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Edición Nº 1746 |
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A mí nadie me va a hacer creer que fue una mera casualidad que, justo-justo cuando estaba a punto de inaugurarse una reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Lima unos policías que más parecían matones de barrio se ensañaran con hombres y ¡mujeres! de prensa. Evidentemente eso fue parte de uno de los tantos complots urdidos en contra del gobierno de Toledo, para hacer creer a la prensa internacional reunida en Lima que aquí no sólo no había libertad de prensa sino que el gobierno, sí, el gobierno, reprimía ferozmente a la prensa. Esos brutales policías, que atacaron con premeditación y alevosía a fotógrafos y reporteros(as) lo hicieron evidentemente por consigna, que por cierto no provino del Ministerio del Interior, sino de esos servicios de inteligencia del fujimontesinismo (término que ya harta) que siguen infiltrados y activos, o de gente corrompida por partidos que quieren hacer daño al gobierno aunque sea a costa de la cabeza de los periodistas. Los titulares de algunos diarios que se produjeron a raíz del hecho confirman mi sospecha. Luego de ello, la misma prensa atacó repetidamente a Toledo por una frase tan simple y llana como ¡Déjenme trabajar!, infiriendo de ella una amenaza a la libertad de prensa, sin parar mientes y más bien sorprendiéndose de que la asamblea de la SIP, integrada por periodistas calificados, ovacionó a Toledo al término de dicha alocución. Como quien suscribe recuerda muy bien casi la misma expresión ("Trabajar y dejar trabajar"), suscrita por el presidente Fernando Belaunde durante su segundo gobierno, no deja de extrañarse que hoy en día el presidente Toledo sea motivo de sospechas por decir casi exactamente lo mismo. Hay evidentemente una malevolencia en marcha, sin duda manipulada. ¡Déjenme trabajar!, ese es el simple pedido que hace el Presidente de la República a una prensa que lo ha sometido al más grande aluvión de críticas y comentarios adversos que se haya visto jamás en la historia del Perú. Y sin asco esa misma prensa le cae encima por decirlo. ¿Será que se quiere un Presidente mudo y atado de manos? Un cínico podría decir que quizá eso sería lo mejor. Inmediatamente después la prensa malintencionada, entre la que lamentablemente destaca recientemente el diario "Correo", al que juzgábamos independiente, se rasgó las vestiduras por las declaraciones del ministro de Defensa, Aurelio Loret de Mola, quien calificó a ese sector periodístico de cuervos y pirañas, armando por ello un escándalo que obligó a guardar distancia hasta a "El Comercio" y al Presidente del Consejo de la Prensa Peruana, Enrique Zileri. La actitud de esa prensa, justamente, justificó lo de cuervos y pirañas. Yo diría más: alimañas. (Por las mañas, claro). Creo que aunque Alvaro Vargas Llosa parece creer que el brazo de la ley no le alcanza y que como periodista puede difamar a quien quiera sin necesidad de probarlo, sería muy bueno, y hasta necesario, que se levantara la orden de captura que pesa contra él, y en la que se escuda para no dar la cara, permitiéndole así acercarse al juez y probar lo que seguramente no tiene cómo probar. Así al menos no tendrá la excusa para vestirse de mártir. Tendrá que ponerse quizá un traje de persona común y silvestre. Como si fuera un cholo cualquiera, digamos, y no un hijo de papá. Leo en la ventana trasera de un ómnibus destartalado: "Marcha contra el abuso de las aseguradoras". ¿Y quién marcha contra el abuso permanente de los transportistas, que son los que en América Latina producen el mayor número de accidentes de tránsito con víctimas mortales? Como lo predije en la edición anterior: aún no ha asumido el buen Lula da Silva y ya sus partidarios le están exigiendo lo mismo que le exigía el extremista Carlos Altamirano a Salvador Allende: que expropie las tierras y las industrias, lo que condujo a Chile a una de las más grandes crisis de su historia y, lo que es peor, a Pinochet. Y eso es al menos lo que, meses antes de que asuma el poder, ya le reclaman el Movimiento de los campesinos Sin Tierra (MST) y la Central Unica de Trabajadores (CUT), dos de los principales sustentos de su victoria. Y todavía la cosa no ha empezado. ¡Cómo será después! El aviso ese de una sobresaliente universidad, repetido en todos los medios, en el que, con el lema "Te preparamos para atrapar la mejor oferta" (léase presa), se ve a una leona por atacar a una inocente cebra, a un león mordiéndole la yugular a un antílope o a un leopardo a punto de atacar a unas gacelas, ¿será un llamado a los estudiantes a triunfar en la ley de la selva o a tener éxito en el capitalismo salvaje? Como sea, pero no me parece el más apropiado. Ni mucho menos el más humanista. En actitud que califico de escandalosa, la Asociación Médica Peruana ha protestado contra la SUNAT por las averiguaciones que realiza acerca de las actividades profesionales de algunos médicos, rechazándolas en nombre del "derecho a la intimidad", como si la SUNAT estuviese en verdad interesada en saber quién se quitó las arrugas recurriendo a algún célebre y costoso cirujano plástico, o quién se tuvo que realizar una muy bien remunerada operación al corazón, y no en los impuestos a la renta que se dejaron de pagar. El "derecho a la intimidad" que defiende en forma altisonante esa Asociación me parece que está más bien dirigido a la intimidad de las chequeras. Ante la tragedia de la toma y rescate de rehenes del teatro de Moscú, muchos peruanos hemos tenido presentes a los comandos Chavín de Huantar, a quienes quizá el gobierno ruso debió haber consultado. Circunstancias y tiempos diferentes, es verdad, pero también los resultados.
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