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Edición Nº 1746 |
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Enganchando
AHORA bastará con apretar el botón BBC Mundo en
el portal en Internet de CARETAS y ¡presto!, el lector estará
enganchado a una página web de dimensiones y calidad excepcionales. Elaboran BBC Mundo 12 productores, dos editores y jefes de equipo -Alejandra Martins de Uruguay y Xavier Celaya de Venezuela- y Julia Zapata, la editora general, de México. En la organización total de la BBC, sin embargo, trabajan 24,000 personas. Incluye radioemisoras en tres bandas, canales de TV y de cable, y páginas web que se producen, además en inglés y español, en árabe, chino y ruso. (A través de sus 43 vehículos de audio, la BBC también transmite en portugués, persa, hindi, urdu, albano, somalí, vietnamita y pashtu). La página BBC Mundo fue lanzada en su formato potenciado actual
en febrero del 2001, registrando ahora entre 2 a 3 millones de impresiones
al mes, pero con ocasión de los mega-atentados contra EE.UU. ese
11 de setiembre sobrepasó los 4 millones.
(Como referencia, la página de CARETAS, que se inició en enero de 1995, acaba de superar los 6 millones de visitantes, calculándosele un acumulado de 50 millones de impresiones.) "Durante la crisis de Venezuela de abril", relata Julia Zapata, "pasamos a funcionar casi como un medio local. Recibimos una avalancha de pedidos por correo electrónico para que ampliáramos nuestra información sobre lo que estaba pasando. Resulta que, debido al violento enfrentamiento con Chávez, los medios venezolanos no transmitían la posición del gobierno." Y ésa, claro, es una de las características de la BBC en general, el servicio público de noticias ejemplar del mundo: la búsqueda independiente del equilibrio editorial (ver en entrevista a Andrew Thompson, veterano de la Región de las Américas.) "Hay que cuestionar a todos los lados", dice Zapata. "No hacemos excepciones. Muchas veces recibimos mensajes iracundos, otros angustiados. La gente espera mucho de la BBC. No perdona nada. Pero tenemos así una responsabilidad importante. Además, hay que responder rápido a todas las emergencias, incluyendo testimonios diversos, con imparcialidad. Felizmente tenemos un equipo de primera, un equipo joven y cuestionador." La página BBC Mundo, como la de CARETAS también, está
evolucionando hacia un servicio multimedios, que no sólo incluye
textos e imágenes, sino audio y vídeo.
Buscando la Imparcialidad Andrew Thompson, anglo-uruguayo, periodista veterano del Servicio Mundial y la Región de las Américas de la BBC, fue entrevistado para CARETAS en Londres. Sus comentarios reflejan las características de un medio público de comunicación que es tomado como modelo en el resto del mundo.
Entrevista -Como el intento de ser imparcial, porque a nivel filosófico llegar a ser absolutamente imparcial es debatible. Pero ésa es la esencia y la naturaleza misma de la BBC, una organización pública que es financiada por todos los contribuyentes. En el Reino Unido todo el que tiene un televisor en casa paga alrededor de 150 dólares al año por el servicio, y creo que el 99 % de la población abona este impuesto. -Las elecciones británicas, los cambios de gobierno, ¿no influyen en la línea editorial? -No, la BBC tiene la obligación de ofrecer un servicio a toda la población, no importa por cuál partido vote. No somos como un periódico, que puede ser de derecha o izquierda. Nosotros debemos reflejar los diferentes puntos de vista, y los hechos en sí, de la forma más certera posible. Si lo logramos es materia de discusión en el Reino Unido, como suele suceder en una sociedad democrática, pero ésa es la intención. -¿Y el Servicio Mundial está orientado con la misma independencia? -Tratamos de lograr lo mismo y en cierto sentido es más fácil ser imparcial cuando uno está un poco más lejos de los acontecimientos. -¿Menos comprometido, más desapasionado? -Aquí un colega del Servicio Mundial tuvo una frase feliz: "Tratamos de ser imparciales pero no indiferentes". Si el corresponsal está más cerca a los hechos el enfoque periodístico es más intenso pero, a la vez, corre el peligro de comprometerse más con uno u otro bando. En cierta medida, nosotros queremos las dos cosas: mostrar con justicia lo más relevante y, a la vez, reflejar el drama de la situación. Y no es sólo mostrar las dos caras de la moneda, porque la realidad del mundo es tan complicada que un conflicto puede tener cuatro o cinco caras. -¿Qué ejemplo daría para demostrar la independencia de la BBC de la influencia gubernamental? -La experiencia de la Guerra de las Malvinas o Falkland. El Servicio Mundial de la BBC tiene un estatuto que protege su independencia editorial. El gobierno de esa época, el de la Sra. Margaret Thatcher, tenía opiniones muy especiales sobre lo que debía decir o no decir la BBC. El conflicto fue directo. En el Servicio Mundial nos referíamos a las "tropas argentinas" o las "tropas británicas", a "fuentes británicas o fuentes argentinas". La Sra. Thatcher quería que dijéramos "nuestras tropas" y que no correspondía dar igual énfasis a las fuentes argentinas que a las británicas. En el Servicio considerábamos que eso nos llevaba a una toma de posición que restaba independencia y credibilidad. Tuvimos muchos problemas en los que el gobierno sostenía que la BBC estaba dando información confidencial al enemigo, a los argentinos. En un choque armado es a veces difícil trazar la línea entre el interés nacional y el interés periodístico. Pero la BBC, en mi opinión, mantuvo su independencia. Tan es así que, cuando el gobierno quiso hacer transmisiones propagandísticas, tuvo que tomar por decreto un transmisor de la BBC en las islas Ascensión e instalar allí una radio, Radio del Atlántico Sur, para emitir mensajes diseñados a quebrar la moral de las tropas argentinas. Pero la BBC no tuvo nada que ver con esa operación. -En el Servicio Mundial de la BBC nunca se alude a "terroristas". ¿Por qué? -Tradicionalmente la BBC no utiliza la palabra terrorista como adjetivo porque, si estudiamos la historia reciente y dependiendo del punto vista, bien podríamos haber llamado terrorista en su tiempo al después primer ministro de Israel Menagem Beguin o al presidente de Sudáfrica Nelson Mandela. Hay demasiados valores, circunstancias y prejuicios políticos enfrascados en esa palabra, y el Servicio Internacional prefirió dejar que el oyente juzgue. -El 11 de setiembre, sin embargo, la BBC sí utilizó el término terrorista… -Ya el Servicio Doméstico de la BBC calificaba de organización terrorista al Ejército Republicano Irlandés. Así que la regla se había roto internamente. Por otro lado, si bien la cobertura de la BBC fue infinitamente más cautelosa que la de los medios estadounidenses, en hechos de esa magnitud no se pudo dejar de reflejar la posición del primer ministro Tony Blair, que estaba muy cercana a la de Bush, y en esa relación se aludía a ataques terroristas constantemente. -¿Diría que la BBC comete errores? -Espero que no a menudo, pero cuando cometemos errores los admitimos. Hace poco uno de nuestros corresponsales más conocidos, John Simpson, fue de los primeros periodistas en entrar en Kabul y anunció casi en chiste que "la BBC está liberando Kabul". Eso es algo que nunca debió decir porque, en primer lugar, era inexacto, ya había otros, y porque así tomaba partido frente a los talibanes. Nosotros necesitamos tener corresponsales en ambos bandos. Basta ver nuestros requerimientos para cubrir adecuadamente el conflicto en el Medio Oriente entre israelíes y palestinos. -¿En el Medio Oriente la BBC logra una imparcialidad real? -Sería muy arrogante de la BBC decir que nuestra independencia editorial es absoluta y que nosotros tenemos el copyright, la marca registrada. Los periodistas son humanos y, aunque traten de evitar ser tendenciosos, no pueden dejar de reflejar su formación y cultura. Y yo creo, por ejemplo, que los periodistas hombres tienen una sensibilidad diferente a la de las mujeres. Pero nos esforzamos por ser imparciales.
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