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Edición Nº 1743 |
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Manos a la Foto LA fotografía como arte, como medio. No sólo para ilustrar los acontecimientos del día a día, sino también para narrarlos. En ella no sólo el instante queda capturado, sino también la historia completa. Permite que los ojos del espectador divaguen en las millones de referencias que la imagen presenta. Espacio y tiempo condensados sobre una hoja de papel. Sentimientos. Unicos e irremplazables. En el instante preciso. Figuras, colores que hablan. Por ellas y por aquellos que las hicieron posibles. El autor de una fotografía es quien, según su propia posición
y criterio, le otorga a ésta la fijeza emblemática que tanto
la caracteriza. Es quien a través de un lente puede registrar,
detalle a detalle, todo aquello que lo rodea. Si bien la fotografía
es una de las mejores herramientas y complementos de la tarea periodística,
por su capacidad de ilustrar gráficamente lo que las palabras no
son capaces de contar, fue recién durante las décadas del
50 y 60 del siglo pasado, que adquirió verdadera relevancia como
medio de comunicación.
Fue entonces que en el año 1955 nace en los Países Bajos y con el fin de institucionalizar la fotografía de prensa, quizás una de las asociaciones más importantes del medio y del momento: The World Press Photo, que anualmente convoca a todas las agencias, fotógrafos freelance y medios de comunicación a participar del concurso que organiza a nivel mundial. Este año la exposición de los trabajos ganadores, The World Press Photo 2002, visitará más de 70 países, incluyendo el nuestro. El local elegido para la presentación de esta muestra es la nueva
sala de exposición del ICPNA, sala construida en el sótano
del local de este instituto en San Miguel. La galería destinada
a las artes aplicadas, como lo son el diseño de modas, de interiores,
orfebrería, caricaturas y fotos de prensa, es la primera de este
tipo en nuestro país, es por ello que será inaugurada con
una de las exposiciones fotográficas más importantes a nivel
mundial. Festejo doble. Estupendo Juan Diego
EL sábado pasado fuimos a escuchar y a ver a Juan Diego
Flórez, el joven tenor peruano, al Met -es decir, a la Metropolitan
Opera del Lincoln Center en Nueva York. Hizo el papel de Don Ramiro en
`La Cerentola', `drama giocoso' de Gioachino Rossini. Después,
llenos de música y adrenalina, nos apostamos en la puerta de los
artistas para saludarlo. Le quisimos decir "mira, Juan Diego, no vinimos
aquí porque eres peruano sino por tu extraordinaria voz. Pero cuando
tu aria `Si ritrovarlo io juro' detuvo el espectáculo, cuando la
ovación de este público curtido y los ¡bravos! de
las galerías fueron durando un minuto y te convirtieron en la estrella
de la noche, sentimos, con un nudo en la garganta, como si la selección
hubiera ganado el Mundial." Pero nada de eso pudimos explicarle entre
los muchos abrazos y apretones de manos. Así que nos limitamos
a conseguir su autógrafo en el programa y repetir "¡bravo
Juan Diego, estupendo Juan Diego!". (EZG)
Cara Italia
EL idioma determina a los pueblos. Porque implica una cultura, una historia, una tradición y un carácter que marcan el reconocimiento entre los propios y la diferencia entre los ajenos. Por eso, es necesario celebrar su particularidad como ahora sucede con la semana de la lengua italiana en el mundo. Fiesta de la palabra que se realiza por segundo año consecutivo y que se extiende a las diversas manifestaciones culturales que ella permite y acoge. En el Perú, desde la inmigración que se inició alrededor de 1850 y que continuó hasta pasada la segunda guerra mundial, los apellidos italianos han firmado significativos pasajes de la historia nacional como lo señala Nadir Morosi, director del Instituto Italiano de Cultura y agregado cultural de Italia, quien además apuntó, al ser entrevistado la semana pasada por la RAI en conexión con su par de Londres, que el Perú es uno de los países más receptivos de la cultura itálica (él ha trabajado en Chile, Uruguay, Brasil, Nicaragua y Honduras) porque aquí los descendientes no se desprenden de sus raíces y, por el contrario, la extienden como lo demuestran las exposiciones y muestra que esta semana se han podido ver en Lima, Huacho, Huaraz, Arequipa, Huancayo, Trujillo y Tumbes. En ese contexto, destaca la visita de Felice Pozzo, el mayor estudioso de Emilio Salgari, famoso autor de innumerables novelas de aventuras entre las que destacan "El corsario negro", "Sandokan", "La reina de los caribes" "El capitán tormenta" y "El misterio de la jungla negra", novela con la que el joven Pozzo quedó deslumbrado al zambullirse en ese mundo fantástico y exótico, de personajes temperamentales y vívidas descripciones (Salgari era un perfeccionista que documentaba sus ficciones con enciclopedias y libros de viajes) que influyeron en escritores de todo el orbe y en latinoamericanos como J. L. Borges, Octavio Paz, Oswaldo Soriano y Luis Sepúlveda. Preguntado sobre la actualidad de su obra, Pozzo indica valores como
la libertad, la justicia y el coraje no tienen tiempo, ni edad y que por
eso las historias de este aventurero que nunca salió de Italia,
que comenzó su romance con el lenguaje haciendo periodismo y que
se suicidó al no poder soportar el drama de su realidad, siguen
conmoviendo a las gentes de nuestra época.
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