Edición Nº 1756


 

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    ARTICULO

    23 de enero de 2003

    Km 97.5
    Curvas Lujuriosas

    Los chicos se divierten, los padres se preocupan. Las noches del sur inflaman lo salvaje... la policía mira y no toca.

    Cynthia Ocampo y Tilsa Lozano, bartenders de Pashá, en contoneo límite sobre la barra, al borde del exhibicionismo. La sugerencia in extremis. Der.: Sandra y Viviana Barboza en jugueteo inocente con íntima prenda de los NSQ.

    Fotos LUIS JULIAN LANDAURO

    "Jefe, ¿esta noche habrá batida?" Los policías destacados en el 97.5 conocen todo en lo que un chiquillo podría meterse en una noche y están hartos de preguntas como ésta, de un imberbe de catorce, que ni llega a majadera, que sólo peca de inocente.

    Con casas de playa de cien mil dólares y una educación decente asegurada, los padres de la juventud que pulula el sur durante el verano se desvelan por la avezada mitología nocturna que se han ganado las juergas de Asia. Hay drogas (alguien las lleva), hay rock and roll, y -cómo no- hay sexo, precoz e inseguro. Desde Playa Blanca hasta Gaviotas, los residentes de la zona han organizado la Asociación de Propietarios de Inmuebles Rurales del Litoral Sur, conocida simplemente como APRILS, que además de asegurar vigilancia y saneamiento, provee de transporte confiable a sus retoños hacia tal temeridad. Es decir, APRILS (casualmente una palabra que en inglés significa abriles) gestiona las camionetas coaster, contrata a los choferes previa estricta selección y fija los horarios de salida y retorno de los mismos. "De esta forma no prevenimos que los chicos tomen o fumen, que es algo que harán los vigiles o no porque están en la etapa, pero nos aseguramos que regresen seguros, en manos de choferes que no están ni ebrios ni drogados", asegura don Alberto Velásquez Villa (58), residente de la zona. La edad promedio para comenzar estas salidas es a partir de los trece años, edad a la que Sebastián, hoy de dieciséis, empezó a tomar. "Hay otros carros que traen chicos", me cuenta, sonriendo entre su mancha de amigos. "De Boca León sale el Bocabús, que cuesta diez soles (el bus de APRILS es gratuito), y de Totoritas sale el Totoribus. Ese sí es gratis."

    "Francamente, da pena ver juventud borracha", me comenta un oficial feliz de desahogarse. "Pero no se puede intervenir a nadie. Detienes a un chiquillo de quince manejando ebrio y te saca un carnet que dice que es hijo del superior. Otros llaman por celular a su tío congresista, empresario o ministro. Qué se hace. Estamos destacados para ser niñera de unos chicos ricos".

    Feroz arremetida danzística en el Bamboo por Lorenzo Lu y Deborah Gaviria. Derecha, el letrero se explica solo. Al lado: Matonesco Maguiña se dedica a amenazar fotógrafos en vez de percatarse que Jessica Tapia -ojalá recapacite- ya empezó a bailar.


    La chibolada llega al bulevar a partir de las diez de la noche. Los reciben policías que se limitan a asentir y verlos pasar frente al letrero de una bodega que anuncia "Aquí, de todo". Los delitos cometidos en la calle les competen, pero no pueden ingresar a los locales. Para eso existe seguridad privada.

    Cuando nos paseamos y los vemos jóvenes, bellos y cheleros, algunos se esconden del lente del fotógrafo y otros le requintan su vida. Otros adoran tomarse fotos con los amigos. Como la nena bronceada de polo celeste, que calculo en dieciséis años, posando como si no quisiera tal cosa mientras le pregunto a Claudia, de catorce, qué tanto le importa que un chico llegue al 97 sin carro. Me dice que no mucho; si tiene, mejor, podría llevarme de vuelta a casa. Aliviado por la falta de malicia en esta joven, repregunto qué pasaría si quisieran llevarla a otra parte. "Ni cagando subo", me contesta.

    Este año el paradigma de la diversión playera -luces espectaculares, música exclusiva, ambiente sofisticado, buenos tragos- lo ofrecen "Pashá" -vocablo árabe que indica trato digno de un rey-, "Opium", "La Huaca" y "Mai Tai". Todo lo anterior no lo tiene "Juanito" y está repleto toda la noche. Su administrador es Sebastián, una versión muy peruana y bronceada de la "Brujita" Verón, encantado de recibir a medio mundo y que me hizo el favor de sentarme en la mesa de mis primeros guías en esta incursión, cuatro varones y tres chiquillas que han visto de todo.

    Un día normal de playa en el sur, me cuentan, consiste en levantarse en promedio a las diez de la mañana, desayunar, tomar sol (ellas), hacer deporte (ellos), almorzar, fumar un rato (no especificaron qué), dormir, darse un baño y alistar la salida nocturna. La edad promedio en que algunos de ellos -o sus amigos- probaron marihuana, la ubican en la frontera de los trece o quince años, no antes. Del éxtasis declaran no saber mucho.

     

    Baile calzado de Daniella Arévalo y Daniel Eguren. Al ladoo, danza gregaria para espíritus sanos.

    Es un testimonio entre jóvenes por debajo de los 19 que escuché a menudo toda la noche: las fiestas rave son eventos puntuales, no la norma de vida en el sur, donde viene gente de todas partes, no sólo de las playas. Saben lo que son y han escuchado de maratones de paroxismo interminable, pastillas para el aguante y sed inclemente. También de agua cortada a propósito, botellas de "Cielo" a ocho soles y paros cardíacos mortales.

    Por otra parte, el dueño de uno de los locales más concurridos afirma sin sorpresa que en el sur cada semana hay una violación. "Las llevan detrás de los locales, borrachas, y nadie hace nada". Estas, sin embargo, pueden ser dentro o fuera de las discotecas, ya que dentro existe permisividad por parte de los propietarios y fuera impasibilidad de la policía.

    "Los bikinis de copas abajo son de vieja, horribles", dice otra Ale, catorce años, de bronceado envidiable y dientes perfectos. Los de tiritas anchas son mejores; les ayuda a broncearse más y bueno, son más coquetos. Para una chica la ropa es importantísimo, explica. Un hombre se pone lo que encuentra y lo repite al otro día, mientras que a ella -y sus amigas asienten- le resulta impensable vestir lo mismo el día siguiente. Imposible.

    Tan lejos de todo y ahogado por lenguajes ajenos, por momentos uno extraña su cama. Son las cuatro de la mañana y el trance comienza en algunos locales. Sólo quedarán los que dejen pasar el último APRILS -cinco de la mañana-, o los que tengan carro. A esa hora, ya hay tamalitos, anticuchos y el local de sandwiches "La Bajada" triplica sus ventas. Como siempre, hoy habrá operativo. Los borrachines se traerán de recuerdo una papeleta o se irán a dormir si su viejo es el ministro. A las seis llega el relevo de nuevos PNPs y los ómnibus que por cinco soles te traen de vuelta a Lima. Junto a la señora que vendía tamalitos, me recuesto a dormir tranquilo. Mas tarde un nene de quince años y metro ochenta de estatura me pidió droga, con un gesto sencillo que no entendí la primera vez. Luego se me acercó y textualmente me preguntó ¿brother, no encontrarás a un pata... que la hace? (Sandro Mairata).

     

    Jergas del Sur

    Auspiciar: pagar por alguien que se quedó sin plata. Ya pues causilla, auspíciame.

    Ashu-shu-shú: frasecita de las del Santa Úrsula que sirve para identificarlas.

    Escuelear: iniciar en drogas por primera vez. Y a ti, ¿quién te escueleó?

    Ser roña: frase muy antigua y castiza que ahora el sur la hizo propia. Ser tacaño. ¡No seas roña!

    Rolear: ya no es más enrollar marihuana en un troncho, sino ingerir pastillas de Éxtasis. Roléate una, que con dos desapareces.

     


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