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Edición Nº 1751 |
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Por
FERNANDO VIVAS
SIN ninguna ironía, felicito a los canales que se han puesto el fajín de lo que llaman Opción TV, es decir, la autorregulación. Aunque no apriete mucho, valga el sacrificio de confesar al televidente la calificación de lo que se le echa encima. Apto para todos, mayores de 14 y mayores de 18, son las tres categorías de programas que tendrán que ser, para ajustarse a esas etiquetas, más responsables y transparentes pero no más reprimidos. Aquí no queremos censura. Cualquier esfuerzo de autorregulación disminuye la presión por la regulación. Es simple física televisiva. En un caso ideal la primera podría reforzarse al punto de hacer obsoleta a la segunda. Pero nos podemos contentar con un punto medio, o sea, una ley de telecomunicaciones genérica y flexible. Ahora sí, las ironías. La más poderosa se exporta a una veintena de países. Laura Bozzo ha cambiado su estrategia defensiva. Ya no enmudece para posar como víctima de la libertad de expresión. Ahora, manteniendo la reserva sobre el proceso, encara a la prensa, chapa con su novio Christian ante cámaras y nos enseña su colección de zapatos. La pezuña de Laura no me interesa. Pero sí el segmento de su programa que atisbé en el reportaje de "Panorama". El tono y el estilo no han cambiado. Sigue la doble moral institucionalizada por su talkshow más que por cualquier otro, tratando de hacer pasar la estridencia peyorativa por reflexiones justicieras: te empujo a la bronca y finjo que me escandalizo. Laura no ha cambiado, sólo ha cambiado su coyuntura. El día después abrió las puertas del show. Canal 4 mostró un segmento sobre el caso del cirujano-basura Max Alvarez con panelistas Magaly Medina, la abusada Lucy Cabrera y los familiares de la difunta Carla Badaracco. La ironía fue brutal e inconsciente: Laura exhibió la imagen de Alvarez y le gritó "púdrete en la cárcel". Mira Laura, salvando las diferencias de delitos y rigores de encierro, el tipo está en la misma situación que tú: preso, investigado y esperando una sentencia. Pero yo jamás llamaría a nadie a dedicarte la misma frase. Sólo aspiro a ver el show de tu arrepentimiento verdadero, con consecuente cambio televisivo y no el gastado "perdón, fui una cojuda, me usaron y sin querer hice daño a mi país". La opción de Andrea Montenegro es clavarse puñales, drogarse y chocar contra el mundo. Es la estrella que se estrella. Para colmo le manda un sopapo a un guardia, se niega a asistir a la comisaría y se gana un merecido proceso judicial por resistencia a la autoridad. Pues aquí no vale apenarse de que sus potenciales empleadores la discriminen por ser una chica-problema; al contrario, hay que sorprenderse de que teatreros de la oportunidad como Alex Otiniano y antes conductores extremos como Beto Ortiz la contrataran para explotar el rating de su lado salvaje, quizá sobreexcitándolo. Mis deseos de rehabilitación a Andrea y ojalá que convalezca fuera de los sets. La opción del cable es especializarse, buscar segmentos de público diferenciado; mientras la TV abierta busca atractivos que golpeen simultáneamente a las mayores audiencias posibles. TV específica vs. TV generalista, dualidad que se repite aquí como en todo el mundo. Canal N y los canales de Cable Mágico programados por Antena 3 (3, 6, 17 y 20) intentan ampliar su paleta con programas temáticos, peculiares, segmentarios. Desde arquitectura y decoración de interiores en "Abriendo puertas" con María Laura Rey en N hasta un talkshow como "Boca ancha" en Antena Informativa que es aparentemente para todos los gustos pero la catadura de sus tópicos y de sus conductores Balo Sánchez León, Alejandro Ferreyros, Isabella Falco y Francisco Tumi lo confinan a una modesta sintonía. (¿Por cierto, qué pasará en Canal N cuando pronto Fernando Ampuero deje la dirección?) El cable es la esperanza blanca -sin alusión racial- de la vapuleada TV nacional. Hay que esperar lo mejor de él pero sin perder de vista que es la TV abierta la que sigue marcando la novedad, la chispa, el volumen y también la noticia y el escándalo.
Escribe BALDOMERO CACERES
En general prendo la tele para aturdirme, cosa sencilla con la programación de la TV local. Soy fiel a muy pocos programas. Me encanta despertarme oyendo la voz paternal de Raúl Vargas de RPP, vía Antena Informativa. "Informe Semanal" de TVE los sábados, me es imprescindible, igual que "Blanco sobre Negro" también de Televisión Española. Veo el informativo de Antena 3 también español y procuro ver el programa de Ricardo Bedoya sobre cine de Canal 7 y por supuesto "Tiempo de Viaje" de Rafo León. Zapeando me encanta toparme con Bart y compañía, tanto como con algunos reportajes de History Channel, People and Arts o TV5 de Francia. Me informo además con el N y no miro jamás "Panorama", así que Chichi Valenzuela es mi elegida para terminar la semana con cierta cuota de pesimismo. Me olvido adrede de Hildebrandt por antitaurino y arrecho, aunque sí lo veo. Ahora mi lista de lo que no veo sería evidentemente más larga pero no quiero dejar de mencionar a los programas repetidos por conchudez ilimitada de los programadores de nuestra TV combi: novelas, talk shows y programas cómicos que eternizan la presencia de mucha gente en pantalla sin que ellos o sus deudos reciban un solo cobre por sus derechos de autor y conexos y a ver si Indecopi se pone las pilas que para eso el Perú ha firmado convenciones internacionales y para eso les pagan.
El Cura Abortero
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