Edición Nº 1735


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    22 de agosto de 2002
    Por AUGUSTO ELMORE

    NO se si es bueno o es malo, pero vistas las encuestas me doy cuenta de que formo parte de la minoría, es decir que estoy entre aquellos que conforman el 16 % que están, aún ahora, por Toledo. Será quizá por contreras, porque me doy cuenta de que el gobierno, desde que asumió el poder, ha hecho todo lo posible para disuadir a quienes votaron por él. Errores iniciales, como aquel sueldo de $ 18,000.00 que parecía estar a punto de cobrar el Presidente, que a todo el mundo, y a mí también, le pareció exagerado en demasía. Y luego todos los demás, uno tras otro, como si tuvieran el don divino del desacierto, hasta el asunto de Eliane Karp funcionaria contratada por el Wiese Sudameris, lo que le ha merecido al gobierno una inmediata rebaja de seis puntos en el aprecio popular. Es que parece que creyeran que viven en el gobierno anterior, en el que todo se cometía y no había nadie que chistara, ni se enterara, o si se enteraba no pasaba nada, porque para eso tenían a Montesinos, sus jueces y periodistas paniaguados. Pero hoy, Cholo, vivimos en una democracia y en una democracia todo se sabe, así es que hay que evitar equivocarse, meter la pata y, más aún, meter la mano. Máxime cuando los amigos de Fujimori están vivitos y coleando y dispuestos a pescar en río revuelto. No vaya a ser que uno de estos días el nivel de aprobación se parezca a las reservas monetarias de tiempos de Alan García, que eran negativas. ¿Nivel de aprobación?: ¡Menos 10 %!

    Con qué malvada, perversa satisfacción me entero por los diarios de los problemas de otros países, similares a los nuestros: Disturbios estudiantiles y huelga de transportes ¡en Chile!, buscadores de basura y atracos en Buenos Aires, inundaciones en toda Europa, etc. Será porque compruebo que gracias a Dios no somos únicos. No todo lo malo nos sucede sólo a nosotros. No somos ni siquiera dueños autónomos de los problemas, como creíamos.

    La notoria devaluación moral de las municipalidades y de la función que cumplen o deberían cumplir, está retratada de cuerpo entero en el receptáculo regordete de la vedette, por no llamarla bataclana -adjetivo que le pega más-, Susy Díaz, quien hizo uno de los papeles más desdorosos posibles en el Parlamento anterior. Digo eso porque ha tenido el cuajo de lanzarse, con la desfachatez, monumental desvergüenza e incoherencia, que la caracterizan, como candidata a la alcaldía de Ate-Vitarte, distrito que no merece eso. Si sale elegida, sus vecinos no tendrán de qué quejarse luego.

    Estamos acostumbrados a leer avisos de grandes negocios de mercados y centros comerciales, Wong por ejemplo, cuyos precios se expresan en dólares, como si viviéramos en Miami, cuando aquí en el Perú si no un gobierno por lo menos tenemos una moneda estable desde hace bastantes años. El colmo de ello es cuando un importante diario nacional, en un artículo dedicado a criticar el uso de apelativos en inglés, afirma que el costo de construir un rompemuelles es aproximadamente, dice, de 35 dólares por metro lineal. No sé de donde habrán sacado esa conclusión tan antojadiza: ¿acaso el cemento, la arena, la mano de obra se cotizan en dólares? Es hora que hablemos en soles y dejemos de sentirnos gringos. Por lo menos antes de irnos todos a Miami.

    A mucha gente probablemente le haya llamado la atención que en su momento no dedicara mayor, o casi ningún espacio, al caso Eliane Karp-Banco Wiese Sudameris, alrededor del cual se gastó tanta tinta. Debo decir, para que no quepa duda, de que me pareció algo deplorable, en todo sentido, que una persona de la inteligencia de la señora Karp no haya sido capaz de discernir el conflicto de intereses que aparentemente su contratación involucraba. Pero el linchamiento que se hizo me inhibió de participar en él. Y escuchar a las brujas de Salem, es decir a las últimas y viejas geishas de Fujimori, hacer acusaciones al respecto me produjo náuseas.

    Mucha pena me dio leer el comentario de mi amigo y hasta ahorita nomás admirado y exitoso ex alcalde de Villa El Salvador, Michel Azcueta, diciendo que considera que esa obra extraordinaria que es la nueva Vía Expresa de Javier Prado, es una vía expresa hecha para los ricos mientras a los pobres sólo se les hace losas deportivas. Demagogia igual hace tiempo que no se oía. ¿Es que Azcueta habrá sumado cuántos ricos pasan diariamente por la nueva Vía Expresa? ¿Los ricos van en uno de los micros que abundan en esa vía? ¡Así no, Michel, yo que te respetaba tanto te lo digo!

    Colombia me ha parecido siempre un país admirable, que ha sabido soportar más de 40 años de violencia y pese a eso seguir siendo un gran país. Por eso, quiero dedicarle al menos unas pocas líneas de admiración al coraje de su nuevo presidente Alvaro (Cara-e-niño) Uribe, quien parece decidido a enfrentar definitivamente a la guerrilla de las FARC, que tanto daño le hacen a su país y que tan vilmente embaucaron la candorosidad y buena fe de Andrés Pastrana. ¡Aplauso preocupado por Uribe!

    ¿Cómo defender al gobierno peruano de sus propios y continuos errores? ¿Cómo defenderlo de su propio partido? Eso es lo que nos preguntamos todos los que votamos por Toledo.

    ¡Qué vivo Alan García! Eligió a un candidato no aprista para Lima, idóneo para sus planes, al punto que lo dejó colgado apenas se dio cuenta de que ni siquiera se le sumaban los votos del partido. Todo parece una estrategia de ajedrecista fallido, porque ahora quiere plegarse a Andrade. ¡Qué vivo! Después dirá que Andrade se la debe.

    Los transportistas limeños es decir esos que generan todos los problemas de tránsito de esta ciudad, además de los múltiples accidentes que originan y protagonizan todos los días, con muertos, heridos y contusos, han obtenido del gobierno, a cambio de suspender la huelga que tenían anunciada, la postergación de la aplicación del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT). Eso se llama chantaje, y es un grave error del gobierno -uno más- ceder ante él. Parece, pues, que ya se ha hecho costumbre eso de amenazar o hacer disturbios para obtener algo. Los únicos que no pueden hacerlo son los que piden la Ley del Libro. ¡Pobrecitos! ¿Con qué van a amenazar: con quemar libros?


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