Edición Nº 1756


 

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    ARTICULO

    23 de enero de 2003

    El Perseguidor

    Philip Bennet tiene una obsesión: Uchuraccay

    "En el periodismo hay historias que persigues y otras que te persiguen. Para mí Uchuraccay es una historia que me ha perseguido 20 años".

    Habla Philip Benett, norteamericano y actualmente editor de asuntos internacionales del Washington Post. Antes, sin embargo, trabajó en el Perú, se casó con limeña de origen cusqueño, y está en proceso de escribir un libro sobre Uchuraccay.

    PB. - Mi relación con Uchuraccay, dice, tiene tres etapas. Llegué al Perú en 1982 a los 22 años. Había salido recién de la Universidad de Harvard y fui a trabajar con Nick Asheshov (del Lima Times). Me ofreció uno de esos trabajos que te pagan US$100 dólares al mes pero viajas por todo el país. Llegué a Ayacucho en abril de 1982, en Semana Santa. Después volví en enero de 1983, poco antes de lo de Uchuraccay. Estuve con Luis Morales, a quien brutalmente asesinaron, en el hostal Santa Rosa durante una reunión de los periodistas que partían al día siguiente. De ahí regresé a Lima.

    Cuando se supo lo de la matanza, volví a Ayacucho pero nunca subí a Uchuraccay. Estuve con Gorriti y Fernando Yovera. Conocí la zona y viajé. Estaba movida pero uno todavía podía recorrerla con cierta tranquilidad, a pesar de lo de Uchuraccay. Después empezó la guerra en serio. En febrero de 1983 el Ejército arrancó con operaciones muy agresivas, de tal manera que si en 1982 murieron ciento y pico de personas, en 1983 fueron 3,000*. Después volví a EE.UU., trabajé 5 años con el Boston Globe como corresponsal en el Salvador y Nicaragua.

    Entonces tomé una licencia y en 1990 regresé al Perú. Me sorprendió que nadie hubiera llegado a toda la verdad de Uchuraccay.

    Yo siempre estuve interesado en el caso por el lado de los periodistas, pero entonces empecé a revisar lo que quedaba del expediente en el Palacio de Justicia.

    Ahora ya no existe. Cuando yo lo vi una parte había sido quemada y después desapareció por completo. Pude leer esa parte en un cuarto del sótano de Palacio de Justicia. Tenía 10,000 folios. No encontré lo de los periodistas pero seguía interesado.

    Pienso que fue increíble que al final metieran presos a esos tres comuneros sin siquiera saber bien sus nombres. En determinado momento le preguntaron al presidente de la comunidad si era Remigio Morales y él respondió "no lo soy", porque su nombre era Dionisio.

    Lo otros eran Mariano Ccasami y Simeón Auccapoma. Este tenía 70 años y murió en prisión de tuberculosis, los otros dos ya habían salido y los empecé a buscar.

     

    Cuando llegaron los periodistas a Uchuraccay, Iquicha estaba estremecida por el miedo.

    En ese entonces Uchuraccay estaba abandonado y se volvió una obsesión mía encontrar a esa gente en Lima. Lo logré y ese año hablé con varios comuneros de Uchuraccay, Huaychao y las otras comunidades de Iquicha. A través de ellos conocí su historia. Era terrible. Meses después de la matanza de los periodistas se dio una guerra interna en las comunidades. Se mataban unos a otros incluso en las familias. Había violencia de los que se identificaban con los senderistas y otros que no. Sendero mató a quienes consideraba "soplones" y el Ejército a quienes veía como "terrucos". De 300 a 320 comuneros que tenía Uchuraccay, murieron entonces más de 100.

    Hice una investigación pero nunca terminé el proyecto porque comencé a trabajar en el Washington Post. Pero el verano pasado regresé al Perú por tercera vez, alquilé un carro en Ayacucho y fui a Uchuraccay por la nueva carretera.

    Me encontré con gente que conocí en Lima diez años antes. Una persona a quien le había regalado un reloj en 1990 aún lo usaba.

    Es una historia que, como tantas cosas en el Perú, es difícil de comprender. Y es un caso que sigue afectando a quienes tuvieron relación con los eventos, Vargas Llosa, Max Hernández, Gorriti y ustedes mismos.

    CARETAS.- Para algunos ha quedado la duda. ¿Hubo una orden para liquidar a los periodistas?

    PB.- Casi todas las personas que vieron los hechos están muertas. Yo creo que hay dudas que van a persistir para siempre pero hay cosas que podemos decir con seguridad.

    Primero que los periodistas fueron muertos por los comuneros. La sospecha de que había otras personas disfrazadas de comuneros es infundada.

    Lo que sí sucedió, y con esto coincide la comisión Vargas Llosa, es que el Ejército había llegado a Uchuraccay antes de la matanza y habían azuzado a los comuneros para que maten a gente extraña. Fueron instrucciones específicas dadas por elementos de alto rango.

    Por otro lado, cuando llegan los periodistas la comunidad estaba en una crisis tremenda. Había alcohol y tenían un miedo casi histérico. Sentían que estaban al borde de perder su mundo.

    Hay unas líneas de Huamán Poma en las que describe su experiencia al bajar a Lima y la define como llegar a un mundo al revés. En ese ambiente llegan los periodistas.

    Pero hay un misterio. Creo que la noche de la matanza llega una patrulla de Guardia Civil bajando de Huaychao. Duerme en Uchuraccay pero sus integrantes dicen que los comuneros no les contaron lo que había sucedido con los periodistas. La fosa estaba a 20 metros donde acamparon pero nada supieron. Al mismo tiempo, sin embargo, algunos comuneros estaban bajando para entregar a un destacamento de la Marina algunas de las cámaras y pertenencias, y la famosa bandera roja.

    C.- ¿Cree que alguno de los periodistas llevó la bandera roja para establecer contacto con Sendero?

    PB.- Yo creo que sí existió una bandera pero no la llevaran los periodistas. Uchuraccay está en un pequeño valle y arriba hay unos cerros helados en los que, días antes de la matanza, Sendero había puesto banderas rojas como una amenaza. Creo que la bandera entregada fue una de ésas. Los comuneros la sacaron y llevaron para decir que los intrusos eran senderistas.

    C.- Muchos periodistas tratábamos de establecer contacto con sendero en esa época.

    PB.- Todo el mundo trataba de hacerlo. Entre los periodistas del grupo podían haber algunos que pensaban en la posibilidad de encontrarse con Sendero. Pero eso de llevar una bandera con hoz y martillo es otra cosa.

    C.- Habló con los tres comuneros que terminaron presos. ¿Describieron lo que sucedió?

    PB.- Yo vi a uno en julio. No sabía nada porque no tenía nada que ver. Ni siquiera vivía cerca. Alguien lo señaló y la Policía lo apresó en Huanta. Ahora creo que vive en la selva. Un hombre muy inteligente. Lo llevaron a Ayacucho, le metieron en la cárcel y mataron a sus hijos en Uchuraccay. Una tragedia terrible.

     

    Acusados y condenados sin pruebas. Simeón Auccapoma, Mariano Ccasami y Dionisio Morales.

    C.- ¿Y el otro sobreviviente?

    PB.- El otro era el presidente de la comunidad, Dionisio Morales, pero no quiso contarme lo que había pasado el día que llegaron los periodistas. Las versiones que recibí vienen de otras personas.

    C.- Las últimas fotos increíbles de Willy Retto demuestran que también había mujeres en el hecho.

    PB.- Y se sabe quienes eran esas mujeres. Las que yo conocí ya están muertas.

    C.- También se ha dicho que sospechaban del guía.

    PB.- Era un sospechoso para los comuneros. Fue uno de los factores. Lo creían senderista.

    Del momento en sí de la matanza, cierta versión asegura que primero fue muerto uno y después hubo un pánico y mataron a los demás.

    C.- ¿Muchos de ellos participaron en la matanza?

    PB.- No lo creo. En ese entonces mucha gente dormía en los cerros para precaverse de un ataque de Sendero.

    C.- En las foto de Retto se ve a campesinos jóvenes con sus ondas. Parecían un grupo de defensa.

    PB.- Entre ellos se puede identificar a un tipo muy interesante que se llama Trivio Chávez Soto (personaje de la derecha en foto de la página 67), que era una autoridad. A él se le ve bajando por un cerro con su esposa.

    Lo notable es que ahora los hijos huérfanos volvieron a Uchuraccay y viven allí.

    C.- Se hablaba de un tal Fortunato Gavilán como un personaje clave.

    PB.- Se dijeron muchas cosas de él, como que era colaborador de las Fuerzas Armadas. Lo que sí es cierto es que Gavilán sabía leer y escribir. A raíz de la matanza, bajó a la selva y dicen que fue asesinado ahí.

    Pero Uchuraccay en sí era algo diferente de lo que se supone. Tuvo un colegio, por ejemplo, construido por la comunidad. Para mi hay un ingrediente que no captó la comisión Vargas Llosa.

    A Philip Bennet le pasó algo especial en abril del '91. Se metieron a su casa, robaron su computadora y perdió el trabajo que tenía guardado ahí. Pero ahora ha reconstruido mucho de eso.

    Benett agrega que su relación con esta historia es muy personal. "Yo no soy historiador, ni académico. Mi acercamiento al tema es 100 % periodístico. Pero hay gente muy destacada, que ha estado haciendo trabajos en la zona de Iquicha durante años. Un antropólogo, Ponciano del Pino de la Universidad de Huamanga, ha realizado el mejor estudio". Actualmente estudias para un doctorado en la universidad de Winsconsin.


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