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Edición Nº 1755 |
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ESPERO que la tragedia del accidente de TANS en Chachapoyas no se traduzca, como de costumbre, en una marea de acusaciones y recriminaciones. Debemos mirar el hecho con objetividad, y apreciar, por de pronto, la esforzada y peligrosa tarea de esos pilotos peruanos que arriesgan y pierden la vida por unir localidades de este país difícil y abrupto que de otra forma quedarían aisladas. ¡Qué pena que tantas vidas se hayan perdido esta vez y en forma y en lugar tan similar al del reciente accidente del Cesna! Hay algunos extranjeros, diplomáticos algunos de diversas nacionalidades, que habiendo estado una vez en el Perú siempre pensaron regresar. Como Juan Tena Ybarra, embajador de España, que cada vez que podía volvía al Perú. Son de esa raza que generó hombres como Alexander von Humboldt, que dejaron en este país su huella indeleble, tal como lo demuestra esa extraordinaria exhibición que en su honor se presenta en el Museo de Arte de Lima. Muchos otros alemanes apreciaron intensamente nuestro país; la lista es grande, e incluye a mi abuelo Rodolfo Höltig entre ellos. El más reciente de todos es el actual embajador de la República Federal de Alemania en el Perú, Roland Kliesow, a quien conocí hace veinte años cuando era aquí el agregado cultural y de prensa de su país. Kliesow se fue del Perú luego de sufrir, con su hijos, un grave accidente al caerse desde lo alto del funicular que los transportaba a los altos del hotel de La Granja Azul, en Santa Clara. Hoy, convertido ya en embajador, Kliesow, que tenía propuestas probablemente mejores, eligió regresar al Perú y está otra vez entre nosotros, buscando la forma de ayudar a este país al que aprendió a querer hace veinte años. Por eso lo saludo desde esta página. Si se tratara de una película podría llamarse "La Gran Estafa", pero se trata tan sólo del consabido negociado que se lleva a cabo cada cuatro años y que tiene por finalidad venderle al país el sebo de culebra de una posible clasificación de la selección peruana al próximo mundial de fútbol. Nada más atractivo que un mundial de fútbol. El negocio consiste en verdad en ofrecerle a los peruanos con tal motivo aquella materia que les es más extraña, la esperanza, y comerciar con ella produciendo programas de radio y televisión y revistas y periódicos supuestamente especializados, de esos que aunque parezca mentira existen por montones, sabiendo de antemano que no existe ninguna posibilidad de que ese objetivo se haga realidad. Hacen todo lo que cabe, en suma, para ganarse unos cuantos viajes al extranjero, incluyendo jugosos viáticos, para comprobar in situ, en el extranjero claro, todas y cada una de las derrotas de la selección peruana, que darán como resultado la definitiva y alargada, por más que anunciada, eliminación. "La Gran Estafa" o "El robo sempiterno al tren", esa es la película que veremos en los próximos tiempos. Los dirigentes están ya haciendo las maletas. ¡Provecho! Todo el mundo se escandalizó por el anunciado, y en verdad abultado, sueldo que parecía iba a recibir el Presidente de la República, 18,000 dólares por gobernar el Perú (¡difícil tarea, si las hay!). Pero nadie se alarma ni a nadie le llama la atención que el señor Paulo Autuori, cualesquiera sean sus méritos, vaya a recibir ¡30,000! por la tarea de dirigir la selección peruana de fútbol, cosa fácil si ya se conocen los resultados. Pero plata en mano y chivato en pampa, como decían mis maestros maristas. Después, si te he visto no me acuerdo, compadre. Luego del reciente, estrepitoso y vergonzoso fracaso de la selección Sub 20 que hizo, como de costumbre, una jugosa cosecha de goles en contra, el Perú corre el riesgo de ser considerado un país masoquista si insiste en enviar equipos de fútbol al extranjero. Vamos a ser los payasos del circo, de esos que reciben las cachetadas para divertir a la gente. No importa si, como coartada, empatan o hasta ganan un partido, el final siempre será el mismo. Por de pronto al mundial no clasificamos. No se necesita ser adivino para saberlo. A mí eso de la renta básica telefónica no deja de llamarme la atención. Primero porque la empresa, basándose, dice, en el contrato que firmó con el Estado, nos cobra a los peruanos una cantidad mensual por el solo hecho de tener teléfono. Como si una fábrica que produce casimires nos cobrase todos los meses una cantidad por el derecho de usar su tela. Y, peor aún, resulta que lo que se exige a los peruanos es el doble de lo que cobra en otros países cercanos. Tampoco me explico cómo es que la Confiep, que sale en defensa de la empresa que presta el servicio, afirma categóricamente que la obligación de pagar la renta básica figura en el contrato de concesión mientras que el Congreso afirma todo lo contrario y dice que eso no es así, que en el contrato no figura nada de eso. Lo peor de todo es que me van a obligar a leer el contrato para sacar mis propias conclusiones. ¡No hay derecho! Mientras que el flamante presidente de la región Arequipa parece seguir los pasos del cerril ex alcalde Guillén, negándole a su región toda posibilidad de inversión privada y, por ende, de desarrollo, en el norte en cambio, trabajadores de la zona de Tambogrande, en donde con el concurso de una ONG extranjera, la bendición de una iglesia desaprensiva y la participación activa de algunos termocéfalos se logró expulsar, dinamita de por medio, a una empresa minera, parecen ahora haber entrado en razón y se encuentran en conversaciones para ver la forma de hacer congeniar la agricultura con la minería, haciendo posible la creación de puestos de trabajo y el impulso de las inversiones en la zona.
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