Edición Nº 1756


 

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    ARTICULO

    23 de enero de 2003

    'Navegar en Convoy es Mejor que Solo'
    El presidente del BID, Enrique Iglesias, defiende las reformas de la década de 1990, identifica los puntos débiles y cree en la necesidad de la integración regional antes de aventurarnos a las tentadoras e insondables aguas de la globalización.

    No en vano Henrique Cardoso del Brasil lo llamaba "El Emperador". El uruguayo Enrique Iglesias, 71, acaba de ser reelegido por cuarta vez consecutiva en la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). No necesitó bregar demasiado; en realidad, le pidieron que se quedara. La economía de América Latina navega en mar picado e Iglesias, con 15 años al timón del BID, es un factor de templanza. Esta semana estuvo en Lima y suscribió cuatro convenios con el gobierno por un monto inicial de US$ 70 millones , de un paquete total de créditos de entre US$ 500 y US$ 700 millones para el resto del año. Haciendo un paréntesis en su apretada agenda, Iglesias concedió a CARETAS la siguiente entrevista en los predios del Hotel Sheraton.

    Entrevista MARCO ZILERI

    LLEVA Ud. 15 años a la cabeza del BID. De seguro que cuando asumió la presidencia por primera vez creyó que la economía de América Latina sería hoy muy distinta de lo que actualmente es.

    -Es cierto. En la década de 1980 estábamos tratando de salir de la crisis de la deuda y de la gran recesión. Nuestra gran preocupación era ésa: salir. Lo logramos sobre la base de incorporar nuevas actividades, con nuevos instrumentos, con nuevos tipos de préstamos y trabajando directamente con los gobiernos en las reformas que fueron lo que caracterizó la década de 1990, la época de las grandes reformas.

    -Muchas reformas, ¿pero dónde están las nueces?

    -América Latina empezó con los '90 una doble transición: democrática y económica. Estas generaron una gran expectativa. Todos pensamos que el crecimiento iba a ser mayor, que íbamos a mitigar la pobreza de forma más rápida, que íbamos a poder mejorar la distribuición del ingreso. Al repasar las experiencias de esos años, uno se encuentra con el vaso medio vacío y el vaso medio lleno.

    -¿Cuáles son esos pros y contras?

    -Son economías mejor administradas desde el punto de vista macroeconómico, y mercados más abiertos. En algunos casos hubo reformas de eficiencia estatal, y empezamos a tener experiencias en materia de integración económica. El caso de Mercosur es paradigmático. No olvidemos que la participación de América Latina en el comercio mundial cayó de 10 % a 3 %, entre 1960 y finales de los años '80 hasta hoy.

    -¿Y el vaso medio vacío?

    -El crecimiento fue más volátil de lo previsto. También surgieron en el campo financiero vulnerabilidades que no logramos predecir suficientemente. No todos los países, pero sí muchos de los medianos y grandes se empezaron a vincular al escenario internacional a partir de los flujos de ahorro externo que llegaron abundamentente en busca de rentabilidad o especulación, al amparo sobre todo de las privatizaciones. Ahora las cosas se ven más claras. Nos hemos hecho adictos al ahorro externo y eso se hizo a expensas de no haber aumentado el ahorro interno, que es lo que nos hubiera hecho más fuertes.

    -Aún así, América Latina atraviesa por un mal momento económico a pesar de las reformas.

    -Me rehúso a hablar de crisis regional, porque no es así. Ni el Perú, ni Chile o México están en crisis. Otra cosa es que haya una crisis de bajo crecimiento en general, que tiene que ver con la coyuntura mundial.

    -¿Pero el crecimiento de AL el 2002 fue de -1%?

    -Sí, pero sacando a Argentina, Uruguay y Venezuela, las cifras hubieran sido positivas.

    -Los gobiernos tienen la responsabilidad de mantener sus cuentas en orden, reformar el Estado, ser productivos, dirigir nuestras políticas hacia una justicia social...

    -Hay dos cosas: aumento del ahorro interno y exportación. Dos grandes cuellos de botella que impiden que nuestras economías sean más dinámicas.

    La santísima trinidad: Toledo, Iglesias y Silva Ruete.

    -Pero, ¿qué responsabilidades tienen las multilaterales como el BID?

    -Nuestra misión es acompañar las reformas, entre las cuales la del Estado es muy importante. Segundo, preparar a los países para su inserción internacional. Por ello le damos mucha importancia al tema de la competitividad. Pero, por encima de ambas, lo que más nos ha preocupado siempre es el tema social, el cual es y será el objetivo del Banco. Hablo de la generación de empleo en general, y de la reducción de la pobreza en particular.

    -Sin duda, esquemas de alivio a la pobreza como el de Foncodes existen gracias al financiamiento del BID.

    -Creemos en las metas del Milenio, de acuerdo a las cuales en el año 2015 los países deben reducir a la mitad la pobreza y la indigencia. Pero tal como están las cosas, muchos países no lo van a lograr. Para ello se debe crecer mucho más de lo que estamos creciendo y, además, tener políticas explícitas de redes de protección social e incidir en ciertos factores claves del cambio social en el que la educación es central, así como la creación de oportunidades de trabajo. Son dos puntos en los cuales el Banco trabaja intensamente.

    -¿No es acaso cierto que el mero crecimiento vegetativo de la población es mayor que la velocidad con la que la sociedad provee servicios?

    - En general el crecimiento del ingreso per cápita en la región ha sido sostenido. En el fondo, ha habido otros fenómenos como la urbanización, por ejemplo, que en América Latina se dio con una fuerza sin precedentes en otras partes del mundo, y que trajo consigo todo un conjunto de problemas muy complejos, incluyendo el manejo de expectativas. Es un shock importante de inversión, pero también de oportunidades.

    -Sin embargo, el Perú tiene cantidad de ejemplos de llamados "polos de desarrollo" que hoy son fábricas rodeadas tugurios. Un fenómeno que se repite en todo el continente.

    -Es que la generación de empleo a partir de grandes inversiones nunca será atendida suficientemente. Es por eso que junto con atender esas inversiones que son importantes y necesarias, se necesitan programas que atiendan a la educación y la generación de empleo en la micro y la mediana empresa. Tenemos millones de empresas de esas características en América Latina, en donde con pocos recursos y formación se puede crear un ambiente propicio para la generación de empleo.

    -Con perplejidad suelo escuchar a los banqueros peruanos sostener que el sistema financiero privado nacional tiene gran liquidez, pero el problema es que "no hay sujetos de crédito".

    -Lo que pasa es que la lógica de la rentabilidad viene unida a la del riesgo. Los bancos tienen que buscar la forma de cubrirse en ambos frentes. Yo creo que ahí deben entrar a jugar organismos de intermediación financiera que desgraciadamente fueron perdiendo vigencia por sus propios defectos. Hay segmentos que financian a más largo plazo o a segmentos del mercado que no atiende el sector bancario.

    -¿Se refiere a la banca de fomento? ¿En el Perú no dedicamos buena parte de la década de 1990 a desmantelarla?

    -Y por buenas razones, en su momento. Se habían convertido en tremendamente ineficientes, en grandes cementerios de subsidios sin haber logrado éxitos ni dividendos. Pero eso no debería llevarnos a la conclusión de que ese tipo de bancos no tienen una función. Ahora tienen una función distinta a la del pasado, con otro tipo de gestión, con mayor participación del sector privado y con nuevos criterios para la asignación de recursos. Estamos trabajando en todo el sistema financiero que nos permite de alguna manera atacar ese segmento que no está considerado por parte de la sociedad.

    -Pues estamos en pañales en ese campo. Un Banco Agrario recién ha abierto sus ventanillas, lo mismo que otras instituciones de ese corte.

    -Hay que aprender las lecciones del pasado. Primero, si hay subsidios, que sean explícitos. Que se sepa quién los recibe, y quién los paga. Segundo, si hay gestión, que no sea generadora de rentas de sectores privilegiados. Tercero, la gestión debe tener un alto profesionalismo, que muchas veces está asegurado por la participación del sector privado en la cogestión de estas instituciones.

    -Una de las críticas que Joseph Stiglitz hace al FMI es que impulsó a las economías emergentes a abrir sus mercados, mientras que las tasas de interés bancarias eran altas.

    -Las tasas de interés no pueden ser administradas por decreto. Siempre son el resultado de la relación entre el mercado financiero y la demanda, y donde el riesgo y la eficiencia son factores claves. Pero es muy difícil luchar contra las percepciones del mercado respecto al sistema de riesgo, y eso es lo que hace que las tasas de interés sean tan elevadas.

    -¿No es ésta en todo caso una lección adicional para evitar ponernos la soga al cuello?

    -Yo no sería tan dramático. Primero, el endeudamiento con los bancos multilaterales es el más barato y extenso del mundo. Segundo, lo que quizás no hicimos bien fue no haber hecho un esfuerzo dirigido al ahorro interno. Eso nos hizo mucho más dependientes del ahorro externo.

    -El BID ha anunciado préstamos de entre US$ 500 y US$ 700 millones para el año. Sin embargo, el gobierno sostiene que los parámetros macroeconómicos acordados con el FMI fijan límites a la capacidad de gasto del gobierno. En suma, ¿de dónde va a salir la contrapartida peruana?

    -El FMI quiere mantener bajo control la inflación. Para eso hay que tener bajo control el gasto y eso implica tener ciertos topes que aseguran la estabilidad. Nadie establece topes por gusto o por torturar a los países.

    -Tenemos también la dimensión política del problema, de democracias acosadas por las demandas sociales de poblaciones cada vez más impacientes.

    -Ese es un tema que levanta el presidente Toledo, y tiene razón. Nuestras democracias necesitan de un alto gasto social que permita atender un nivel de demandas muy alto. Pero no se puede expandir el gasto social a expensas del desequilibrio de precios o de la balanza de pagos. Es inevitable tener una visión de conjunto y resolverlo en ese esquema.

    -¿Está América Latina preparada para abrir sus mercados y competir en el 2005, fecha en la que se supone debe entrar a funcionar el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA)?

    -En los próximos dos años se van a producir decisiones fundamentales que van a marcar por décadas el destino de nuestros países. Por un lado, va a tener que definirse qué hacemos con la integración regional, qué hacemos con el ALCA, cómo negociamos con la Unión Europea y con la Organización Mundial del Comercio. Para eso hay que prepararse. En ese sentido, el gobierno peruano esta semana tomó una decisión muy importante: se está endeudando para invertir en capacitación de gente para poder negociar.

    Segundo, es importante entender que la globalización es una vía de dos caminos. Todo el mundo quiere vender y tener un espacio propio. Creo que eso agranda el papel de la integración regional. La competencia es muy descarnada y compleja. Hay que prepararse para no tener experiencias amargas. Navegar en convoy es mejor que solo. Hay que navegar juntos.

     


     

    Países en Bancarrota
    El FMI impulsa un esquema tipo Capítulo 11 para países altamente endeudados que caigan en bancarrota.

     
    Aninat, ¿Luz al final del túnel?

    TAMBIEN visitó Lima la semana pasada, Eduardo Aninat, número 3 del Fondo Monetario Internacional (FMI). El economista chileno, y ex ministro de Economía del gobierno de Patricio Aylwin durante cinco años, tiene hoy a su cargo la carpeta Perú. Y sus pedidos de cautela -"no arriegar los avances macroeconómicos bajo ninguna circunstancia"- fueron tan elocuentes como su optimismo sobre la marcha de la economía nacional: un crecimiento proyectado anual de 4.5%.

    En materia de deuda externa, Aninat mencionó los esfuerzos del FMI por crear un Tribunal Internacional de Arbitraje, que ofrecería a los países el mismo tipo de procedimientos de reorganización en caso de bancarrota con lo que cuentan las empresas y los municipalidades en muchos países industrializados. La idea, que está en circulación desde hace al menos una década, reaparició en un discurso pronunciado en noviembre del 2001 nada menos que por Anne Krueger, la número dos del FMI. También Horst Kohler, director ejecutivo del FMI, ha hablado del tema.

    El caso es que el Perú y la última renegociación de la deuda fue tomada como ejemplo por Krueger. Y es que a pesar de que el grueso de los acreedores del Perú estuvieron de acuerdo con proceder con una reestructuración, bastó con un sólo acreedor reacio y agresivo para embarcar al país en un largo y costoso litigio.

    Sostiene Krueger que el actual sistema es perverso al imponer cargas económicas insuperables a los países. Su idea es que los países pidan permiso al Fondo para declara la suspensión de pagos, como hacen las empresas ante los jueces. Concedida la autorización, el país endeudado negociaría ordenadamente con sus acreedores, bajo la tutela del FMI, que estaría capacitado para imponer controles de cambios para disuadir de la huida de capitales privados.

     


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