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Edición Nº 1737 |
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Lo Que
Se Llevaron a la Tumba
EL domingo 1 de setiembre, siendo aproximadamente las 4:50 de la tarde, el general del Ejército (r) Oscar Villanueva Vidal decidió terminar con los cinco procesos judiciales que tenía encima pegándose un tiro en la boca. Dos días antes conversó telefónicamente por última vez con su abogado Hernán De La Fuente. Aunque sus ánimos no eran los mejores, nada hacía presagiar su decisión. -Dime, Hernancito. ¿Qué pasa? -le preguntó entonces a su defensor. -Bueno, te llamaba por que ha llegado una notificación para que te presentes en el juzgado el 9 de setiembre próximo. Tienes que estar a las 11 de la mañana en el Cuarto Juzgado Anticorrupción. Ya nos ponemos de acuerdo. -Ya pues, nos vemos. La angustia que consumió a Villanueva lo convirtió en el segundo hombre vinculado al megaproceso de corrupción que decide quitarse la vida antes que afrontar las consecuencias penales de sus delitos. El primer suicida fue el coronel E.P. Francisco Núñez Vargas, ligado a temas de compras irregulares y favorecimiento a empresas proveedoras de armamento bélico para el Estado. Núñez disparó contra su cabeza el 23 de julio pasado. Se encontraba en su domicilio de la Villa Militar cercana al Pentagonito y tenía en frente a su familia. A diferencia de Villanueva, este oficial se encontraba en actividad y recién ofrecía sus primeras instructivas. En su desarrollo no deseaba comprometerse él mismo ni presuntamente a sus antiguos amigos de negocios. Mucho menos ganarse enemigos mortales. Al cierre de esta edición, corrió el rumor que el general
Walter Jave Huangal, quien cumple arresto domiciliario en la urbanización
Maranga, había tomado la misma decisión. Esto se descartó
con el paso de las horas.
EL GENERAL QUE SABE DEMASIADO Carmelo Villanueva, hermano del tesorero de Vladimiro Montesinos y el ex Comandante General de las FF.AA., Nicolás Hermoza, comentó a la Policía que horas antes de la tragedia, el general se sentía deprimido por lo que definió como "razones climáticas". Otras fuentes explicaron que ese domingo el Servicio de Intendencia -al que pertenecía hasta inicios del 2001- celebró su 70 aniversario. Villanueva acostumbraba participar de los eventos deportivos y las fiestas que se organizaban en el Círculo Militar. Su condición de preso domiciliario le impedía asistir. La debacle se aceleró con su situación familiar. Estaba separado de su esposa y por esta razón, para cumplir con su arresto, debió variar su domicilio al de su hermano. A pesar del innegable drama humano, éste era un personaje gravitante en la corrupción de los últimos años del fujimorato. Entre 1996 y 1998 jefaturó la Oficina General de Administración -OGA- del Ministerio del Interior y en los años posteriores se desempeñó como Jefe de Economía del Ejército. Villanueva era el de los manejos económicos, las licitaciones en temas de armamento y equipos bélicos durante el gobierno de Fujimori. Si hay que separar la mafia del trigo (CARETAS 1736), el general pertenecía al primer grupo. En octubre del año pasado, la jueza Victoria Sánchez lo incluyó, con mandato de detención, en el expediente 27-01 presuntamente por favorecer -como jefe de la OGA- a la constructora Corporación Oeste, de propiedad de Alberto Venero, en la adjudicación de dos subprefecturas castrenses: una en Palca, Tacna, cuya inversión fue de S/ 148,305.08 y otra en Bolívar, La Libertad, por S/ 161,016.90. El caso estaba listo para el informe final del fiscal. Su muerte dejó truncos procesos esclarecedores en los despachos del Interior y Defensa En ambos ministerios la corrupción se movió campante y los archivos fueron posteriormente barridos.
Cuando Villanueva se puso a disposición de la justicia, en junio de este año, la medida le fue variada casi inmediatamente por arresto domiciliario. La gran cantidad de información que tenía en su poder lo convirtió en uno de los colaboradores eficaces más relevantes. Sin embargo, se asegura que ya afrontaba dos casos adicionales: el expediente 16-02 abierto en el Sexto Juzgado Anticorrupción por la compra ilegal de armamento bélico, donde había declarado que sólo recibía órdenes del Comandante General del Ejército, José Villanueva Ruesta, y el del Cuarto Juzgado, por cargos similares. Su situación, asegura su abogado, mejoraba con la Colaboración Eficaz. "Incluso me había sugerido que compre unas grabadoras, para agilizar los análisis de expedientes", cuenta De La Fuente. Pero su situación penal parecía agravarse. CARETAS supo que se comenzaron a tramitar dos nuevos procesos: por ocultamiento de información el primero y por peculado y colusión desleal el otro. En este último, Villanueva sólo llegó a hacer sus generales de ley. En este contexto, haber comprado un collar para Laura Bozzo por encargo de Montesinos sería apenas un pie de página. Como se desprende de las dos misivas dejadas a su esposa y hermano, lo que le preocupaba últimamente es que estos seres queridos se vieran involucrados aún más de lo que, en efecto, ya estaban. Sus cuñados Víctor y Bertha Díaz Méndez, recibieron, según fuentes del Ministerio Público, más de dos millones de dólares a través de cuentas bancarias ligadas a vendedores de armamentos. En un intento por demostrar su voluntad de colaborar, el general Villanueva hizo llegar al expediente de peculado, 15 días antes de su muerte, el número de cuenta 0011-0195-58-0200425385 del Banco Continental, donde el Ejército le depositaba mensualmente su pensión de S/ 5,000. La cuenta no llegó a tener más de S/ 36,981. Al parecer, su condición de colaborador no lo iba a librar de la cárcel, posibilidad que le aterraba. De hecho, ese fin de semana ya trascendía que Matilde Pinchi Pinchi, la colaboradora eficaz estrella, podía terminar en la cárcel, por una defraudación tributaria que asciende a la bicoca de 47 millones de soles. Para Villanueva, atrás quedaron las frases que escribió en su anuario de promoción militar. Allí decía haber escogido el Servicio de Intendencia y las áreas administrativas porque soñaba ser un buen Ministro de Hacienda. La pesadilla se la llevó a la tumba.
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