Edición Nº 1755


 

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    ARTICULO

    16 de enero de 2003

    Diarios de Prisión
    El periodista Alfonso Castiglione, injustamente acusado por terrorismo, presenta nuevo libro.

    Castiglione recibió en 1996 el premio Hellman Hammett a la libertad de expresión.

    EL martes 21, el periodista Alfonso Castiglione presentará su libro El Preso 3008. Allí narra la experiencia que le tocó vivir cuando fue injustamente acusado de terrorismo. Tuvo la mala fortuna de ocupar un inmueble en Huaraz en el que luego se alojó el senderista Oscar Castillo. La Policía señaló falsamente que eran cómplices, a pesar que para entonces Castiglione mantenía una deuda con el casero de Huaraz y vivía en Huacho. El periodista radial fue encarcelado entre el 27 de abril de 1993 y el primero de octubre de 1996, cuando se convirtió en uno de los primeros indultados gracias a las gestiones de la Comisión liderada por el padre Hubert Lanssiers. Casi desde sus inicios (CARETAS 1278), su caso se convirtió en un símbolo para los medios independientes y organizaciones internacionales de prensa. En su texto, el periodista huanuqueño (50) narra con detalles los vejámenes de su carcelería y el largo camino que debió recorrer para salir en libertad, luego de recibir una condena de 20 años. Cuenta también como su firme rechazo hacia los terroristas le valió la hostilidad de esos presos. En estos días los fantasmas del autoritarismo quieren fabricar a toda costa una paranoia a partir de la inconstitucionalidad de ciertos artículos de las leyes antiterroristas. Es por eso que la historia de Castiglione recupera vigencia y expone las graves falencias que tuvo la lucha contra el horror. A continuación, un breve y dramático extracto que narra los instantes posteriores a su detención.

    LA TORTURA

    "A las 8 de la noche subió el coronel PNP Ildorfo Cueva Retuerto, el mayor Miguel Morales García, el teniente Carlos Alvarado Cornejo y los suboficiales Ciro Linares Bazán y Maguiña Ita. Pese a estar con los ojos vendados los pude reconocer por el timbre de voz: estaban borrachos. Me subieron a un carro y, tras unos 15 minutos de recorrido, me llevaron al sótano donde corría abundante agua. Aquí empezó la verdadera pesadilla de una secuela de torturas brutales. Tras desnudarme, me colocaron en la muñeca restos de cámara de llanta para que no se notaran las huellas y me colgaron de los brazos. "¡Terruco de mierda! Ya sabemos todo de ti", me increpaba el coronel Cueva Retuerto. A cada momento querían que me autoinculpara. Estuve en esa posición hasta que perdí el conocimiento. Cuando me descolgaron sentí los dos brazos muertos. No los podía levantar. Luego me introdujeron la cabeza en un cilindro de agua helada con detergente y procedieron a aplicarme descargas eléctricas en los genitales hasta quedar casi muerto. Después me dejaron en manos del teniente PNP Carlos Alvarado Cornejo, quien -a punta de puñetes en la cabeza- trataba de conseguir que me declarara culpable... Hasta ese momento no sabía que las criminales torturas constituían un método científico de interrogación, como sostuvo Cueva en carta dirigida a Reporteros Sin Fronteras el 26 de julio del 2001... Fujimori adoptó medidas que fomentaban y hasta institucionalizaban la tortura. Son las leyes que norman la costumbre de otorgar valor probatorio a las actuaciones policiales en la etapa prejudicial. Es precisamente en ella en la que, por lo general, ocurre la tortura con la intención de arrancar declaraciones o autoinculpaciones a la fuerza. En ese momento la persona está totalmente desprotegida".


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