Edición Nº 1743


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    ARTICULO

    17 de octubre de 2002

    Guerra Anunciada
    Aunque parece despertar consenso, la política militar de Bush contra Irak tiene cada vez más resistencias debido a su trasfondo electoral.

    Bali, Indonesia
    Más de 180 muertos. El brutal atentado en Bali el pasado 13 de octubre se presenta en un contexto en el cual las fuerzas de Al-Qaeda parecen recomponerse.

    Escribe LUIS NAVAJAS

    LAS votaciones en las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos de la semana pasada facultando al presidente Bush a utilizar la fuerza militar contra Irak según su propio criterio y en caso de considerar que no se han producido avances diplomáticos, han sido un paso más para concretar, en el ámbito interno, la nueva teoría del ataque anticipado y preventivo que ha revolucionado el pensamiento estratégico de ese país. (Ver Caretas N°ree; 1740, "La doctrina Bush"). Las gestiones de la administración de Estados Unidos se concentrarán ahora en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con el objetivo de lograr una victoria similar en el curso de esta semana, la cual consistiría en obtener una resolución que lo autorice a emplear la fuerza militar o, en términos generales "cualquier medio" si las inspecciones son otra vez dificultadas por el régimen de Bagdad. Con los frentes interno e internacional controlados, la administración Bush considera que tendría las dos coberturas requeridas para eliminar, si lo considera necesario, al "tirano criminal" y "dictador homicida" como calificara Bush a Hussein el 7 de setiembre pasado e implantar un régimen democrático en Irak. Buscaría con esto no solamente eliminar las armas de destrucción masiva y controlar la amenaza, sino también superar la falta de democracia que es, según la administración Bush, una de las raíces del terrorismo. ¿Así de simple? No tanto.

    EL AMBITO INTERNO

    Las votaciones en la Cámara de Representantes y en el Senado han sido consideradas como un éxito para Bush y revelan coincidencias importantes de republicanos y demócratas. En primer lugar, la conmoción emocional provocada por los actos terroristas del 11 de setiembre ha colocado como primera prioridad evitar que ocurra un nuevo acto de esa naturaleza. Nadie quiere parecer débil ante la amenaza. En segundo lugar, existe un reconocimiento del papel que debe jugar la comunidad internacional a través de las Naciones Unidas. Existe la necesidad de impulsar, como primera opción, las negociaciones diplomáticas y lograr el apoyo político del Consejo de Seguridad para la realización de inspecciones efectivas destinadas a eliminar las armas de destrucción masiva que pudiesen existir en Irak. En tercer término, existe coincidencia en señalar que, en caso de que el presidente Bush constate que los esfuerzos diplomáticos no han sido satisfactorios, debe autorizárselo a emplear la fuerza militar para contrarrestar la amenaza planteada por Irak y salvaguardar la seguridad de Estados Unidos. Por fin, existe consenso en que una eventual acción armada contra Irak no debe debilitar la acción contra Al-Qaeda y otros grupos terroristas.

    El mero hecho que la administración Bush haya recurrido al Congreso es muestra, para muchos demócratas, del éxito de su posición. Consideran que las discusiones contribuyeron a reivindicar el papel del Congreso y de las Naciones Unidas como foro en el cual debe ejercitarse una labor diplomática fundamental. Estos elementos, incluidos en las resoluciones, son considerados por los demócratas como un avance. La vaguedad de los términos de ambas resoluciones ha llevado a los republicanos, por su parte, a reclamar la victoria: la decisión de emplear la fuerza militar será adoptada por el Presidente sin que exista un procedimiento que la condicione o regule y la notificación al Congreso será coincidente con el uso de la fuerza o posterior a él. Según los críticos de las resoluciones, quedan sin resolver problemas fundamentales: no está probado que Irak constituya un riesgo para la seguridad de Estados Unidos y mucho menos que tal riesgo sea inminente1. Se sienta un precedente grave desde el punto de vista constitucional, ya que el uso de la fuerza militar equivale a realizar un acto de guerra y la declaración de guerra es una facultad otorgada por la Constitución al Senado.

     

    George Bush considera a Saddam Hussein como un "tirano criminal" y un "dictador homicida".

    Queda, por fin, la cuestión de la oportunidad en que tan importantes decisiones se han adoptado: en medio de una campaña electoral que culminará el 5 de noviembre y en la que está en juego, entre otros asuntos, el control del Senado -que pende de un voto de diferencia- y la gobernación del Estado de la Florida, clave por ser Jet Bush el gobernador que aspira a la reelección y el origen de la ajustada derrota electoral de los demócratas. A pesar de la enfática negativa de la administración, no puede dejar de considerarse que la bandera del patriotismo estaría beneficiando a los candidatos republicanos, así como la agresiva campaña mediática del Presidente; todo ello cuando no existe una amenaza inminente. La respuesta de Bush a la pregunta ¿por qué ahora? ha sido señalar que el 11 de setiembre cambió el sentido de urgencia con que se percibe cualquier amenaza y autoriza a Estados Unidos a "no esperar por la prueba definitiva" y actuar ante una clara evidencia de "peligro." Lo cual no constituye una adecuada respuesta a la solicitud de postergar la discusión para después del 5 de noviembre. El influyente diario The Washington Post, en una opinión editorial del 26 de setiembre se había referido a la "manipulación cínica e irresponsable del presidente" del tema de la guerra en la campaña electoral. Una dirigente religiosa notó con ironía que toda la discusión sobre las facultades concedidas al presidente se había llevado a cabo signada por el temor: el temor a un nuevo ataque terrorista y temor a no ser reelegido.

    LAS MOVILIZACIONES CONTRA LA GUERRA

    La dinámica existente en el Poder Ejecutivo y en el Congreso está provocando una movilización contra la guerra contra Irak que es más activa que la que existiera, en esta etapa del proceso, en relación con la guerra de Viet Nam. Sus inspiradores son una gran variedad de grupos que van desde los representantes de jerarquías religiosas hasta anarquistas y trotskistas, pasando por una gran variedad de pacifistas, grupos de lucha por los derechos civiles y de defensa de los inmigrantes, especialmente los provenientes de países árabes, seguido de un largo etcétera. En este amplio grupo, sin embargo, existe una abrumadora mayoría que coincide con la administración y el Congreso: nadie considera que las acciones de Sadam Hussein sean defendibles y estiman que debe ser controlado y las armas de destrucción masiva, de existir, deben ser eliminadas. El hecho que esta efervescencia esté teniendo lugar antes de que las acciones de guerra se hayan iniciado es algo que debe ser cuidadosamente evaluado. Debe tenerse presente que 21 senadores demócratas se opusieron a la resolución concediendo a Bush los poderes mencionados y en la Cámara de Representantes la oposición ascendió a 133. Las diversas movilizaciones que ya se han producido han sido un preludio de las que tendrán lugar en Washington y San Francisco el próximo 26 de octubre. Debe tenerse en cuenta también que las manifestaciones contra la guerra en Irak continuaron con una nutrida demostración en Londres que siguió a las de París y Roma en semanas anteriores.

    La movilización de las organizaciones de la sociedad civil coincide con otras críticas a la política de Bush contra Irak. Las más prominentes fueron las del ex vicepresidente Al Gore el 23 de setiembre, simultáneas con las del ex presidente Jimmy Carter. Ambos líderes reiteraron que Hussein es un peligro que debe ser firmemente controlado a través de las Naciones Unidas y que cualquier acción de fuerza debe realizarse en el marco de ese organismo. Al ser concedido el premio Nobel de la Paz a Jimmy Carter la semana pasada, el presidente del Comité del Premio Nóbel indicó sin rodeos que el premio constituía no sólo un reconocimiento a los importantes méritos del ex presidente, sino también una muestra de insatisfacción con la política de Bush hacia Irak.

     

    Una acción armada conta Irak no debe debilitar la acción contra Al-Qaeda y otros grupos terroristas.

    OTROS INDICIOS PREOCUPANTES

    Como preludio a las discusiones en las Naciones Unidas y como parte del ambiente internacional que rodea a la situación de Estados Unidos con Irak, cabe señalar que en las elecciones realizadas en Pakistán el 10 de octubre pasado, se produjo una muestra de importante crecimiento por parte del Foro de Acción Unitaria, que es una agrupación de partidos con fuerte influencia religiosa musulmana. El Foro hizo una fuerte campaña basándose en el malestar existente contra Estados Unidos. Los avances se produjeron especialmente en la provincia que linda con Afganistán y se consideraron como un serio revés al presidente de Pakistán, Pervez Mucharraf, súbitamente convertido en demócrata a partir de octubre del año pasado.

    Tres hechos de violencia ocurrieron recientemente y son adjudicados a elusivos grupos terroristas: el tiroteo a una patrulla de Estados Unidos en Kuwait, que dejó un soldado muerto; el atentado contra un buque-tanque francés de trasporte de petróleo similar al dirigido contra el buque de guerra de Estados Unidos SS Cole; y un brutal coche-bomba en la paradisíaca isla de Bali, en Indonesia, que dejó más de 180 muertos y 170 heridos. Estos hechos coinciden con trascendidos de organismos de inteligencia dando cuenta que se estaría produciendo un reagrupamiento de las fuerzas de Al-Qaeda.

    La volatilidad es la característica fundamental de la situación en materia de la confrontación de Estados Unidos contra Irak. Estados Unidos se mueve entre la impaciencia de la acción inmediata y el peligro de ser víctima de un nuevo ataque y los requerimientos, tanto internos como internacionales, para llevar a cabo una acción eficaz. La acción central se traslada ahora al ámbito de las Naciones Unidas, en un trámite que la administración Bush deseaba evitar pero que ha considerado necesario agotar antes de actuar, si fuera necesario, de manera unilateral. Queda, por ahora, el compás de espera generado por la afirmación del presidente Bush, el 7 de octubre, que la guerra con Irak no es inminente ni inevitable. El centro de la atención ahora se ubicará en los inspectores de las Naciones Unidas y las reglas de juego que aplicará el Consejo de Seguridad para esas inspecciones en Irak.

    _________
    1 Un documento recientemente desclasificado de la CIA confirma este punto.

    Nota: El concepto de "ataque preventivo" utilizado en el artículo "La doctrina Bush" (Caretas N°ree; 1740) requiere la siguiente aclaración: Los términos del idioma inglés "preemptive" o "preemption" son traducidos al castellano como "preventivo" o "prevención". En el ámbito del pensamiento estratégico, sin embargo, tienen un sentido diferente ya que un ataque es preventivo cuando existe una amenaza cierta contra un Estado por parte de otro Estado o un grupo. En ese caso puede hablarse de llevar a cabo un ataque preventivo ("preventive"). Cuando existe una amenaza inminente, la acción se lleva a cabo en defensa propia. Cuando la amenaza es posible pero no se ha concretado aún, un ataque tendría el carácter de "anticipado" ("preemptive"). En este sentido, tanto el ataque preventivo como el anticipado configuran actos de agresión en el derecho internacional clásico.

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