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Edición Nº 1743 |
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Si El FMI
Se Ocupara de Esto...
Escribe CESAR LEVANO EN 1991, una epidema de cólera afectó a 380 mil peruanos en un solo año. Es la epidemia de cólera más terrible en toda la historia de la medicina mundial. Esa tragedia obedeció ante todo a las condiciones de pobreza e insalubridad que sufre la mayoría de los peruanos. Pese al volumen de afectados, sólo el uno por ciento murió a causa de la peste. Eso, gracias a una decisión tomada por el Dr. Uriel García, cuando era ministro de Salud del primer gobierno de Fernando Belaunde: la distribución gratuita y en gran escala de las famosas "bolsitas salvadoras". Recuérdese que, sin medicinas previsoras y tratamiento rápido, el cólera mata en 48 ó 72 horas: por deshidratación. Antes de la epidemia peruana, hubo un antecedente notable en un minúsculo país del Africa Ecuatorial. Fue en 1887 y mató al 18.5 por ciento de los afectados. Más antes aún, en 1831, una peste llegada a Europa desde la India a través de Egipto mató a cientos de miles de europeos, entre ellos el filósofo Hegel. En el momento de la muerte del autor de la Fenomenología del Espíritu, un niño alemán que iba a revolucionar la medicina cumplía apenas diez años. Nos referimos a Rudolf Virchow. Es el padre de la medicina social. El Dr. Uriel García recuerda que Virchow no sólo fue un genio de la medicina, sino también un temprano luchador por la justicia social, y, en función de ésta, de la sanidad pública. Siendo concejal de Berlín, capital de Alemania, Virchow hizo instalar el mejor servicio de agua potable de todas las ciudades europeas.
En conferencia reciente dictada en la Academia Nacional de Medicina, el Dr. García apuntó que los criterios modernos de la salud pública recomiendan una provisión de 200 litros de agua por día y por persona. Respecto a las bolsitas salvadoras, recuerda el galeno: "Sólo estuve de ministro dieciocho meses. La campaña se inició con la entrega de 3'800,000 bolsitas para niños de cero a cinco años. Desgraciadamente, por influencia de la industria farmacéutica, se interrumpió esa entrega". La historia, esa historia, no debe repetirse. Por eso es bueno recordar la vida y la obra de Rudolf Virchow, el médico alemán que fundó la patología, descubrió la leucemia, participó en el descubrimiento de las ruinas de Troya, sentó las bases de la antropología y estudió, sin haber estado nunca en el Perú, las trepanaciones craneanas realizadas por los antiguos peruanos. Enfrentándose al Kaiser y al Canciller de Hierro, Otto von Bismarck, que lo habían enviado a estudiar las causas de una epidemia que cundía entre los mineros de la Alta Silesia, Virchow diagnósticó: Culpable es el régimen, por la pobreza e injusticia que padecen los mineros. Virchow era gran comunicador, pero no se limitaba a las palabras. Su informe sobre los mineros de Silesia fue un factor ideológico de la revolución de 1848, que estremeció a la Alemania de la época. Además, empuñó las armas en esa inmensa insurrección popular.
"El gran médico demostró que la injusticia social es causa de muchas enfermedades y que muchas de ellas se curan elevando el nivel de vida de los pobres", expresa el patólogo peruano. Puesto bajo la guía de Virchow, dice Uriel García: "Hay toda una patología de la pobreza, que no se cura con medicamentos, sino con justicia social". "El cólera individual se trata de manera médica. Pero para enfrentarlo colectivamente se necesitan doscientos litros de agua por día y por persona, así como servicios de agua que garanticen que ésta nunca contaminará los alimentos". Uriel García no está de acuerdo con los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según los cuales la salud reduce la pobreza. Una demostración viva -o muerta- se da en el Perú: hemos ganado felicitaciones porque acá se ha aplicado el mejor programa contra la tuberculosis; pero tenemos la más alta incidencia de TBC en América Latina (ver cuadro). "La tuberculosis no es en sí altamente contagiosa; pero se contagia en ambientes cerrados en los que hay una persona que tose y esparce los bacilos", recuerda Uriel García. "La TBC se cura individualmente con pastillas; pero socialmente, con habitaciones bien ventiladas, sin hacinamiento, con buen salario y buena alimentación. Es decir, como quería Virchow, con justicia social." Para rematar su fórmula, el galeno nacional propone, con fuerte dosis de ironía: "Puesto que el Fondo Monetario Internacional se ocupa de procurar finanzas sanas, debiera también preocuparse de la salud de las personas, porque con gente sumida en la miseria no puede haber buenas finanzas. Sugiero que el Director del FMI permita un canje de deuda por salud. Ejemplo: si el Perú invirtiera en construir un millón de viviendas para pobres, el FIM debiera condonar deuda por el monto correspondiente."
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