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Edición Nº 1746 |
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Casi Famosos
Mientras Líbido se lleva meritoriamente el MTV Latino, los garajes de Lima siguen retumbando con música joven aún por descubrir y no tan afecta a los premios por acumulación de correos electrónicos. Tres frescas muestras: Turbopótamos, Muma y Adali. Sobre el primero, un nombre estúpido, cuatro sujetos desentendidos, dos revelaciones. 1) Haber sido la mejor banda 2001 de la Católica, su hasta ahora alma máter y 2) haber alcanzado el primer lugar en el ranking de una radio de Ica. La primera fue definitiva. Gracias a ella se dieron cuenta que, efectivamente, eran un grupo de música. Pero fue por la segunda que descubrieron cierta acogida (aunque sea en provincia). LOS Turbopótamos nacieron, hace un par de años, de la unión del gusto por la moda y el rock and roll de los '50. Sus miembros, Humberto, Marco, Juan Luis y Mayu, añoran aquellas épocas de los pantalones de cuerina y la vaselina, donde los hits de Presley -ésos que nunca morirán- hacían bailar a multitudes eufóricas. Aquellas épocas de desenfreno. Su música, que muchos -hasta ellos mismos- podrían llamar absurda, /Quiero una chola jet set/ soy un blanco pitucón/ qué contradicción/ mi gente no la puede ver / me harían roche en el barrio/ qué presión/; no es más que un juego melódico, fonética pura. El instrumento del que se sirven para revivir ese pasado ajeno y poder sentirlo como suyo. No existe un tema específico ni un mensaje directo. Sólo
ganas de pasarla bien, burlarse de sí mismos. Tocar como si lo
hicieran en casa, gritar, estar parado sin tener vergüenza. Sin venderse,
como piensan que sí lo han hecho otros grupos musicales, sobre
todo los rockeros como Líbido. Tener las bolas para poder hacer
verdadero rock and roll.
MUMA Música de la calle. Jazz, funk, festejo, landó. Música de improvisación, híbrida, sin limitaciones. Hecha por hermanos y entre amigos. Se conocen de toda la vida. Recuerdan haberse visto cientos de veces -cuando alguno de sus padres, Pochi o Manongo, tocaba. Recuerdan haber querido, siempre, tener la oportunidad de hacerlo juntos, pero tuvieron que esperar largo tiempo. Hace unos 8 meses, Alec y Noel Marambio volvieron de un viaje de aprendizaje (tomaron clases de guitarra y bajo, respectivamente, con los músicos David Fichinski y Mathew Barrison). Nueva York les había dado lo que necesitaban: experiencia y ganas de crear, de poder tocar con libertad, experimentar. Los hermanos Mujica, Daniel y Cristóbal, aceptaron de inmediato la propuesta de sus amigos. Muma -Mujica/Marambio- estaba listo. La combinación lograda. Una guitarra, un bajo. Batería y percusión. Sin voz, sin letras. Instrumentos hablando por sí mismos. Capaces de volar con una nota y aterrizar en silencio. Esta música no pretende divertir. -La distinción es su
propuesta-. Sólo transmitir lo que sus miembros sienten cuando
el instrumento se cuela entre sus manos y consiguen despegar. Contagiar
un poco de libertad.
DE SAN MARTIN, CON UDS: ADALI Una voz de gigante escondida tras la fragilidad de una mujer casi niña. Una voz ronca carga consigo la nostalgia de un canto que duele, vive y respira. Muchas veces lloró. Con el sonido de su propia voz rompiéndose al chocar con el viento, luchando contra sus propias penas. Es inevitable no contagiarse del llanto de esa música llena de heridas que nadie sanó. Gary Moore fue el primero, un amigo se lo presentó cuando apenas comenzaba la adolescencia. Luego llegaron Janis Joplin, Jimi Hendrix, su casa en San Martín de Porres, se invadió de blues. La primera vez que subió a un escenario fue a los 15 años. Nadie pensó que la pequeña, delgada y quebradiza, con esa mirada introvertida, expulsaría el alma por la boca y se arrancaría el corazón con sus propias manos para entregarlo como si fuera una ofrenda. Pero esos mismos rostros deformados de asombro, luego de oírla, confirmaron la grandeza de esa niña. El poder de su voz. Cuatro músicos experimentados, Nicolás Mantani, Jonathan Quispe, Rafael Egoaguirre y Jorge Oblitas, le dieron la oportunidad. De conocer músicos con los que pudiera cantar como en familia. De hacer, con mayor disciplina y constancia, lo que quiere hacer el resto de su vida. (Lorena Salmón).
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