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Edición Nº 1742 |
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Por
FERNANDO VIVAS
ANDREINA Salazar (5) dio tres vueltas en el aire y cayó sobre el asfalto. El auto se detuvo y bajó Laura Bozzo con otra niña aterrada. El chofer Hugo Vente levantó el cuerpo de la atropellada y la llevó al Hospital de Emergencias Casimiro Ulloa. Andreína murió y su madre Luz María Salazar, lavandera a domicilio, fue a la comisaría a hacer la denuncia. Allí se encontró a Laura que le dijo: "¡Por tu culpa, mi hija ha sufrido un estado de shock!" Vente fue condenado a pagar a Luz María una reparación de apenas 5,000 soles. La tragedia sucedió el 31 de enero de 1995 y cuando la contamos en CARETAS del 17 de agosto del 2000, la Bozzo, ya convertida en estrella continental, aún no se dignaba a desembolsar 5 mil soles para ayudar a su chofer a saldar la deuda, a pesar de que el apuro con que éste manejaba era, de seguro, el apuro de su jefa. Luz María la buscó en su ONG Solidaridad Familia y Laura la mandó a paseo. La única explicación que se me ocurre es la de una soberbia clasista no reñida con el populismo: como clientela menesterosa de mi programa vaya y pase; como pobres reclamones, váyanse al diablo. Y pensar que todavía en la página web de Telemundo se pondera la caridad de Laura y se la tilda de la Evita Perón peruana. Hace unos días Luz María me buscó para contarme que Vente aún no pagaba y que el 22 Juzgado Penal no había hecho nada contra él. Tiene 5 niños, no anda bien de salud y "bucea" (o sea, busca objetos reciclables en la basura) con su marido. El mismo Poder Judicial que investiga los 3 millones de dólares que los procuradores dicen que el SIN pagó a la Bozzo y que mira con lupa el collar de 20 mil que adornaba su pescuezo en el clímax de la orgía montesinista; no ha logrado cobrar una deuda de 1,400 dólares a su más leal colaborador. Miseria de la justicia y de la televisión. En otros tiempos, los programas políticos que ya no me quitan el sueño, hubieran mandado un reportero a Brasil a reportar el triunfo de `Lula' (a Roma fueron del 4, me imagino que con un empujón del Opus Dei, para una emisión particular aunque no hicieron enlace directo con "Cuarto Poder"). Localista a la fuerza, la TV dominical cubrió el escándalo de las vedettes del PRONAA. El orbe noticioso se redujo a la cabezota del funcionario babeando en el piso. Como si todos tuviéramos que pasar bajo la quincha (por no decir la concha) de Mónica Adaro bailando el lingo de los bobos. Como si el reto de la semana fuera confirmar si la recontramentada Srta. Adaro estuvo o no en el chongo; y no desentrañar los misterios de Mantilla, las veleidades de los vicepresidentes Diez Canseco y Waisman, los giros del caso Zaraí, los retrocesos en la política de planificación familiar, la angustia por los vladivideos que se vienen y un abrumador etcétera. Allá Carlos Espá que pretende compensar la coyuntural despolitización del "Cuarto poder" quebrándose ante las vedettes, mientras Mónica Delta le recuerda que "Panorama" aún gana en el gross rating point. De credibilidad ni hablemos, tampoco de "Contrapunto" que se va por la enésima reestructuración. "Reportajes" es un programa de crónicas rojas y humanas, que no político, y el equipo de Pamela Vértiz no lo hace mal. Miseria de la caja chica y de la pantalla dominical. Beto dice que meterá un juicio al productor Luis Sínchez por revelar un audio que lo afecta en mucho menor medida que otras cintas y testimonios desautorizados que él ha propalado con jactanciosa impunidad. Magaly le dice a Beto que se pudra en el infierno en el que ella misma no cree. Stop. Estoy seguro que algunas de estas broncas miserables -y autodestructivas- se evitarían con un mínimo de inversión en valores y recursos para que las estrellas se peleen en canchas limpias, sin golpes bajos y respetando códigos. Miseria de todos los días.
Escribe CARMEN OLLE
Después del 11de setiembre me di cuenta que los noticieros nacionales no alcanzaban a satisfacer mi necesidad de información sobre la situación mundial y adquirí la manía, junto con mi hija Vanessa, de saltar de un noticiero a otro -cada una frente a su televisor-, mientras nos íbamos advirtiendo lo que reportaban en el canal de Chile (uno de los mejores en ese momento) o en el de España, también en la Deustche Welle en español o el Canal N, CNN, TV5 y los noticieros argentinos. Desde entonces me queda esa práctica. No veo la señal abierta salvo los programas culturales de Canal 7. Cuando no tenía cable veía telenovelas brasileñas, de lejos más interesantes que los programas faranduleros que pasan en la actualidad. Ahora prefiero enfrascarme en la vida de las mangostas, las hienas, los caracoles o cualquier simpático mamífero que pulula por el planeta.
Genaro y su CNN Criolla
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