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Edición Nº 1739 |
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Las Enseñanzas
de Nazario
Escribe TERESINA MUñOZ-NAJAR NAZARIO Turpo era ya un adulto cuando sintió el llamado y recibió la revelación. Entonces caminó detrás de su padre, Mariano, para aprender a pagarle a la Tierra, a curar ovejas y alpacas, a conjurar nevadas y tempestades, a conversar con los Apus. Ahora está en los niveles más altos de su sacerdocio. Sin embargo, mientras viva su padre no podrá superarlo. El anciano todavía mantiene latente y poderosa su energía. Se nutre del sagrado Awsangati (Ausangate) Nazario vive en Paqchanta, a unos 4,200 m. de altura, (Ocongate), al sureste de la ciudad del Cusco. Dicen que no es difícil llegar hasta allá, pero en términos de tiempo es muy complicado. Unas seis o siete horas hasta Ocongate, de ahí a Tinque y por fin a Paqchanta. Hay, afortunadamente, dos maneras de encontrar a Nazario -como dos son las formas en las que un hombre se inicia en el sacerdocio andino-. O se hace el viaje o se recurre a uno de sus amigos cusqueños para que lo ubique. El segundo, fue el camino que eligió CARETAS. El doctor Jorge Flores Ochoa, antropólogo y profesor de la Universidad San Antonio Abad, sabe cómo hacer el contacto. Es a través de una radio local: "Santa Mónica". Le manda un aviso y espera que Nazario acuse recibo. Puede que sea pronto, puede que no. Puede que él mismo escuche el mensaje, puede que alguno de sus parientes. El hecho es que tarde o temprano Nazario aparece. Con su chullo de colores, su rostro curtido y sonriente, sus ojotas y su blue jean. Turpay, panay , (hermana, hermano) nos dice y nos abraza. No habla castellano. El doctor Flores Ochoa sabe quechua y la química con Oscar Medrano, nuestro fotógrafo nacido en Ayacucho, es inmediata. Sus quechuas difieren sólo por la fonética. La historia de cómo Nazario se ha convertido en uno de los sacerdotes
andinos más solicitados amén de viajero impenitente, se
remonta a seis años. En 1996, el Museo del Indio Americano (del
Smithsonian Institute), adoptó la política de muchos otros
museos norteamericanos, la de enviar a sus sitios de origen restos humanos
que hasta esos momentos exhibían. Es aquí que interviene
otro personaje, el también antropólogo Aurelio Carmona,
decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la San Antonio Abad. Ocurre
que al repatriarse al Perú momias incas y preíncas, el doctor
Carmona sugirió -contra la intención del INC que no entendía
el proceso y pretendía colocarlas en otros museos- que se entierren
en Ocongate.
El doctor Carmona es también un sacerdote andino. Legendario por cierto. En su aprendizaje -"Tú tienes la estrella", le había dicho el Paqo (sacerdote) puneño Jacinto Cutimbo- primero en Puno y luego en Cusco, en la década del setenta, conoció a Mariano Turpo y pasó largas temporadas con él y sus hijos. Cuando llegaron los restos, habló con Nazario y otros líderes de Ocongate y todos estuvieron de acuerdo con el entierro. Hicieron una gran ceremonia y Nazario terminó viajando al Smithsonian. Varias veces: la última en enero pasado. Entre otras cosas para demostrar cómo, en su pueblo, se conservan los tejidos y qué significan los dibujos que en éstos se graban. Los encargados del Museo del Indio Americano querían conocer sus puntos de vista para organizar la muestra de los Andes peruanos. Luego vendría lo de Machu Picchu. Según el doctor Flores Ochoa, tanto él como el doctor Carmona, fueron convocados por Promperú cuando surgió la idea de repetir la ceremonia de transmisión de mando en la ciudadela inca. Después de una serie de dichos y despropósitos -que si se hacía una suerte de Inti Raymi o no se qué- primó la cordura y se optó por una ceremonia andina. "Toledo no estaba muy de acuerdo, temía hacer el ridículo y que lo criticacen. No quería compartir ni entender. El es un gringo ensamblado en el Perú", afirma Flores Ochoa. "No tiene ningún tipo de mística", añade Carmona. La cosa es que días previos al evento, Flores Ochoa prefirió retirarse mientras que Carmona insistió en seguir. Aurelio Carmona y Nazario Turpo suelen trabajar juntos (Un pago o despacho se debe hacer entre dos: izquierda y derecha, masculino y femenino) y querían dar a conocer al mundo la importancia del ritual. Ahora habla Nazario: "Estábamos en Aguas Calientes con el doctor Carmona. Estábamos meditando. De pronto, nos vinieron a decir que nosotros ya no haríamos nada, que serían los Keros de Paucartambo lo encargados. Yo me indigné y le dije al doctor que para qué me había traído, que se iban a burlar de mí. Horas más tarde nos pidieron que le aliviaramos el dolor de la rodilla al presidente Toledo para que pueda caminar. Nosotros hicimos nuestra ceremonia, limpiamos todo el ambiente de las ruinas con harina de maíz, morado y blanco. Invocamos a los Apus para que el Presidente no esté cojo. Yo quemé el despacho en el Awsangati. Los Keros no quemaron el suyo. Yo creo que por eso las cosas no van bien. Yo les dije que lo hicieran porque los Apus iban a molestarse. Ya cuando terminó todo, leí la coca para el presidente Toledo: las hojas me indicaron que el Presidente no iba a andar más allá de tres años". Nunca se lo hicieron saber. Si bien algunos indigenistas creen que los citadinos no deben apropiarse de símbolos y rituales andinos, otros, como los doctores Flores Ochoa y Carmona consideran que ésa es una percepción equivocada. "Cada vez estoy más convencido -asegura Flores Ochoa- que hay dos religiones y que la gente practica las dos. La católica popular y la andina. No se mezclan, no hay sincretismo. Son dos tradiciones diferentes y las personas no se hacen problemas de conciencia por esto. Van de una a otra religión de acuerdo a la oportunidad y al deseo. Los que dicen que es apropiación, en el fondo están discriminando".
La religión andina, como se sabe, no tiene tradición escrita ni libro sagrado. No hay normas que establezcan con detalle cómo deben ser los rituales. Es dinámica y flexible. Le rinde culto a los dioses andinos, Wiracocha y Pachamama y a los Apus. De acuerdo a Flores Ochoa, hay dos formas de ingresar a la práctica como sacerdote. A través de una revelación o por vocación. "En ambos casos -explica- el iniciado tiene que trabajar con alguien de alto nivel. A ése se le llama maestro. En los escalones más bajos del aprendizaje ya se puede curar, adivinar y hacer ceremonias sencillas. En los más altos, invocar a los espíritus y hablar con ellos". En esta última etapa, es decir, cuando el maestro considera que su alumno puede convocar a los Apus (espíritus que habitan en las cimas de los cerros), se realiza una gran ceremonia denominada Carpay . En la región del Cusco, ésta se lleva a cabo todos los primeros de agosto a la medianoche en la heladas lagunas del Awsangati. Allí se bañan los que comienzan y los maestros. Allí se bañan Nazario Turpo y Aurelio Carmona. Primero rezan y se concentran. Se preparan para resistir los 10 grados bajo cero. Inmediatamente invocan al Apu. "Este -continúa Flores Ochoa- se les aparece con un batir de alas, como si fuera un cóndor. No lo ven. Lo sienten y le pueden hablar". A medida que los sacerdotes tienen más poder, pueden invocar a más Apus. A cinco, a diez, para que les ayuden a hacer su trabajo. Los sacerdotes son intermediarios. Piden por el bienestar de alguien, por su salud, por su negocio, porque terminen las heladas, por las buenas cosechas. Por cosas prácticas y cotidianas. "Un sacerdote que sabe mucho, sabe a qué Apus llamar para cada cosa. Un sacerdote también puede pedir para el mal. Para que muera alguien por ejemplo. Algunos aceptan hacerlo, otros no. Tienen ese poder", concluye Flores Ochoa. Nazario Turpo se despide. Antes nos lee la coca. Gracias panay por los buenos augurios.
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