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Edición Nº 1743 |
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Por
FERNANDO VIVAS
LO de cadena fatal es por el eslabonamiento de circunstancias perversas. No me atrevería a calificar así a Telemundo y menos a su dueña NBC, la más vieja de las grandes emisoras gringas, la única que no ha sido tragada por consorcios globales (a la ABC se la comió Disney, la CBS es de Viacom, la FOX es de Rupert Murdoch y la Warner del grupo Time Warner AOL), la sede de "Saturday Night Life" y de otros mitos de la historia de la TV. Pero las salpicaduras del affaire Montesinos-Bozzo podrían llegar a alborotar a Andrew Lack, el presidente de la National Broadcasting Corporation que en octubre del 2001 compró a Telemundo por 2 billones de dólares y decidió que el equipo de Jim McNamara siguiera al frente de la sede miamense, pues NBC sabía poco de pantallas latinas (recién en abril del 2002 la Federal Commison of Communication aprobó la operación). Lack, flanqueado por su lugarteniente Bob Wright y por McNamara, dio aquella vez una conferencia de prensa para anunciar la compra. El cable de AP cita este gag de Lack: "I don't speak spanish so I'm talking like a gringo... but I like Laura" (1). La faena la cerró McNamara en español, idioma que aprendió cuando su padre era diplomático en Panamá y le fue indispensable cuando dejó sus negocios fílmicos y se hizo de Telemundo. Entonces el desenfadado Jim entró en trompo, seguro de que cierta informalidad y furia televisiva iban de perilla con el mundo latino y a la FCC le tendría sin cuidado la subcultura de la TV en español. Univisión, la primera cadena hispana, fue sacudida por el ímpetu de su rival. Si para aquellos Cristina Saralegui era algo así como el porno suave del talkshow Laura fue el hardcore que Telemundo promovió sin tapujos hasta hacerla el top de su ranking. Por eso McNamara voló a Lima cuando ella amenazó firmar con Televisa y Univisión y, bailando un festejo en el Estudio de Barranco, se dio un contrasuelazo en vivo y en directo que aún ha de dolerle. Fue probablemente ese mismo día, 12 de junio del 2000, que tuvo la reunión con Montesinos que últimamente se menciona con insistencia. Preguntamos a Diana Sousa, vocera de Telemundo, por aquella reunión y, esta ha sido su respuesta contundente: "Confirmo que McNamara conoció a Montesinos en el año 2000, por 10 minutos en su oficina en Perú. Nada más fue una introducción, `buenas, un placer...' Y nunca más ha hablado con él después de eso". Aunque la reunion haya sido banal y no tenemos porque asumir que McNamara haya hecho ni recibido promesas indebidas, los actores, la fecha, el lugar y las sonrisas de cortesía pueden lucir fatales en un vladivideo. Ningún magnate de la TV extranjera debió interactuar con quien la comunidad internacional sospechaba que era un crápula que manejaba al Perú con la ayuda de medios negociados y, muy en especial, de Laura Bozzo. Por eso estoy convencido que cuando Laura, al inicio de su arresto domiciliario, dijo que soltaría una bomba, no quiso asustar ni al gobierno ni al poder judicial sino que quería asegurarse el apoyo incondicional de su atribulada cadena. Lo de la grabación de María Elvira Salazar pudo ser entonces un anticipo de declaraciones comprometiendo a Telemundo. Celebro que McNamara admita su reunión con Montesinos si ello implica un primer paso para cancelar su fatal asociación con la Bozzo y replantear su enfoque televisivo. La NBC respirará más tranquila si Telemundo decide promover a María Celeste Arrarás, su nueva estrella jalada de Univisión, cuyo noticiero "Al rojo vivo" se está convirtiendo en el top de la cadena. Además, los gringos de Lack han encontrado en la bilingüe y galardonada Arrarás el "crossover potential" del que carece la Bozzo. No le deseo a Laura cárcel, desempleo y callejón oscuro. Pero sí festejaría que esta fatal cadena de circunstancias le arranquen el mea culpa que nos debe. Eso de "fui una cojuda porque no sabía que Vladimiro y Pepe Pancho eran una mierda" que repitió tantas veces no vale nada. Los delitos de peculado y falsedad genérica de los que se la acusa son bastante menos graves que su gran crimen de comunicación: haber manipulado las emociones de multitudes que despreciaba para endosarlas a un poder corrupto. Ojalá Laura se arrepienta explícitamente de ello y se cierre pronto este capítulo vergonzoso de la historia de la TV internacional. (1) "No sé español así que estoy hablando como un gringo... pero me gusta Laura".
Escribe EDUARDO CARHUARICRA
Debo confesar que veo canal por cable sólo cuando estoy en mi oficina y para enterarme de las actividades del Congreso. En mi casa no veo, por varias razones, entre ellas porque tengo tres niños que se pegan a la televisión y dejan de lado sus quehaceres. Creo sin embargo, que es importante la señal abierta de la televisión, porque uno se siente más cerca de la opinión mayoritaria, aunque el aspecto negativo está en que esa población masiva no tiene opción de escoger y está casi obligada a ver programas donde se denigra lo andino o selvático, con criterio centralista, programas donde lo más vistoso son conductores extravagantes, las mujeres desnudas o donde se destaque la humillación, el escándalo y la violencia sangrienta. Televisión veo luego de las 10 u 11 de la noche, recorriendo entre las noticias del 4 y del 5 o entre ATV y el programa de Hildebrandt, para luego descansar con el buen humor que engendra "24 minutos". Los sábados y domingos, si no viajo a provincia, veo algún programa familiar o de danza y folclore peruano, siempre de señal abierta. Considero que el Canal 7 ha mejorado su programación, pero lamento que no se difunda en Cerro de Pasco. Al ir zapeando los canales no dejo de pensar en el contenido del dictamen sobre la Ley de Radio y Televisión que diseña una serie de reformas dirigidas a los servicios de radiodifusión y a la actuación de los funcionarios que tienen que ver con ellos. Por primera vez se propone un conjunto de reglas que van a permitir la participación de sectores amplios de nuestra comunidad en la supervisión de la radiodifusión y ayudará a que la TV se reforme a sí misma para tener una programación que nuestros niños puedan ver.
Descalzi y Luz María
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