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Edición Nº 1756 |
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Climaco
¿Clínico o Cínico?
Escribe JERONIMO PIMENTEL SUS modismos miraflorinos, ese alargamiento laxo de la voz junto a la vestimenta impecable, lo hacen un adolescente más. Descontextualizado, sí, tras unas rejas que se hacen inusuales, incómodas. Fílmicas. Todo muy raro hasta que sonríe. Y la película se vuelve de horror. Ese ensanchamiento lateral de las comisuras de labios provee los rasgos calcados de a quien sólo le falta un bozal para ser Hannibal Lecter. ¿Pero acaso es histrionismo o su comportamiento natural? Las barras de metal cumplen su función dramática. Y Clímaco empieza. Se declara culpable pero no recuerda nada. Serio, cabizbajo, de pronto sonríe. ¿Si se siente arrepentido?, Sí, pero de haber ido a su casa porque ellos me jugaron mal. Yo era la bala y ellos apretaron el gatillo. Stop. ¿Por qué ellos apretaron el gatillo? Porque diluyeron droga dentro de las gaseosas que tomamos. La endeble coartada sólo tiene un asidero. Tanto Clímaco como Carlos Lescano -uno amigo de Sebastián Brenes que se encontraba en la casa cuando el ataque- dan positivo de cocaína. Ambos no pueden explicar cómo la droga se encuentra en sus organismos. Pero Clímaco se aferra a eso. La única forma de explicar mi comportamiento es que por hacerme una broma pusieron coca en la Inca Kola. Yo me he metido tiros en el penal pero de coca pateada, la que ellos me dieron debió ser purísima. -Mentira -clama el juez, de un perfil que se confunde con el de Juan Gabriel-. Todo el mundo sabe que en el penal al que trae coca impura lo matan. -Bueno, usted la habrá probado. La respuesta insolente del reo desata risas. Pero detrás de sus mascullos y olvidos (cuando se le pidió que narre los hechos aseveró no acordarse de nada) hay una irreverencia que no se explica en quien debiera -por interés- mostrar arrepentimiento. Aunque confesó abiertamente tener sentimientos encontrados, parece claro que Clímaco está loco o se hace el loco. La segunda alternativa abre posibilidades muy convenientes. Fingir locura (supuesto olvido del crimen intensificado con la hipotética
ingesta de drogas, comportamiento errático al formular coartadas
descabelladas, sonrisas inexplicables) le permitiría, eventualmente,
lograr la inimputabilidad del crimen. Pasaría, luego, a un sanatorio,
destino mucho más manejable que Lurigancho. Sin embargo, el escenario de la enfermedad mental fue descartado por el peritaje psiquiátrico elaborado por el Ministerio Público. Ahí se elaboró un análisis en el que constan, en cambio, varios rasgos de su comportamiento: ausencia de sentimientos de culpa, frialdad, insinceridad, narcisismo, exhibicionismo, comportamiento histriónico, alta peligrosidad, baja tolerancia al fracaso, posible reincidencia, mentira, manipulación, envidia. Todo el diccionario, según la sorna del abogado defensor, Luis Felipe Cortez. El contraste con su autodefinición (soy una persona con carácter tranquilo, no soy agresivo) salta a la vista. ¿Y EL MOVIL? A pesar de esto, algo que juega a su favor es la incapacidad de encontrar un móvil aparente. Ni la defensa ni la fiscalía han podido encontrar uno realmente sólido. Uno de ellos, su enamoramiento con Alexandra Brenes, es frágil. No consta que hayan tenido mayor contacto. En el peritaje psiquiátrico, ante la pregunta, Clímaco contesta que ni siquiera le parecía bonita. Impasible contesta: del 0 al 20 le pongo 12. Otra posibilidad es la hipótesis de la envidia. Su familia desarticulada ante la temprana muerte de su padre le habría generado frustración, lo que se acentuaría al compararse con el supuesto éxito de la familia Brenes Hague en una historia parecida (la ausencia paterna). Sin embargo, los Brenes no eran una familia arquetípica del triunfo, no eran especialmente pudientes, y Sebastián (repitente) no era académicamente sobresaliente. Clímaco mismo, ante la pregunta en juicio, descarta tal posibilidad con burla: -Alexandra me había dicho que con su papá nada que ver. Sebastián había ingresado a la San Ignacio pero las vacantes eran las mismas que los postulantes. Era una universidad fácil, todos lo saben. Yo postulaba a San Marcos. Por otra parte, los argumentos que se erigen para desvirtuar el "ataque de locura" son muchos y contundentes. El primero de ellos, es la presencia inexplicada de guantes y soguilla (aunque no fueron usados). Resulta pueril argüir, como hizo, que los utilizaba para pintar dibujos en carboncillo y hacer ejercicios, respectivamente. Esto implica planeamiento. Un conocido psiquiatra afirma que es posible obnubilarse hasta perder el sentido, victimar ferozmente, y luego no recordar nada. Deviene una amnesia total. El estado descrito se llama "crepuscular", y sólo se produce de dos maneras, por alcoholismo o drogadicción extrema, o por estar bajo un estrés sobrenatural (en caso de guerra por ejemplo). Aún así, la persona es incapaz de recordar nada y debe tener antecedentes epilépticos. Se da en casos excepcionales. Desvirtúa tal opción que tanto en la instructiva de la Policía como en la reconstrucción de los hechos, Clímaco detalla con precisión los crímenes perpetrados. No existiría tal amnesia. La defensa insiste en que esas declaraciones fueron inducidas. Entonces o la Policía tiene novelistas en potencia o alguien miente.
De otro lado, el abogado Lamas Puccio en su intervención preguntó acerca de las relaciones entre Clímaco y la comunidad eclesiástica del colegio Santa María. Como se sabe, Clímaco fue monaguillo de los marianistas y su militancia era tal que incluso viajó a Roma para la canonización de un clérigo de la congregación. Lamas preguntó: -¿Recibió a algún sacerdote en la carceleta del Poder Judicial? -Si, a Eduardo Rodríguez. -¿Tuvo alguna relación con él? -Ha sido mi profesor, parte del grupo pastoral. -¿De qué conversaron? -No pude explicar que había pasado. -¿Alguna vez, de niño o adolescente, sufrió de alguna violación? -No. Apenas sucedido el crimen, el padre Rodríguez viajó y se abstuvo de cualquier posterior participación. HABLA LA DEFENSA En intervención minimal, Cortez ha reducido su parte a señalar que la acusación es equivocada, porque al pedir 35 años de prisión para Clímaco el fiscal ha invocado una norma derogada, el artículo 29 del Código Penal. Respecto a las hipótesis que se tejen sobre las drogas y las contradicciones (a las ingestas negadas de cocaína por parte de Clímaco y Lescano se suma el hecho de que Sebastián declaró haber consumido marihuana y el examen arroja negativo), Cortez sólo refiere que los peritos toxicológicos y psiquiátricos se encargarán de llegar a la verdad. Si tiene cara de lágrimas o no es un tema subjetivo. Respecto a los peritajes de parte, Cortez adelantó que habían determinado que Clímaco no padecía una enfermedad mental, pero sí una personalidad totalmente límite. La confrontación médico-psicológica anuncia el próximo round.
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