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Edición Nº 1749 |
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Alboroto
y Aborto El cardenal Juan Luis Cipriani descargó iras poco santas cuando atacó al Congreso por haber dado luz verde a la incorporación del aborto terapéutico (que protege la vida de la madre gestante) en la nueva Constitución. La polémica tiene aristas muy complejas y la principal -para Cipriani, Rey y la jerarquía católica- pasa por promover que la Carta Magna a aprobar llegue al extremo de prohibir cualquier clase de aborto. El debate está servido. PODRIA decirse que el domingo 24, durante su homilía en la Catedral de Lima, el cardenal Juan Luis Cipriani repartió cebollas en lugar de bendiciones. Llamó "cobardes e hipócritas" a los congresistas que habían votado en contra de la pena de muerte y -al mismo tiempo- a favor de incluir el aborto terapéutico en la nueva Constitución. Con ello preparó el terreno para la aparición de Rafael Rey como tributario de uno de los argumentos antiabortistas más cavernarios de los que se tenga memoria. Así, Rey Rey declaró: "Nuestra sociedad admira a las personas que con riesgo de muerte toman acción para salvar a un amigo y no a aquel que escapa y deja al amigo en una situación difícil, o a aquel que mata para salvar su vida. Y eso es, precisamente, lo que el aborto terapéutico pretende". Más adelante -y sin que le temblara una ceja- agregaría que, de darse el caso, era preferible el sacrificio de la madre a la interrupción del embarazo que amenaza su vida. Al escuchar estas "apreciaciones", comparables con aquellas en las que Rey se declara a favor de una nueva amnistía para los militares que violaron derechos humanos durante el fujimorato, uno no puede dejar de pensar en lo difícil que resulta para un hombre aproximarse a la sensibilidad femenina en un tema tan complejo como es la gestación de una nueva vida. Es por eso que CARETAS le propone amistosamente al congresista una alegoría
(ver carátula). Dicen que la maternidad enternece a la gente.
ABORTO Y DESMADRE Sorprendió que monseñor Cipriani reaccionara -cual resorte algo oxidado- dos meses después de que el Congreso incluyera provisionalmente al aborto terapéutico en la nueva Carta. ¿Será porque la próxima semana el presidente Toledo visitará al Papa Juan Pablo II en el Vaticano? ¿O tendrá que ver con la visita de James Wolfensohn, presidente del BM y hasta cierto punto involucrado con el probable financiamiento de los programas sociales? Sea como fuere, el conflicto se gestó tiempo atrás, cuando el Legislativo discutía el artículo 2 del proyecto de Constitución. Según Henry Pease -presidente de la Comisión de Reforma Constitucional- en ese entonces "nadie consideró la posibilidad de incluir el tema del aborto". ¿Qué sucedió entonces? "Fue precisamente Rafael Rey y siete congresistas más los que propusieron un inciso que prohibía todo tipo de aborto". La iniciativa de Rey, como se sabe, no alcanzó los votos requeridos. Habría que recordar que desde 1924 el Código Penal peruano despenaliza el llamado "aborto terapéutico". Es decir, aquel que se practica en caso el embarazo ponga en riesgo la vida de la madre. Sin embargo, en esa misma sesión del 3 de octubre un grupo de congresistas mujeres, "entre las que estaban Dora Núñez y Meche Cabanillas, o Judith de la Mata, no recuerdo bien" -dice Pease-, planteó la inclusión de una fórmula que dijera que el aborto estaba prohibido "salvo la excepción de ley". Así, el texto consensuado fue: "Art 2, inciso 1: (...) El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto lo favorece. Se prohíbe la pena de muerte. Está prohibido el aborto, salvo la excepción permitida por ley".
Esa es la redacción que ha impulsado a monseñor Cipriani y a Rey a poner el grito en el cielo. Ambos temen -y también la Iglesia Católica, a través de obispos como Luis Bambarén- que la excepción abra paso a otros tipos de aborto y a su despenalización generalizada en un futuro próximo. Hasta hoy era claro que cuando el proyecto habla de la excepción "permitida por ley", se refiere al que está recogido en el Código Penal. Aún así, Pease cree que el escándalo es desproporcionado. "El acuerdo fue tomado con 79 votos, uno menos de los que se requerían para que quedara oleado y sacramentado". Y agrega: "Es obvio que el inciso será visto en una nueva oportunidad al no haber alcanzado los 80 votos". Es decir, el escándalo no corresponde a hechos consumados. Por tanto, ¿qué se traerán entre manos los purpurados? Quizás ejercer presión en los medios para que los congresistas se vean forzados a rechazar, en una nueva votación, toda modalidad de aborto. No hay que olvidar que tras la votación del 3 de octubre, el lobby eclesiástico en el Congreso -encabezado por monseñor Bambarén- logró que cuando menos, al día de hoy, 67 legisladores estén dispuestos a que la excepción sea retirada. ¿Qué significaría esto? Mantener la situación
igual al de las constituciones de 1979 y 1993, que no decían nada
en materia de aborto. Sin embargo, Rey y compañía buscarían
convencer al Congreso -mediante la presión de la Iglesia y de algunos
medios de prensa- para que éste apruebe una norma que prohíba
todo tipo de aborto. Incluso el terapéutico.
DILEMA HUMANO En los últimos días diversos personajes además de Rey -sacerdotes y médicos católicos- han declarado que, debido a los avances de la ciencia, el aborto terapéutico ha devenido obsoleto. Sin embargo, si buscamos una opinión neutra, se ve que ello no necesariamente es así. para empezar, habría que precisar que, médicamente se considera aborto terapéutico aquel que se realiza dentro de las primeras 20 semanas de gestación. Después de ese plazo, la ciencia habla de "interrupción del embarazo". Consultada la doctora Lidia Chu Jon Lay -una reputada especialista en obstetricia- señala: "existen casos donde sí hay situaciones de peligro para la vida de la madre. No son usuales, pero pueden darse. Por ejemplo, que padezca una cardiopatía vascular severa, una enfermedad renal terminal o un cáncer con metástasis". En esos casos, el tratamiento que se aplica a la madre -para salvar su vida- hacen que la supervivencia del niño no sea viable. El trámite mismo para determinar un aborto terapéutico no es simple. Se necesita que una junta médica de cuando menos cuatro galenos analicen la situación y decidan unánimemente la interrupción del proceso. Sin embargo, hay casos donde el dilema va más allá de los presupuestos legales: ¿qué sucede cuando un feto no tiene cerebro y por tanto sus posibilidades de vida fuera del útero son nulas? ¿Vale la pena obligar a una mujer a sobrellevar una gestación que resultará traumática? Como se ve, el debate tiene considerandos que van más allá de la fe. Eso, sin hablar de casos como los de una violación sexual cuya secuela sea un embarazo no deseado. Susana Chávez, del Centro Flora Tristán, sostiene que hay un discurso deshumanizado sobre lo que les está ocurriendo a las mujeres peruanas: "Son 380,000 las mujeres que se someten a prácticas clandestinas de aborto, la mayoría de las cuales se hacen en condiciones mínimas de seguridad. En consecuencia, el problema es también de salud pública", asegura. Y eso que en el Perú nadie aboga abiertamente por una despenalización sin restricciones, tal como ocurre en otros países (ver mapa). Volviendo al ámbito político-constitucional, lo más probable es que el aborto terapéutico continúe en el Código Penal. El Congreso -dadas las 67 firmas que así lo exigen- dará un paso al costado repitiendo el silencio de constituciones anteriores y postergando un debate necesario. (Con información de Teresina Muñoz Nájar)
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