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Edición Nº 1742 |
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Machu Chicha
Escribe ALBERTO SANCHEZ AIZCORBE LA bocina del tren suena insistentemente. La campana también. El maquinista comienza a ingresar a la estación de Aguas Calientes con los pelos de punta. Al menor descuido puede llevarse por delante a un turista o a un comerciante que imprudentemente ha colocado una tienda precaria para ofrecer su mercadería al primero; pero que lo hace a pocos centímetros del paso de la locomotora. En términos taurinos se podría decir, temerariamente en terrenos del toro. Lo grave es que este "toro" pesa 100 toneladas y necesita de varios metros para frenar. Varios perros que han perdido una pata lo atestiguan. La estación que espera al turista es agradable. Inaugurada a fines de los 90 por el cuestionado presidente Alberto Fujimori, es amplia, cómoda y de sobria arquitectura. Pero no más salir de ella se deben atravesar senderos de tierra encajonados por puestos abigarrados de artesanía y techados con plástico. Estado que se mantendrá a lo largo del recorrido por las callejuelas de Aguas Calientes hasta llegar a abordar una combi para ascender a las famosas ruinas. Hanan es la palabra quechua que designa la parte alta, hurin la parte baja. Es la mítica dualidad andina, el ying y yang inca. La ciudadela de Machu Picchu puede ser considerada con orgullo la parte alta, hanan. Pero lo que es la parte baja, el poblado de Aguas Calientes, no merece la designación de hurin sino de orín, por la suciedad; por las emanaciones que se desprenden de la basura acumulada en cada esquina; y por el espectáculo en general de caos que presenta la puerta de entrada al santuario arqueológico más visitado del país. Puerta que deben atravesar 1,000 turistas cada día. Como Simón y Amanda Harvey que, llegados desde Inglaterra, risueñamente se dejaron fotografiar a orillas del río, pese al fondo de basura que se apreciaba a sus espaldas y que aún no había sido llevada por la corriente. En los últimos años los residuos sólidos, entre 4 y 5 toneladas diarias, eran transportados por Perú Rail gratuitamente y dispuestos en sitio alejado. Pero en las últimas semanas no hay quien se ponga de acuerdo con los gastos de traslado; porque Perú Rail, operadora del ferrocarril Sur Oriente, considera que no es justo correr con el pago de seis dólares kilómetro vagón que el Estado le cobra por dicho traslado; y, al parecer, el Instituto Nacional de Cultura (INC) y el Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA), que son las entidades que manejan los ingresos del Santuario de Machu Picchu, sólo estarían dispuestas a apoquinar el 40% de los costos. Del municipio, no se sabe.
No es nueva esta situación en Aguas Calientes. En "Aguas Hirvientes" (ver CARETAS 1721 de 16 de mayo del 2002), se mostraba el estado calamitoso del poblado y se destacaba un llamado del entonces embajador de Finlandia en el Perú, Mykko Pyhala, para que se establezca "una unidad de gestión bien institucionalizada y capaz de funcionar con gran autonomía, en beneficio del Santuario Histórico de Machu Picchu". El embajador estaba preocupado porque US$ 3.5 millones de dólares de Finlandia, dedicados al distrito de Aguas Calientes, parte integrante del Santuario, se perdían irremediablemente. El Santuario genera ingresos por cerca de US$ 1 millón de dólares mensuales, de los cuales 10% queda en Aguas Calientes, sólo en entradas a la ruinas y por el recorrido del camino inca. El poblado mismo ha aumentado en forma significativa sus servicios turísticos los últimos años, llegando a contar con 500 camas y multitud de restaurantes. Alrededor de US$ 4 millones por año generan las tres empresas de microbuses que suben a los turistas a las ruinas, una de las cuales es propiedad del municipio. Todo indica que recursos existen. ¿Qué es lo que pasa entonces? El llamado del diplomático tuvo su efecto. El diario El Peruano
de 11 de junio del 2002 consignaba que el presidente Toledo había
dado instrucciones al vicepresidente Raúl Diez Canseco para que
tomara cartas en el asunto. Según la publicación Diez Canseco
había convocado de inmediato a una reunión con representantes
de INC, Unesco, Unidad de Gestión de Machu Picchu, INRENA, Fondo
Nacional de Areas Protegidas por el Estado (PROFONANPE), CTAR Cusco, PromPerú
y Ministerio de Industrias.
A juzgar por la última visita realizada por CARETAS a la zona, o el Presidente no instruyó bien a su Vicepresidente o a éste se le hizo una ensalada con las siglas y las instituciones y prefirió no entrar a mayores (recuérdese a propósito que un camello es un caballo diseñado por una comisión). Porque la situación se ha agravado. Y peor aún, se vienen tiempos difíciles en vista de las próximas elecciones municipales. Se viene armando un zafarrancho de combate. Diez candidatos iniciaron la justa. Están que se dan de alma. Quedan siete: Visitación García (Movimiento Independiente Democracia Comunidad y Trabajo Machu Picchu); Florentino Zans (Organización Política Regional Inca Pachacútec); Angel Caipani (PAP); Guillermo Cusi (AP); Oscar Valencia (FIM); Porfirio Delgado (Movimiento por el Desarrollo de Machu Picchu y Comunidades); y Fermín Bernales (Agrupación Independiente Unión por el Perú Frente Amplio Machu Picchu). Algunos al parecer incluyeron el plan de gobierno en la denominación de su movimiento; mas lo que llama realmente la atención es la proliferación de candidatos en una población de 1.000 habitantes (2.000 en la rural) y que súbitamente pasa de 900 electores, a 1.700. Un total de 800 mitimaes (costumbre incaica que consistía en trasladar pueblos enteros para su mejor dominio) traídos en partes proporcionales por los diferentes candidatos -con honrosas excepciones- entre los que destacaría el representante del Frente Independiente Moralizador con cerca de 200. Qué duda cabe que Machu Picchu es la gallina de los huevos de oro. Pero parecería que muchos no se dan cuenta que le están torciendo el pescuezo.
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