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Edición Nº 1747 |
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Por JAIME BEDOYA
NO hay más pesada carga para el lomo humano que la condición de extranjero. El severo lastre de desarraigo que un cielo ajeno inflige sobre el espinazo migrante pone a prueba la resistencia de la más curtida fibra. Es entonces que el heroísmo anónimo se sobrepone a la mirada artera de la autoridad migratoria y al triste trance que supone orinar solo en una calle ignota, triunfando desde las tinieblas de la interlocución solitaria frente a un ajado espejo de baño común. Pero no confundamos. Hay héroes y hay oportunistas. A Laura Bozzo la redime, supuestamente, su internacionalización. Esta pátina de reconocimiento extranjero en virtud de ser popular en otro país produciendo basura aun bajo arresto domiciliario la haría digna de admiración. El papel higiénico es superior y universalmente mucho más exitoso, pero no por ello el mejor ejemplo a seguir para nuestros hijos y los hijos de sus hijos. Los peruanos que sí triunfan en el extranjero son los que nadie conoce. No tienen los contactos ni la maquinaria de propaganda personal para hacerse notar, pero han sabido hacer viables sus pequeños proyectos de vida en algún otro lugar del mundo sin hacerle daño a nadie. Pongamos el caso del peruano Antonio Dogni Chumpitazi, emigrado desde el año '87 que tras fútil coqueteo con las artes del bricolaje se ha establecido finalmente en Madrid como el más reconocido redactor de solapas de poemarios publicados por la colonia nacional en la madre patria. La silente labor cultural de Dogni Chumpitazi -su trabajo diario lo ubica como dependiente de la sanguchería Rodilla frente a la Estación de Atocha- adolece de la estridencia de la autopromoción, pero ha llegado inclusive a llamar la atención de los connacionales esparcidos alrededor del mundo, estableciendo una cadena propositiva de migrantes en acción. Dogni Chumpitazi ha sabido ganarse el respeto en un oficio que es un homenaje al justo medio, a prudente distancia del amiguismo pero sin caer en la odiosidad de la crítica gratuita. Tal es la notoria factura de su prosa que ya se encuentra en imprenta una antología de sus mejores comentarios de solapas, donde se podrán leer textos como el siguiente: "Tu palabra me da vida Señor, dice un consabido canto religioso. Esta verdad de fe se hace carne en los poemas de Ojeda Timberland. La diferencia nutricional radica en que su valor proteico apela a lo inasible, a las más elevadas apetencias del espíritu. Por eso no exagero si digo que este poemario no lo he leído, lo he masticado. Y puedo jactarme, como jamás lo haría en ese escenario áspero conocido como mundo real, de desearme una digestión lenta y repetitiva." Las líneas anteriores pertenecen a la solapa del poemario "Pan con Palabras", que junto con ese difícil reto que supuso solapear el poemario "Mi Mejor Opinión es el Silencio"1, constituye su más reconocida obra. Ambas colecciones poéticas son de la autoría de la poeta Lucita Ojeda Timberland, a la sazón otra peruana que hace 23 años partió a California en busca de horizontes para ejercer la enfermería, aunque el destino ya le tuviera deparado el feliz descubrimiento de la poesía como medicina espiritual. El destino obra de misteriosas maneras entre los expatriados: Ojeda tenía entre los pacientes bajo su cuidado en el Rear Hills Rectum Hospital de Sacramento a otro migrante digno de mención. Nos referimos a Walter Coloma Portales, conocido actualmente entre la colonia peruana de la unión norteamericana como El Rey del Vernissage. Coloma, otrora relacionista público de una distribuidora local de películas, conoció el mundo del cóctel cultural a través de quien es el maestro indiscutible del género de llegar a algún sitio sin estar invitado, un periodista solo conocido por el apelativo del Cabezón de los Cócteles2. El susodicho era el primero en llegar -y el último en irse- (sin estar jamás invitado, por cierto) de todo estreno cinematográfico organizado por Coloma. Este partió del Perú a fines de los '80 e inició sus operaciones en Nueva Jersey cuando, apremiado por la necesidad y fiel a las enseñanzas del Cabezón, empezó a llevar nota -vía consulado, clubes de peruanos, y el boletín mural del Peruvian Pollo's Fantasys3- de todo evento social o cultural que implicase la existencia de dos o más fuentes de bocaditos. Si bien inexpertamente tímido al comienzo, Coloma empezó a dejarse caer por cada uno de estos hasta que pasados los tres meses de sacrificada inversión social la calidad de toda reunión era evaluada sometiéndola a lo que se dio en llamar el Colomatón, es decir, una sola pregunta: ¿Ha venido Coloma? Eventualmente el circuito de Patterson le quedó chico, pero consciente de sus límites Coloma prefirió postergar sus intentos de un crossover que lo llevara a zamparse a cócteles del Moma. Optó por lo seguro, y otra vez gracias a las vigas maestras establecidas por el Cabezón -saluda a todo el mundo así no los conozcas- una conversación con un desconocido lo hizo caer en cuenta de la celebración de la semana peruana en California. Seis días seguidos de algarrobinas y piqueítos de causa en sobre le recrudecieron una vieja y privada dolencia fruto de su metier, ignorando la sumisión de por vida al Escaldex y a los baños de asiento que supone una dieta aleatoria. Felizmente las balsámicas pinceladas de tintura de yodo de manos de Lucita Ojeda Timberland (ex tallerista de pintura al óleo), cerraron las heridas de guerra, aunque abrieron en Coloma una nueva ventana expresiva: la poesía. Ojeda lo condujo a la terapia artística, sugiriéndole llevar al verso su experiencia como profesional del vernissage. Al menos de los textos de las solapas no tenía por qué preocuparse, ella tenía contacto en Madrid con la persona indicada. A estas alturas quisiera creer que huelga decir el nombre del ensayista que Ojeda Timberland tenía en mente. El proyecto está en proceso4 . Si la patria es aquel lugar donde uno tiene el cepillo de dientes, esta gente triunfa en esa gran patria que es el mundo sin deberle nada a nadie. ___________ 2 Desde 1983 este ubicuo personaje no falta en conferencia de prensa, inauguración, conversatorio, avant premiere, debate, recepción de embajada, recital, que se realice en Lima. Es alto, cabezón, y usa anteojos. Nadie sabe su nombre y en ello radica gran parte de su éxito. 3 196th St. Bronx, NY. 4 El poemario inédito de Coloma lleva por título: "¡Mozo! (Diez años yendo a todo tipo de inauguraciones)" Incluye la plaquette "Ajusta, Coloma" (poética cúbito ventral)", recuento de sus días internado en el Rear Hills Rectum Hospital.
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