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Edición Nº 1749 |
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A Cuatro Manos
Poco antes había logrado que la Comisión de Industria, Comercio, Turismo y Pymes presidida por el aprista César Zumaeta aprobara insólitamente un dictamen recomendando la eliminación de las empresas supervisoras. Dicha Comisión debía haber esperado un informe del Ministro de Economía que fijaría también la posición de Beatriz Merino, superintendente ahora de tanto la SUNAT como Aduanas. Pero no lo hizo y, aunque parezca mentira, más pudo la presión de Mufarech. Javier Silva Ruete replicó al día siguiente indicando que para sustituir el sistema de supervisión necesitaría por lo menos US$ 13.5 millones. A su vez, Beatriz Merino dejó constancia que serían necesarios doce meses después de recibida esa suma para comenzar paulatinamente a desactivarlo. Pero como no hay plata, el Ministro dijo que tendría que buscar un préstamo en algún organismo internacional en el hipotético caso que el Congreso terminara consagrando la estupidez de desechar un sistema tan provechoso para el país. Es realmente insólito -y hasta vergonzoso- que una persona como Mufarech haya puesto en agenda este tema en base de amenazas y prepotencias como las exhibidas varias veces en la televisión. Mas aún, sólo la presencia obsesiva de Mufarech explica que la Comisión de Industria emitiera un dictamen en una materia que en realidad correspondía a la de Economía y Presupuesto, y que un aprista como Zumaeta se "chupara" facilitando un trámite contrario a su partido. Como se sabe, el sistema de la supervisión internacional de las importaciones, realizada por empresas que tienen un ejército de inspectores en todos los continentes, ha aumentado la recaudación de Aduanas de US$50 millones a más de $250 millones mensuales. EN TODO CASO Aun así, el martes Mufarech logró llevar el asunto a la Comisión de Economía y Presupuesto, y ante el asombro de muchos (pero no de todos), su presidente, Jacques Rodrich de Perú Posible, por poco logra pasar de contrabando la eliminación de la supervisión. Rodrich afirmó que, ya que la sesión en la Comisión de Comercio había sido "conjunta", y allí se había recibido un informe favorable de Economía, lo único que cabía era confirmar lo que se había aprobado. De inmediato se opusieron Rafael Valencia Dongo de Unidad Nacional, y Luis Alva Castro con Juan Valdivia del Apra, indicando que jamas habían sido citados a la otra Comisión y que Economía no había aprobado la supresión. Una intervención adicional de Mufarech generó una virtual trifulca y los aludidos congresistas optaron por retirarse dejando a la Comisión sin quórum. Pero la actitud de Rodrich dio que hablar y no es la primera vez. Ya antes ha sido protagonista de indagaciones (como la de los casinos) en las que termina asumiendo una actitud que despierta suspicacias. Y, claro, en esto de suprimir la supervisión de importaciones está no sólo el interés personal de Mufarech sino un lobby grande de empresas medianas que quisieran volver a los viejos tiempos. Sin embargo, es de suponer que Silva Ruete y Merino se van a oponer más enérgicamente, porque sin supervisión internacional se podría desfondar la nueva eficacia en la recaudación lograda al acoplar directamente a la SUNAT con Aduanas para cotejar los insumos.
En este último estudio, el Perú ha sido calificado con un 2 (nivel bajo) en el factor inversión extranjera. Quiere decir, entonces, que existen muy pocas restricciones a la inversión en nuestro país. Esta calificación se ha mantenido así desde 1995, cuando se empezó a publicar el índice. Sin embargo, sabemos que en los últimos años, la inversión extranjera ha disminuido en el país debido a la inestabilidad política y social reciente y las protestas en contra del proceso de privatización. ¿Cómo se puede explicar esto? Muy sencillo: para analizar este factor se investigan las leyes nacionales que rigen la inversión foránea, la posición del Gobierno con respecto a ella y la existencia de restricciones económicas, mas no el ambiente político propiamente dicho ni la posición de los pobladores, los cuales son aspectos que pueden desanimar la inversión en el Perú.
Y AHORA ¿A DONDE?
CONSUCOMBA Al parecer, Toledo ha sido malinformado porque en Perú Posible más de uno ambiciona el puesto que ocupa Ricardo Salazar en ese organismo. Se dice que Pilar Freitas y alguien que se presentó como "amigo de Coqui Toledo" llamaron hace poco a la empresa preguntando -aunque parezca de Ripley- por el sueldo, el auto asignado y los viajes que realiza Salazar. Otra versión señala que Salazar habría tenido un encontrón con Fernando Llanos, director del Instituto Nacional de la Salud y uno de los hombres fuertes del primer ministro Luis Solari. Desde ese día el director de Consucode estaría en la lista negra del Premier. GARAVITO GARAVATO
El Voto Fragmentado -Desde el punto de vista de los resultados, ¿qué conclusiones extrae del proceso? -Diría que estamos ante un escenario marcado por la fragmentación
y la dispersión del voto. Esa fragmentación se puede constatar
con tres datos elementales: el primero es el elevado porcentaje de ganadores
que están por debajo del 30 % de los votos. El segundo tiene que
ver con la diferencia de menos de 5 % que se produce, al menos en 15 departamentos,
entre quién llega primero y quién termina segundo en la
elección regional. Y la tercera es la diferencia que existe entre
la votación regional y la votación provincial, al extremo
de que, salvo en el caso de La Libertad, no hay departamento en donde
la lista ganadora a nivel regional haya ganado, simultáneamente,
en la mayoría de sus provincias.
-Es decir, la presencia independiente es tan o más importante a nivel provincial que regional. -Hasta el momento los independientes se han impuesto en 95 provincias, sea en listas independientes a la provincia o en listas independientes de carácter regional que postulaban en cada una de las provincias de esa región. Esto revela el grado de distancia o de desconfianza de esas provincias con el sistema de partidos. -A ese nivel, ¿cómo le fue a los partidos? -El APRA gana en 34 provincias, lo que equivale al 18 % y fracción del electorado. Un resultado que contrasta con el 40 y tantos por ciento obtenido por el mismo partido a nivel regional. En el caso de Unidad Nacional, el resultado total es sin ninguna duda muy malo: gana en 12 provincias del país y con ello logra más o menos el 9 % de las provincias en disputa. -¿Y si se examina la performance de Acción Popular y Somos Perú qué se observa? -AP está ganando en 9 provincias y no ha ganado ningún gobierno regional, aunque hay gobiernos como los de Junín y Madre de Dios que están liderados por un ex populista. Somos Perú podría ganar en 18 provincias, quedando mejor que UN y AP. SP gana la región Moquegua, con Cristala Constantinides (ex Izquierda Unida). Pero tengo la impresión de que para SP el problema es más complejo porque ha perdido su principal bastión, que era Lima, y lo perdió por errores sustantivos del líder que le da sentido al partido, lo que hace que entre a la categoría "entre paréntesis". -¿Cómo quedan los independientes? -Son la primera fuerza, largamente, al aproximarse al 50 % del manejo de las provincias del país. Eso es fragmentación: las posibilidades de diálogo entre unos y otros, de actuación con un sentido compartido -más aún en un escenario de descentralización como el que vive el país- son más difíciles. Para el propio gobierno, encontrar interlocutores dialogantes será sumamente complicado. -Esta fragmentación de los resultados, ¿por qué sería un problema? -Porque impide el indispensable diálogo entre economía y política al no encontrar ni canales ni posibilidades de negociación. En segundo lugar, porque estamos en un escenario de radicalización mostrada hasta ahora tanto por el gobierno y el Apra. Y de eso decimos poco cuando observamos que el 50 % de la ciudadanía -el 17 de noviembre- ha expresado su distanciamiento de nuestro precario sistema de partidos. -Pero los partidos podrían decir "en las alcaldías provinciales se elige al buen vecino y en los gobiernos regionales a un político". -Si aceptamos ese argumento podríamos afirmar tajantemente que los partidos no saben quiénes son esos "buenos vecinos" y, por lo tanto, leyéndolo desde el lado más positivo, los partidos no saben en qué está la gente.
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