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Edición Nº 1746 |
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El Fandi
Sí Se Faja
Por el MARQUES DE VALERO DE PALMA EL Fandi surgió de la nieve y acabó mimetizándose en la arena de las plazas de toros. Vivió hasta la edad de 14 años en Sierra Nevada, esos picos blancos que cuelgan sobre Granada. En Sierra Nevada hay nieve en polvo perenne y se puede esquiar "todo el año", cosa que no puede hacerse en el resto de las grandes y más septentrionales estaciones de esquí europeas. En este extraño "hábitat" donde uno puede acerar las piernas haciendo slalom a 4.500 metros de altura y bañarse dos horas y pico después en las cálidas aguas del Mediterráneo (pasando antes por cortijos a pie de sierra donde hay vaquillas que se dejan torear), el Fandi tuvo que deshojar la margarita de la duda y tomar la decisión de su vida.
Y la tomó. Pudo más la afición por el toreo que el llegar a ser campeón de esquí (llevaba el camino de esto). Santiago López, su apoderado, cuenta que el Fandi llegó a torear 60 novilladas sin picadores sin haber tentado una sola vez. Sólo con "su potencial físico, su intuición y su carisma", algo que parece increíble. Como dicen en España: "un lanzao". Santiago López siempre entendió de toros y toreros. Santiago López, hasta finales del 98, apoderó a José Tomás, ¡casi nada! Así que Santiago López sabía ya, obligatoriamente, de "despaciosidades", de temples, de correr la mano y de toreo del bueno. Santiago López vio a un Fandi que conectaba con el público y repetía actuaciones sin haber estudiado la asignatura. Pura praxis ante los toretes que tenía que matar. Como si a un actor lo contrataran sin haber ensayado y saliese a escena con un libreto mal aprendido. Ningún estudio en tientas de ganaderías importantes, que es la forma que hay para matricularse en el oficio. Y Santiago López, a partir del 99, y junto a Emilio Miranda, acabaron apoderando al Fandi, rompiéndose el cráneo para quitarle ese vicio de torero "bullicioso" y autodidacto. Atemperándolo. Sosegándolo. Aquietándolo. ¿Recuerdan al Juli cuando se presentó en Lima? Se nos apareció como un torero de capa profundamente innovador y creativo. Nadie sabía lo que iba a hacer. A casi todos los toreros se les adivina, se les ve sus intenciones ante el toro. A muy pocos toreros, como el Juli no se les encuentra el argumento prefijado. Porque tanto el Juli como el Fandi son descubridores de tierras nuevas e ignotas, viajeros misteriosos que van más allá de los confines roturados por la tauromaquia. Así era el Juli y así es hoy el Fandi. Muy ecléctico aquél y muy bullicioso éste. Los dos necesitaban sedarse. El Juli, aunque no abandona su senda ecléctica, está hoy más tranquilo y el Fandi está, en tiempo récord, llegando a ese toreo fundamental de la lentitud y el desmayo, que es toreo de perfección que ya se le siente y se le adivina (aunque no siempre) en algunos que otros muletazos y lances de capa que son "la gloria bendita" como diría cualquier andaluz. Entendámonos: el Fandi es una mariposa que está saliendo de la crisálida y está en plena transfiguración. Toma del antes porque es capaz de levantar la plaza con su toreo intuitivo, personalísimo y contundentemente espectacular, aunque con ribetes de bullicio a veces anodinos. Y toma del después porque si se encandila con el toro y se encuentra en la paz interior del toreo de la lentitud y el mando supremos, veremos cómo el cielo se abre y un haz de místicos rayos de luz ilumina la plaza. ¿Cómo torea el Fandi?
Suele recibir a los toros de rodillas con largas cambiadas, afarciados, verónicas genuflexas. Puede que, con la capa, ya de pie, alguna que otra verónica antológica. Con las banderillas, ya es más que sabido, armará la revolución, sobre todo si pone algún par a la "moviota" corriendo para atrás (¿entienden esto?) para saltar en el momento del encuentro, levantando las manos al cielo y colocando las banderillas en su sitio. ¡Lo nunca visto! Nuevos pares de banderillas para el nuevo milenio. Con la muleta tiene muchos recursos, y entre el antes y el después, podríamos llegar a ver, posiblemente, y con muerte naturales con la mano baja para soñarlos. Y he visto en un vídeo, en la plaza de Vistalegre de Bilbao, uno de los mejores volapiés al ralentí, de ejecución perfecta, que he visto en muchos años, matando al toro sin puntilla. ¿Pero siempre mata así? Pues mucho de esto debe haber cuando su promedio de orejas cortadas es dos por corrida. Viene a Lima a tres corridas y por lo tanto hay amplias posibilidades de que pueda salir a hombros por la puerta grande más de una tarde si su regularidad española se prolonga aquí. Quisiéramos encontrarlo en Lima en plena búsqueda de su
futuro, del toreo grande, del antishow, de la emoción contenida,
con esa mano suave que tira del toro como si acariciara palomas, como
si rompiera el silencio de la plaza con las yemas de los dedos sujetando
el arco de un violín.
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