|
Edición Nº 1755 |
||||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||
|
|
Los Dominios
De Cattone
Entrevista TERESINA MUÑOZ-NáJAR CATTONE está feliz y descalzo. Va a cumplir setenta muy bien puestos y lo sabe. Su casa es enorme, agradable, algo abigarrada. Hay perros, loros y tortugas. Por estos días Chalo Gambino, su mejor amigo y escenógrafo (notario de profesión), está viviendo con él. Lo vemos sólo a la hora del almuerzo. Es un tipo discreto y amable: "A Chalo -dice Cattone- le gusta estar siempre en segundo lugar, no competimos". Ahora, ambos andan embarcados en un proyecto interesante, el de crear una compañía de folclor peruano a partir de la reconstrucción del ballet nacional de folclor. El alcalde Castañeda le ha pedido hablar con él: "Si quiere ofrecerme un cargo público de ninguna manera lo voy a aceptar. Yo, más bien, le voy a pedir el apoyo municipal para mi proyecto". Nos sentamos en el jardín, al lado de un frontispicio de reminiscencias romanas. El asunto que en estos momentos lo apasiona es uno: la edad. -Muchos se preguntarán cuál es el secreto para mantenerse tan bien... -No hay ningún secreto. Cumplo 70 y lo digo con todo orgullo. ¿No es acaso un ejemplo llegar hasta aquí con salud y muchos sueños? Sin embargo, sé perfectamente que estoy en esa edad en la que para hacer el amor hay que poner un pañuelo sobre la lámpara. Ahora soy menos agresivo y más discreto, en el sexo, en el amor, en todo, lo que no quiere decir que no siga teniendo mucha ilusión por las cosas, las personas, los contactos. -Tal vez al cuerpo lo sienta un poco agotado pero el rostro está muy bien, ¿algunas cirugías? -Hasta ahora sólo me he hecho la cirugía plástica al cuello pero bienvenido todo aquello que nos haga sentir mejor, las cirugías o el Viagra que yo afortunadamente no lo necesito. -Su nombre figura entre los que tendrán que rendir testimonio en el proceso que se le sigue a Max Alvarez, ¿él lo operó? -Ni me operó ni nada. Le hice una consulta y punto. -¿Qué me dice de la coquetería? -Soy coqueto conmigo mismo, no lo niego. En las mañanas cuando me levanto me pongo un polo y unos pantalones agradables, no porque espero visitas sino porque me espero a mí mismo. Detesto pasar por un espejo y encontrarme burdo, viejo, desencajado y abandonado. Sé, porque soy agnóstico, que no me voy a ir a ninguna parte ni voy a estar en presencia de nadie cuando me muera y creo que mi cuerpo es un estuche que conserva una joya que es mi pensamiento. Ese estuche tengo que cuidarlo. -¿Y cómo lo cuida? -No me agredo. Nunca consumí drogas, no fumo y apenas tomo una copa de vino o de champagne. Si tomo dos copas vomito. Soy un hombre muy ordenado y eso no me significa ningún sacrificio. Me levanto a la misma hora todos los días -a las ocho u ocho y media- doy de comer a mis aves, a mis perros y me ocupo de cosas de la casa. Hago un poco de pesas, juego frontón o tenis con Chalo o algún amigo. Almuerzo a las doce y media, después hago una siesta de una hora y a las cuatro me voy al teatro, a mi oficina, a trabajar. En las noches siempre ceno en un restaurante.
-Su casa es enorme, imagino que mantenerla debe ser bien complicado. -La vida está muy difícil para todos. La casa es pequeña, lo que es grande es el área, cinco mil metros. Tengo seis empleados. Una pareja de esposos que se conocieron aquí hace 22 años, ellos tienen dos hijos que son como míos. Un jardinero, una chica que viene a ayudar, una lavandera y un chofer. Esta casa es linda, me da mucha energía. -Cuando Chalo regresa a la Argentina usted debe sentirse medio solitario. -No sé lo que es la soledad. Siempre hay gente aquí, sobre todo en el verano. Vienen amigos a quedarse. En realidad me usan como hotel por la playa. Me gusta estar acompañado. Me gusta recibir, invitar, siempre a grupos pequeños, no me agradan las fiestas grandes. Ya mis amigos me están jodiendo para ver qué voy a hacer para mi cumpleaños y te juro que para esa fecha a mí me encantaría irme a Rio por tres días. -¿Y qué hay de los amores? Se casó tres veces pero luego ninguna relación más o menos estable ¿o sí? -Creo que todo lo que nace muere y que las parejas estables y eternas no existen. He tenido plurales parejas desde los 15 ó 16 años, pero me aburre la vida en común y ya estoy en una edad en la que sería imposible la convivencia. Quiero asumir mi vida única viviendo como yo quiero, sin tener que darle explicaciones a nadie. Es mi vida, mi dinero, mi cuerpo, mi mente. Además, tengo setenta años ¿cúantos años más de vida me quedan? Tal vez uno, cinco o diez pero de ninguna manera 30. ¿Qué sentido tendría unirme a una mujer de 35 ó 40 años, acaso va a querer cuidar a un viejo? No puedo mentirme a mí mismo. Esta es mi cara y estas son mis arrugas ¿ganaría algo tiñéndome el pelo? A propósito, ¿por qué todos los hombres que se tiñen quedan con la cabeza color rojo zanahoria? -No sé, de pronto usan un tinte malo. -Bueno, pero no engañan a nadie. -Tiene un único hijo, ¿por qué se expresa tan mal de él? -Te voy a contar la historia: Tenía 20 años y formaba parte de una collera de jóvenes teatreros y bohemios. En esa collera había una chica judía muy hermosa que se llamaba Enriqueta. Era la novia de mi mejor amigo. Se iba a casar virgen con él pero a escondidas estaba conmigo. Quedó embarazada y nos obligaron a casarnos. Fue una traición espantosa, lo sé, todos nos querían matar. El hecho es que su padre nos regaló un departamentito de una sola pieza y yo de pronto me vi con una mujer que no amaba, con un hijo que no deseaba, sin trabajo, apenas haciendo algunos papelitos en películas. Me fugué. Me fui a Italia. Afortunadamente, mi amigo perdonó a Enriqueta, se casó con ella y crió a mi hijo Javier. Entre ella y él, desafortunadamente, se encargaron de alimentar el odio a este monstruo, a este vanidoso, a este ego exaltado. -¿Cuántas veces lo ha visto en su vida? -Seis o siete. La última, cuando él tenía 20 años, ahora tiene 45. Nos citamos en un café de Buenos Aires porque yo era muy amigo del hermano de Enriqueta, él sirvió de puente: tenés que ver a Osvaldo porque las cosas no son como te las han contado y si se equivocó hay que perdonarlo, le dijo. Entonces lo vi al chico. Inmediatamente él comenzó a agredirme, me trató muy mal, muy mal. Simplemente opté por irme. Así es la vida, ocurren cosas miserables y maravillosas. Hoy me siento en paz, soy bueno, noble, he construido algo, he dado trabajo a alguien y hecho cosas que a lo mejor van a quedar en la memoria de unos cuantos. Cattone se queda callado un buen rato. Llora.
-¿Cómo nació la idea de abrir el "Marsanito"? -Tengo un teatro de 800 localidades que ya no se llena y ese no es un secreto para nadie. Tenía la parte de arriba siempre vacía y he creado un espacio alternativo donde me voy a dar el lujo de trabajar textos no necesariamente comerciales. No obstante no es una sala independiente del Marsano, es decir, no se puede hacer teatro en ambos lugares al mismo tiempo. -El año pasado ha habido una gran producción teatral, ¿qué es lo que más le ha gustado? -"El Avaro". Una puesta limpia, respetuosa no sólo del autor sino del concepto que yo tengo del teatro. Amena, agradable, muy bien servida. No es frecuente ver en el Perú una puesta tan limpia. Me encantó. Chela de Ferrari es una mujer que hace muy bien las cosas. -¿Cree que se ha logrado, de alguna manera, aumentar el gusto por el teatro en este país? -Estoy bastante asustado, decepcionado. Creí que yo, Cattone, Peirano, Saba, Isola y todas las personas que han trabajado en el teatro habíamos creado un público. Pero resulta que cada vez las salas están más vacías. Hay un gusto por lo chabacano que realmente no hemos podido vencer. Mira, el otro día me paró una señora en la calle y me dijo: Cómo me gusta el teatro y usted y sus ojos verdes, pero ocurre que abrieron un bingo en la esquina de mi casa y todas las tardes me voy a jugar mi cartoncito y me entretengo durante dos horas. Esa señora me cambió por un cartón, me cambió. Este es el único país donde los médicos, abogados, ingenieros tienen un Mercedes pero nunca van al teatro. -¿Qué tendría que cambiar? -Si yo fuera Presidente me preocuparía fundamentalmente por la salud y la educación. Sin educación no somos nada. La gente no va al teatro porque no tiene esa costumbre. Debí dedicarme a escribir. Soy, en verdad, un escritor frustrado. -¿Nunca ha pensado en publicar? -No, porque las cosas que tengo no son tan buenas aunque acabo de leer "El huerto de mi amada" de Bryce Echenique y me pareció tal bodrio que pienso que yo también podría publicar. En cambio Mario me parece extraordinario.
|
|||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||