Edición Nº 1749


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    ARTES & ENSARTES 28 de noviembre de 2002
    Por LUIS E. LAMA

    Naturaleza Muerta

    1.-En los años 60, antes de las vanguardias, si un artista penetraba por los caminos de la figuración se le tachaba de estar haciendo literatura. Eran los tiempos de la pintura "pura", el apogeo de Greenberg, el plano pictórico y todo lo que hoy reposa en el panteón de una época quimérica. Con la posmodernidad los artistas retomaron la pintura y a través de ella comenzaron a relatar historias que demandaban una lectura al espectador. De pronto el epíteto literario fue invalidado por una generación que se nutría de la lectura y de los medios de comunicación, particularmente del cine y la TV. Y de nuevo regresamos a lo mismo.

    2.-Los nuestros son tiempos en los cuales la pintura no resulta hegemónica. Muchos pintores se han desplazado a la fotografía digital, debido, entre otras cosas, a su certeza de que todo lo imaginable ya ha sido pintado y tendrá un antecedente fácilmente detectable en tiempos de información global. El problema es más ficticio que real. Siempre encontraremos algún pintor con capacidad de sorprendernos. Nos ocurrió con Sarmento; Doukopil; algunos miembros de la galaxia menor como Tuymas, Dumas y Peyton; y especialmente con Ray Charles cuya cosmovisión popular curiosamente se entronca con aquellos que incineraron nuestra chicha.

    3.-Anteriormente la pintura había padecido una crisis en los años 70, pero el tsumami de los 80 devaluó lo nuevo, desacralizó la historia e incentivó a retomar la pintura y hurgar en el pasado. Hizo lícita la apropiación y abrió nuevas posibilidades a los artistas, pero al mismo tiempo impuso responsabilidades inéditas, un conocimiento infinitamente superior de historia, filosofía y estética. De este modo el mito de la obra ventrílocua que habla por sí sola (nuestro antiguo cliché) quedó derrumbado frente a la necesidad de un artista informado e inteligente.

    4.-Estas reflexiones se originan por la espléndida muestra de Giancarlo Vitor. Como Vermeer, quien creó la cámara oscura, como Richter hoy, Vitor -salvando distancias- parte de la fotografía para construir un proyecto a partir de sus preocupaciones por la violencia y la muerte. Obsesión anteriormente pública, como se viera en REVUELTAS, exposición para la cual se sumergió en los archivos de CARETAS para pintar a partir del registro fotográfico, añadiéndole emotividad para lograr la empatía del espectador con las víctimas de la historia.

    5.-En su nueva individual Vitor se desplaza de la esfera pública a la privada con una visión tan íntima, como su título, CLAROSCURO. El es protagonista de una historia de violencia y muerte, que el espectador aprecia a través de la mirada del artista. La clave puede darla el primer cuadro, un autorretrato de Vitor en el umbral de la casa. El resto se desarrolla en penumbras, apenas interrumpidas en algunos cuadros por la luz proveniente de una lámpara caída o la hoja de un cuchillo. El pintor elude el tremendismo y opta por la insinuación. Sólo hay referencias humanas en 3 piezas, las demás están dedicadas a objetos que rodean al cadáver. El cuchillo omnipresente y esa lámpara que se aprecia en pequeños formatos, desde distintos ángulos, tambaleando y cayendo, para introducirnos a los preámbulos de la muerte.

    6.-En la segunda sala el cuchillo se transforma en protagonista. Lo vemos solitario o acompañado, dominando nuestra mirada hasta llegar al cuadro central, prácticamente un mural que va del negro al marrón, interrumpido por una horizontal inferior apenas acentuada por el acerado brillo del metal sobre la mesa. Es en este cuadro en el cual se aprecian particularmente las virtudes de Vitor, la economía de su lenguaje, su renuncia a la estridencia, la espiritualidad que otorga al espacio y el misterio que sabe crear a través del claroscuro.

    7.-Frente a esta obra no se puede evitar meditar cómo la historia del arte ha logrado influir sobre el artista. Basta una reflexión para comprobar, por ejemplo, cómo esta muestra puede haber partido de los conceptos del bodegón como teoría de la realidad. Según Calvo Serralller, lo mejor de la pintura no es la posibilidad de objetivación de la realidad, sino sucesivas e infinitas percepciones de cualquier realidad. Precisamente de eso trata la pintura de Vitor, de las realidades que él crea y que sólo podemos ver a través de él.

    8.-Ciertamente, planos de lámparas y cuchillos observados desde distintos ángulos obedecen a una mirada cinematográfica que el espectador no llega a percibir de inmediato por la seducción que ejercen sobre él veladuras, raspaduras y pinceladas. Posiblemente Vitor con el mismo tema hubiera podido hacer un video arte y también habría sido un enigma a desentrañar. Sin embargo eligió el camino más difícil, el de la pintura como narración, y renunció a los cantos de sirena del mercado para hacer una reflexión sobre la muerte que nos exige una mayor participación que la pasividad que solemos adoptar frente a un video.

    9.-La muestra es mórbida y silenciosa. El asesinato -¿o suicidio?- nunca llegará a resolverse. Vitor no proporciona pistas. Al final queda en la memoria el enigma de lo acontecido, representada a través del enorme cuchillo y las penumbras que envuelven a un cuerpo, que como diría Westphalen..." se le tomó por santo y en un avanzado estado de putrefacción"....


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