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Edición Nº 1737 |
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Por
FERNANDO VIVAS
¡Si mi sotana fuera de hierro el campanazo que daría! decía un achorado Monseñor Durand en versión de Carlos Alvarez. Ahora el sacerdote está jubilado y el cómico deprimido, pero el Cardenal Juan Luis Cipriani ha hecho suyo el numerito con divinos resultados. Hay quienes sólo ven humo en medio del sainete de sotanas, citaciones y arrestos domiciliarios. Humo del gobierno para que el Cardenal protagonice los titulares que debieran ir para la pareja presidencial después de Punta Sal, para las primeras angustias del gabinete de crisis, los secretos del Wiese, las protestas que siempre aguardan. Humo atizado por el propio Alan García que se hinca ante Cipriani para que siga campaneando y olvidemos que también el APRA va a las elecciones regionales con sus caudillos populistas, que aún no encuentra su genio económico, que no han avanzado gran cosa desde la última campaña. Paniagua no hace humo; hace el muertito y se alía con Alberto Andrade que prefiere que nada se mueva hasta su triunfo cantado. Lourdes Flores se traga el humo y sale en defensa de su aliado político con más garra y peores resultados que los del propio Rafael Rey. Humo del mismísimo Cipriani, por supuesto, que repudia a Montesinos como fuente y mina la credibilidad de un Poder Judicial que podría volver a citarlo de testigo si se reúnen nuevos indicios que lo muestren haciéndose la vista gorda ante los excesos de la mafia. Ningún delito pero sí pecados de omisión. También se cuenta que la Comisión de la Verdad tendría indicios que comprometerían a Cipriani con abusos de la autoridad militar cuando era obispo de Ayacucho y se refería a la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos como "una cojudez". Ahí se ganó, entre otros, el cariño malo del militante de oenegé y hoy procurador Ronald Gamarra que lo ha agarrado de punto. El Cardenal se juega su temporada decisiva y ha apostado como los grandes, hasta previendo las torpezas de sus enemigos. El Opus Dei le ha conseguido el firme apoyo del Vaticano. El Perú es la única plaza donde la Obra tiene un cardenal y casi un 25% de los obispos. Si se les deja consolidar aquí podrían dejar de molestar al Papá una vez que este canonice a Escrivá de Balaguer el 6 de octubre. Por eso en la visita anual de los obispos a Roma en junio pasado, trascendió que el Papa les pidió votar por Cipriani para que presida la Conferencia Episcopal peruana que se reunirá en enero del 2002. Para entonces su actual líder, el jesuita Luis Bambarén, habrá cumplido 75 años y pasado a retiro. Si Cipriani es elegido presidente, reinaría a sus anchas en esta pequeña parroquia de Dios... a menos que el pueblo católico se convierta en evangélico, budista o majai. Ese sería el castigo divino para una Iglesia amodorrada que ha hecho poco por renovar liturgia y discurso y rasgar los velos de su hipocresía mediática. De todos modos, la mayoría de fieles aún prefiere esa nebulosa pacífica a la expansión de los numerarios ultraconservadores. El sainete le va saliendo de perilla al Cardenal gracias a los autogoles de sus rivales, pero si tiene un giro imprevisto, si da un campanazo equivocado, entonces podría perder soga, cabra y rebaño entero. En realidad no hay humo por ningún lado, sólo noticias auténticas. Otras cosa es que se conviertan en "estrategias de oportunidad", frase que usó el ex asesor de Montesinos Sigisfredo Luza entrevistado en CARETAS para aludir a lo bien que le vienen a los políticos alimentar los escándalos en predios ajenos. Pero sin negar ese oportunismo del silencio, más parece que el exacerbado protagonismo religioso se debe a un vacío de poder fruto de los problemas de gobernabilidad del toledismo y de los entrampes internos de los partidos opositores que no deciden con qué voz y actitud apuestan por la alternancia. Sólo los fujimoristas quieren alzar la voz, aunque les falte pantalla, para asustarnos con la candidatura del Chino. Los demás callan en 7 idiomas y dejan que la pantalla noticiosa se sature con los campanazos del Cardenal. JUICIOS Y DISCREPANCIAS A Pablo Cateriano le pareció exagerada una columna donde critiqué su vuelta a Canal 4 tras haber laborado con los Crousillat; a mí me pareció exagerado que me entablara un juicio. En fin, un amigo común nos reunió. Discutimos alturadamente nuestras discrepancias y superamos el conflicto judicial. Le dije a Cateriano que aunque no compartía las razones por las cuales renunció tardíamente al canal en el 2001, lamentaba haber calificado su trabajo de conductor del noticiero como una complicidad con la red de corrupción. Ahora que ha regresado al 4, convocado por una nueva administración, y a pesar de que en la discusión discrepamos respecto a las maneras de entender los conflictos de intereses entre el periodismo y otras actividades, le deseo lo mejor en su gestión como jefe de noticias.
Escribe MICHEL AZCUETA
La televisión es un medio extraordinario
de comunicación, información y diversión, de manera
que, así la vivo yo en los momentos que puedo estar tranquilo delante
de mi "pequeño monstruo" que tenemos en casa. Veo los noticieros,
me gustan las películas de ciencia ficción (tipo "Los Expedientes
X"), los programas científicos y culturales de "National Geographic"
y, cuando puedo, el fútbol ya que en la casa somos todos aficionados
a este deporte, repartidos entre la U y Alianza, para darle más
sabor al momento. Nunca veo telenovelas pues me parece que ya conozco
todas las historias. Mucho menos veo los llamados "talkshows". Nunca he
visto alguno por casualidad. Aunque por la magia y el poder de la tele
no puedo evitar escuchar comentarios sobre las unas y los otros. De manera
que a veces me entran ganas de quedarme a mirar alguno de esos programas...
¿Picaré alguna vez? ¡Ah! Otra cosa, me abstraigo de
tal manera que, aunque esté al frente del televisor, nunca veo
los comerciales... ¡Créanme que es cierto! Fuga al Cine
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