Edición Nº 1755


 

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    ARTICULO

    16 de enero de 2003

    Entre Cañones y Secretos
    Imágenes inéditas de una época en que Lima no era el rompecabezas de hoy.

    Andrés Herrera Cornejo, pintor, limeñófilo y dueño de uno de los archivos más valiosos de Lima. Editor del álbum.

    Las imágenes que reproducimos en estas páginas, en su mayor parte inéditas, revelan hechos poco o nada difundidos. En la Lima del pasado, especialmente del siglo XIX, no todo fue una maravilla. "El piso era de tierra y en medio de la calle corría una acequia que producía malos olores, lo que obligó a muchas limeñas a cubrirse el rostro -dice el arquitecto Juan Gunther. Hay grabados de Pancho Fierro que muestran, incluso, a algunos caballeros montados a caballo con la nariz tapada". Por otro lado, ese hecho obligaría a las tiendas a colgar mantas en las puertas para librarse del polvo y el sol. Pero al margen de esa anécdota, Lima tenía edificios importantes, conventos muy grandes y tiendas elegantes, que la hicieron la ciudad más famosa de Sudamérica. Fue durante casi cuatro siglos, el centro del poder político, cultural y económico de la subregión. Coincidiendo con el 468 aniversario de la ciudad, el Instituto Fotográfico Eugenio Courret, presenta esta semana un álbum que es un deleite recorrer sus páginas.

    UN mundo limitado y apacible, quedó inmovilizado en las cámaras fotográficas a partir de 1839, año que Jacques Daguerre reproducía por primera vez, -ante el asombro de la humanidad- la silueta de un ser humano en París. Tres años después de ese extraordinario suceso, Danti Maximiliano introducía el daguerrotipo en Lima, y, poco después, los mejores profesionales de la época empezaban a captar preciosas imágenes urbanas, algunas de las cuales se pueden apreciar en el portafolio que acaba de publicar Andrés Herrera Cornejo, pintor egresado de la Escuela de Bellas Artes, limeñófilo, dueño de uno de los archivos más valiosos de la ciudad -conserva unas 75 mil placas del pasado de la capital- y autor de libros, tales como La Lima de Eugene Courret, La Historia del Cerro San Cristóbal y ahora, coincidiendo con el aniversario de la ciudad, del Album fotográfico de Lima Antigua, en el que se encuentran las tomas más viejas de la ciudad, en un tamaño excepcional: 28 x 20 cm.

    Fotografías que, como dice su editor, "no sólo transmiten invalorables datos históricos, sino también diversos sentimientos, como nostalgia en algunos, y asombro en otros..."

    Andrés Herrera tiene el mérito, de difundir periódicamente esas fotografías que adquirió con su propio peculio, y que, desde 1977, exhibe en forma permanente en su local del jirón Azángaro, para deleite de incontables transeúntes que detienen el paso, fascinados, al descubrir en sus paneles las imágenes de una época en que Lima era la capital más renombrada de Sudamérica.

    El álbum, que en su primer tomo trae 20 imágenes en su mayor parte inéditas, es un refrescante encuentro con esa romántica y señorial ciudad, de rincones tan sugerentes que el viento se llevó, pero que hoy, gracias al empeño de Andrés Herrera se descubre nuevamente ante nuestros ojos. (DTL).

     
    PORTAL DE BOTONEROS 1872 (izquierda), en una imagen lejana y, por supuesto, distinta a lo que es actualmente. La arcada más grande es la que daba acceso al Pasaje de Petateros, hoy Olaya. A la distancia se distingue la torre del campanario de la Iglesia San Agustín que fue derribada a cañonazos por las huestes caceristas, desde Palacio de Gobierno, durante la revolución del 95. Desde entonces la iglesia quedó mocha. Derecha, el Portal de Escribanos, donde hoy se levanta el Club de la Unión. Abajo, el inmemorial portal en nuestros días. En una de sus fincas está la redacción de CARETAS.

     

    JIRON DE LA UNION 1930 Desde la fundación de Lima fue la arteria principal de la ciudad. Siempre bien concurrida y con un apachurrante, comercio en todo tiempo será la estampa viva de la ciudad. Así era en 1930, época de la infaltable sarita en las sienes de los caballeros y de la obligada mantilla para ellas a la hora de ir a misa. Como se observará en la foto, la esquina de Huancavelica prácticamente no ha cambiado nada en 70 años. Lo que sí está venida a menos es la vieja elegancia limeña.

     

    PLAZA DE ARMAS 1874, adornada con 14 estatuas de mármol. Al costado, el viejo Palacio Municipal. Se incendió a comienzos del siglo XX. A la derecha, el Palacio de Gobierno, en una de sus versiones más modestas. Después, en 1921, también estallaría en llamas en vísperas del centenario de la Independencia, lo que obligaría a Leguía a construir provisionalmente un salón -llamado Incaico- para recibir a las delegaciones invitadas. Abajo, Plaza Mayor 2003.

     


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