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Edición Nº 1747 |
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La Arremetida
de Bush
Escribe LUIS NAVAJAS "Se pierden elecciones EL presidente Bush y el Partido Republicano que lidera obtuvieron un resonante triunfo en las elecciones de mitad del mandato del 5 de noviembre pasado: ampliaron el control de la Cámara de Representantes (de 223 bancas a 227), ganaron nuevamente el control del Senado (de 49 bancas a 51) y mantuvieron una mayoría de gobernadores a pesar de los modestos avances realizados por los demócratas. Retuvieron la simbólica plaza de Florida, donde Jeb Bush fue reelecto como gobernador, y conquistaron la gobernación de Maryland, derrotando a Kathleen Kennedy Townsend, del famoso clan demócrata. Con estos éxitos, George W. Bush se pone al nivel electoral de Franklin Roosevelt que, desde 1934, fue el único presidente que mantuvo su mayoría en las elecciones de mitad del mandato. Un verdadero salto cualitativo para alguien que llegó a la presidencia sin la mayoría del voto popular y con muy pobres calificaciones como político. ¿Cuáles fueron los factores que influyeron para que los republicanos superaran a los demócratas? ¿Qué perspectivas abre esta situación en Estados Unidos? LIDERAZGO, ESTRATEGIA Y PROGRAMA Resulta indudable a esta altura del partido que George W. Bush ejerce un sólido liderazgo sobre la población de Estados Unidos. Este fenómeno ha sido laboriosamente construido a partir de las permanentes intervenciones del Presidente desde los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001. La guerra contra el terrorismo, y su nuevo capítulo en su confrontación con Irak, ha servido para que Bush mantenga una constante presencia en los medios de comunicación, reforzando una imagen de persona decisiva, enérgica y de soluciones simples (que algunos consideran simplistas). Además, ha colocado a la guerra y al problema de la seguridad en el centro de su discurso frente a un electorado muy sensible a la posibilidad de un nuevo ataque terrorista, lo cual le ha servido para captar la tendencia de la población a brindar el apoyo que necesita el "Comandante en Jefe" en los momentos de tensión. El liderazgo y la popularidad de Bush ha sido un elemento clave en una campaña frenética en apoyo de los candidatos republicanos. Frente a esta realidad, los demócratas aparecieron tímidos, vacilantes y carentes de liderazgo, cuando no abiertamente apoyando al Presidente. La renuncia de Richard Gephardt al liderazgo de los demócratas en la Cámara de representantes ha sido interpretada por unos como una confesión del fracaso de la posición que buscó no confrontar al Presidente mientras otros estiman que es un paso destinado a ubicarse en carrera para las elecciones presidenciales del año 2004. La posible elección de Nancy Pelosi, representante de California, para reemplazar a Gephardt permite pensar que el Partido Demócrata está buscando volver a sus fuentes con un mensaje más progresista y liberal y un liderazgo más enérgico. El liderazgo de Bush fue complementado con una estrategia cuidadosa. A pesar de las enfáticas negativas, el tema de la guerra contra Irak fue empleado con toda intensidad en la campaña con el objeto de lograr puntos a favor. Los planteos demócratas de postergar la discusión sobre este importante asunto hasta después de las elecciones no fueron escuchados. La iniciativa desplegada al respecto por la administración puso a los demócratas en la disyuntiva de atacar a Bush en un tema clave de seguridad nacional o plegarse a él. Esto fue lo que en definitiva ocurrió, a pesar de algunos intentos de parte de Gore y Carter. El voto en las cámaras concediendo poderes a Bush en su confrontación con Irak, con el apoyo de Gephardt y otros connotados demócratas, contribuyó a crear una impresión de desconcierto entre éstos. Otro elemento fundamental de la estrategia republicana fue recurrir a un método antes empleado intensamente por los demócratas: trabajar con los grupos de base para persuadirlos de concurrir a votar. Este elemento fue clave cuando se tiene en cuenta que, por ejemplo, en Minnesota, si 20,000 personas más hubiesen votado por el candidato demócrata para el Senado, hubiese resultado electo el ex vicepresidente Walter Mondale; o si 10,000 personas hubiesen votado por el candidato demócrata en Missouri, éste hubiese resultado electo1. Con ello, el Senado hubiese cambiado de composición. La guerra contra Irak y el asegurarse el voto de los sectores de base del Partido Republicano se complementaron con el mensaje referido a la necesidad de eliminar el "obstruccionismo" demócrata en el Senado para aplicar el programa del presidente Bush. El programa fue también un aspecto importante en el éxito de unos y en el fracaso de otros. La prioridad concedida por Bush al tema de la seguridad nacional hizo que la necesidad de constituir el Departamento de Seguridad Interior (Homeland Security Department) fuese uno de los planteos fundamentales de los republicanos2. En materia económica, el programa republicano incluye un nuevo recorte impositivo que es otro tema en el cual los demócratas han terminado fraccionados y brindando parcialmente su apoyo al Presidente. Los aspectos económicos generales, que los demócratas buscaron infructuosamente poner en el centro del debate, no fueron debidamente considerados. Aspectos tan importantes como el déficit fiscal, hoy nuevamente instalado a partir de los recortes de impuestos y el pronunciado incremento de los gastos militares no tuvieron ninguna resonancia en el debate a pesar que previsiblemente la deuda pública, correlato del déficit, tenga un efecto importante sobre las tasas de interés y en la elusiva reactivación económica. Tampoco se trató un elemento crucial como es el futuro del sistema de seguridad social o el incremento descontrolado de los gastos de salud. LAS PERSPECTIVAS El momento por el que atraviesa Estados Unidos pone a la precariedad como un signo que atraviesa todo el espectro político. La indudable victoria de los republicanos deja sin cambios, sin embargo, la realidad de un país dividido casi en mitades con los demócratas y donde el abstencionismo abarca casi al 60% del electorado. Los márgenes de control en ambas cámaras son estrechos y de allí la prudencia de Bush al bajar el tono de los festejos republicanos y referirse a la necesidad de colaboración con los demócratas. Sin embargo, y haciendo ya un puente inevitable, el Presidente anunció que si decidiera correr para la reelección en el 2004, su compañero de fórmula sería Dick Chenny, el actual vicepresidente. La economía sigue sin lograr la tantas veces anunciada reactivación, a pesar de los reiterados recortes en las tasas de interés. La incertidumbre signa la política exterior también. Es difícil prever cuál será la evolución de los acontecimientos con respecto a Irak y cuál será el papel que jugarán, en definitiva, las Naciones Unidas en este espinoso asunto. Tampoco es posible determinar cuáles serán los efectos de la política exterior de Estados Unidos en el Oriente Medio, especialmente en el conflicto de Israel con Palestina ni cuál será la marcha general de la guerra contra el terrorismo. Todos éstos son elementos cuya evolución puede, en un momento, cambiar radicalmente la situación actual y tener un impacto en el juego político interno. El control republicano de ambas cámaras y de la Casa Blanca hace que si algo no funciona bien no se pueda acusar a los demócratas por ello. El éxito obtenido trae a la memoria aquel dicho tan caro a los anglosajones: "Cuídate de tus deseos porque los dioses, para castigarte, te los podrían conceder". En todo caso, se espera que los republicanos pongan en práctica su agenda constituyendo el Departamento de Seguridad Interior, implementando el nuevo recorte impositivo y convirtiendo en permanente el recorte anterior, "flexibilicen" la legislación de protección del medio ambiente e implementen el incremento de los gastos militares. Otro aspecto de singular importancia es la confirmación de los jueces que ha nominado la Casa Blanca, pues ellos serán quienes pongan en práctica la legislación que les interesa a los republicanos. Por el lado de los demócratas, muchas son las decisiones que deben tomar y todo parece indicar que tendrán que decidir sobre una estrategia y un programa con miras a las elecciones del 2004. Quién deberá asumir el liderazgo para entonces será algo difícil de decidir. En lo referido a América Latina, la nueva situación permite pensar que será prontamente confirmado Otto Reich como Secretario de Estado Adjunto para la región. No se perciben, sin embargo, cambios fundamentales en lo que ha pasado a ser un tema de escasa relevancia para la administración republicana. A pesar de las declaraciones iniciales, la política migratoria tan importante para México no ha registrado avances especiales. La victoria de Lula en Brasil hace prever que se buscarán acomodos que permitan limar las aristas del antiguo discurso socializante del nuevo presidente. En lo referido a Argentina, el realismo parece haberse instalado y la administración Bush, a través del Departamento del Tesoro, está brindando un tímido apoyo político al gobierno de ese país en sus negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Venezuela sigue sin encontrar un rumbo definido: mientras la oposición quiere hacerle recordar a Estados Unidos su apoyo inicial al golpe contra Chávez, las realidades de la eventual guerra contra Irak conduce a la necesidad de preservar una fuente de aprovisionamiento de petróleo tan importante como es Venezuela. De allí la sordina puesta a las declaraciones de Chávez sobre Estados Unidos y las gestiones del Secretario General de la OEA, César Gaviria, diligente componedor de asuntos importantes para Estados Unidos, que busca resolver el entuerto en el marco de la Constitución Bolivariana, favorable a Chávez. Colombia seguirá siendo un punto de la dura realidad que impone una guerra interna financiada en gran parte con dineros del narcotráfico que se originan, en su mayoría, en el consumo que se realiza en Estados Unidos sin que este aspecto crucial reciba la atención que se merece. Las negociaciones en materia de comercio exterior seguirán su rumbo sin que la política interna de Estados Unidos tenga un gran impacto en ella. De allí que quizá éste sea un buen momento para que los países de América Latina comiencen a pasar revista, de una manera realista y con menores presiones externas, a los gravísimos problemas que los afectan y que, de seguir el curso actual, acabarán precipitándolos en una crisis de proporciones en poco tiempo más. ________ 2 El mensaje de los republicanos es que este proyecto está detenido en el Senado por culpa de los demócratas; éstos afirman que el proyecto incluye la eliminación de derechos de los servidores públicos que no se justifican.
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