvo más olfato que los grandotes de la Coalición. Por tanto, lo que ahora sería de esperar es que se vea a Toledo no ya como un líder individual sino como el líder de una concertación peruana emergente capaz de afirmar la democracia en una primera instancia y de contribuir a una mejor relación con Chile en definitiva.

    No podemos olvidar que recién después de 30 años de dictaduras, sea en Chile sea en Perú, vienen a coexistir dos gobiernos democráticos pasando por el excelente intermedio de Valentín Paniagua.

    Este es un dato que los políticos chilenos y peruanos no terminan de computar.

     


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