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Edición Nº 1735 |
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Por
FERNANDO VIVAS
EN el canal de los peruanos hay que andarse con cuidado. La sintonía es escasa pero exigente, el negocio es abierto como en la TV grande pero todo se firma y se revisa: un pago generoso porque al gerente le dio la gana se llama defraudación al Estado, un pequeño juego contable se llama malversación de fondos, la dulce mermelada es una falta administrativa y, si hurgamos más, es un delito que se castiga. Eso es lo que espera al exgerente Javier Rachitoff Carranza si la contraloría encuentra dolo en el contrato de compra de los enlatados "La familia Ingalls" (con Ultraman de yapa) que planteó en noviembre del 2001 con la empresa Unitar representada por el chileno Marcos Assadi (el mismo que se hizo cargo de Canal 4 cuando fugaron los Crousillat y pillamos aquí en visita palaciega durante la campaña del 2001). El presidente de directorio de entonces, Carlos Urrutia, rehizo el contrato cuando sus asesores Soledad Mujica y José Watanabe maliciaron que Rachitoff aceptara pagar 800 dólares por capítulo de la anacrónica gansada de Michael Landon que le había costado exactamente la mitad a Canal 5 unas temporadas atrás. Urrutia debió anular el contrato que olía a podrido, pero en lugar de eso lo renegoció a precios razonables. Pecó de negligente pero dudo que se le pueda achacar una falta seria. En cambio, Rachitoff, ejecutivo de TV con varios canales en su haber, no tiene atenuantes. Las postrimerías del fujimorismo lo agarraron enredado en el ATV del mexicano Angel González donde Julito Vera Abad negociaba con Montesinos. Pero justo cuando el fin de la cleptocracia se aproximaba, ¡qué sentido de la oportunidad!, pasó al Canal 11 donde Domingo Palermo soplaba a favor de la oposición. Rachitoff, junto a su amigo de correrías Jean Pierre Dewerpe, conoció allí a Alejandro Toledo y se enroló entusiastamente en su campaña del 2000. Las elecciones del 2001 cogieron a Rachitoff de nuevo en ATV donde gestionó un trato favorable a Toledo mientras se le ofrecía como una suerte de Borobio reciclado asegurándole contactos con los dueños de canales. Aquí reportamos -y no fuimos desmentidos- su gestión en el acercamiento de Toledo a González y más tarde a Federico Anchorena. Aquella fue una nefasta charla para Toledo pues Anchorena la reveló y la utilizó para conjurar la amenaza del retiro de licencias. A pesar del fiasco, Toledo confiaba en Rachitoff. Es más, se lo había impuesto al despistado Urrutia cuando asumió la presidencia del 7. Una vez allí éste enervó la lucha de los bandos cultural y comercial, y olió las posibilidades financieras de la compra de material enlatado, caso sui generis en la administración pública en el que por ser muy variados los productos y los proveedores no se puede exigir un concurso. Irónicamente, fue por una sobrevaloración en compras de enlatados para un canal estatal que el actual jefe de Rachitoff Angel González pasó una temporada preso en México, a mitad de los '80, en uno de los episodios más singulares de la historia de la TV latinoamericana. El actual presidente del 7, Eduardo Bruce, se niega a pagar a Assadi el saldo del lote de Ingalls y dibujos que se airean en su bloque de las tardes, hasta que una auditoría revise las cifras al revés y al derecho. El contralor Genaro Matute ya tomó cartas en el asunto y el ministerio público espera el informe de contraloría, así que más le vale a Rachitoff, nuevamente en el 9, cortarse las uñas largas y colaborar con las investigaciones, y al presidente Toledo marcar sus distancias frente a su amiguete mediático. Urrutia ha de estar tan atribulado con sus tensiones como vocero del presidente, sus broncas con Eliane Karp y para remate este chupo del 7, que quizá hubiera confirmado el ascendiente palaciego de Rachitoff si Carlos Espá se lo mencionaba cuando lo tuvo en el set de "Cuarto poder". En fin, el 7 no tiene que alterar su rutina por este episodio de marras. Sus 28 programas, con distinta suerte, creatividad y rating que va desde rochosos decimales hasta los 6 o 7 puntos de su noticiero "Confirmado", merecen los 24 millones de soles anuales que a duras penas recibe del Estado y los escasos 6 que consigue de inversión publicitaria. Ojalá que el gobierno no descontinúe sino que estimule este esfuerzo... y no la embarren imponiendo a un trasnochado Ricardo Belmont.
Escribe CHRISTIAN HUDTWALCKER
"Nuestra televisión es de primera calidad".
Es entretenida, educativa e informativa, sobre todo esto último.
No podía ser de otra manera tratándose de una sociedad honesta
y abierta como la nuestra, que ve su imagen "pomposamente" reflejada en
tan "variopinta" programación. No existe, ni existirá programa
que esté en el aire sin televidentes que lo sigan. Durante los
últimos años se utilizaron -con éxito- distintos
medios para subinformar a la población. De un lado las tretas de
Fujimori y Montesinos, junto a algunos broadcasters en "ganga", y del
otro lado, los "ingenuos" y "vejados" televidentes (me incluyo). Me parece
bien aprender de los errores y querer cambiar o regular un medio de comunicación
tan poderoso como la televisión. Sin embargo, de no darse un cambio
también en nosotros puede ocurrir que la situación en este
medio, efectivamente, no vuelva a ser como antes, sino peor. ¡Sufre
peruano sufre! El cable siempre será una buena opción -y
con Canal N lo es más-. Para enterarme de lo que pasa en el mundo
me gusta ver la Deutsche Welle y la BBC que tiene éste último,
un programa de entrevistas muy bueno, Hard Talk. Otras opciones como Discovery,
Film & Arts, documentales, música, bibliografías, fútbol
con goles, Mundo Olé, CMC, etc... son continuas víctimas
de mi inclemente "zapeo". Para ver películas prefiero el cine.
Ojalá cada vez más gente tenga acceso al cable; sólo
así el televidente podrá comparar, analizar, y exigir calidad
en la televisión peruana. Cuarto Contrapunto
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