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Edición Nº 1749 |
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CASI todas las conversaciones de la semana pasada estuvieron dedicadas a comentar la derrota electoral municipal de Alberto Andrade, que hacía un mes parecía tenerla asegurada. Entre otros comentarios que escuché, y quizá el más ilustrado, estuvo el de aquel analista que recordó que también el célebre Winston Churchill, primer ministro británico por más de diez años y forjador de la victoria contra Alemania en la Segunda Guerra mundial, perdió las elecciones de 1945 ante un hasta entonces desconocido Clement Attlee. No hay, pues, por qué deprimirse, Alberto. Churchill regresó al poder en 1951. Por de pronto a Lucho Castañeda le ha caído un verdadero regalito del cielo con eso de la invasión, aparentemente creciente, de Santa Anita, asunto que a él le tocará sin duda solucionar. ¡Vamos a ver si, gracias a Castañeda, los invasores salen de allí con banda de músicos y pasacalles!, estilo Andrade, digamos. Para ello creo que va a tener que preguntarle al actual alcalde cómo hizo con los ambulantes del centro histórico y los ocupantes de Polvos Azules. Otro problema, y quizá debido a que Andrade ya tiró la esponja, es la reconquista del centro de Lima y en especial del jirón de la Unión, por los ambulantes. Habrá que ser Mandrake para hacerlos salir otra vez. De las elecciones municipales me quedaron algunos titulares de diario memorables, de antología, como ese del conspicuo diario fujimontesinista La Razón, que olvidándose de su propia condición de órgano vilipendiador decía "Andrade desata guerra inmunda". ¡Miren quién habla!, pensé. En el futuro próximo vamos a escuchar algunas frases famosas, como la del virtual candidato electo como presidente regional de la región Arequipa, Daniel Vera Ballón, que declaró recientemente: "No soy estatista ni privatizador", dijo. Le faltó añadir: Sino todo lo contrario. Otro alcalde que se hará célebre muy pronto es el recién elegido por Barranco, quien aún antes de asumir, según leo, ha asegurado que durante su gestión no se construirá el Museo de Arte Moderno en el distrito. En esa tónica el de San Luis, que no sé quién es, podría afirmar también que en su distrito no se terminará la Biblioteca Nacional. Lamentablemente siempre hay quien le presta una oreja a los necios. Porque se necesita ser bien necio, y sumamente tonto, bestia digámoslo ya, para negarse a que en un distrito empobrecido se construya un monumento a la modernidad. Felizmente que al alcalde de Lambayeque no se le ocurrió vetar el Museo de las Tumbas Reales de Sipán. ¡Oye Martín, antes de empezar mejor renuncia! Casi de casualidad, y para mi mala suerte, pasé por la Avda. Venezuela (que alguna vez fue un verdadero tunel conformado por las copas de los hermosos ficus que allí había), frente al Hospital Naval, y tuve la penosa experiencia de ver cómo obreros, probablemente municipales, talaban, sí, talaban, extrayendo sus poderosas raíces del suelo, uno de los pocos ficus sobrevivientes. Hermoso y noble árbol con un tronco de casi dos metros de diámetro, era en el momento que pasé por allí talado sin misericordia. Ya no me quedan palabras para calificar ese asesinato civil. ¿Por orden de quién se cometió esa barbaridad? Tres accidentes mortales en la nueva Vía Expresa. Hay quienes le echan la culpa al diseño de la misma, aparentemente sin tomar en cuenta de que los tres ocurrieron en la madrugada: uno en sábado a las 3.43, otro también en sábado a las 5.40 y el tercero en viernes a la 1.10. Creo que no hay que ser muy zahorí para deducir la verdadera causa de los accidentes en esa vía que está señalizada para ser recorrida con un máximo de 60 kms. por hora, velocidad en la que difícilmente nadie se estrella violentamente. Hace no mucho escribí sobre la decepción que me produjo que empresarios peruanos estuvieran rematando en favor de extranjeros su participación en empresas que dirigían extraordinariamente bien. Esa decepción ha quedado compensada con la adquisición de los activos del Banco Santander Central Hispano, español, por el Banco de Crédito BCP, peruano, que ya hace años fuera peruanizado por una estratégica y hábil acción de bolsa que permitió el desplazamiento de extranjeros en beneficio de peruanos. No todo está perdido, pues. Todavía hay peruanos que apuestan por el Perú. Hace poco visité, felizmente después del vernissage porque así pude verla en detalle, la muestra fotográfica de Anamaría MacCarthy titulada "El espejo infiel", que se lleva a cabo en la gran sala de exposiciones del ICPNA de Miraflores (me resisto a llamarla por el nombre con el que fue bautizada). Y quiero declarar mi admiración personal por la fotógrafa y su arte, porque lo que muestra allí, además de sus hermosos desnudos personales, es su humanidad latente. El testimonio personal de su infancia es francamente conmovedor y en él Anamaría hace gala de un talento literario similar al fotográfico, en la escuela de la gran literatura norteamericana que nace con Mark Twain y continúa en Sherwood Anderson, Erskine Caldwell, William Faulkner, Carson MacCullers hasta el propio Raymond Carver. Admirable Anamaría MacCarthy, en todo sentido. Pese a que se me conoce por antiaprista -fundamentalmente por los resultados del gobierno de Alan García- creo que no es justo ni conveniente revisar lo sucedido con ocasión del motín del Frontón, en 1986, que en verdad constituyó un enfrentamiento armado propio de una guerra. Detrás de la intención de enjuiciar a quienes actuaron en defensa de la sociedad, se encuentra en verdad la voluntad de revancha de la subversión, que no perdona esa derrota ni la pérdida de esa base y bastión que era el Frontón. Allí, como en otras partes después, los subversivos no fueron víctimas sino victimarios. Habría que volver a pasar los videos en los que se veía a los terroristas imponiéndose con arrogancia inaudita a sus guardianes civiles. Hasta que se hizo necesaria la acción armada. Nadie puede culpar por ello al gobierno de Alan García, que tiene otras cuentas pendientes con el país.
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