|
Edición Nº 1756 |
| |||||||
|
|
||||||||
|
|
Por LORENA TUDELA LOVEDAY Con la Oreja Parada La cosa es que enterarme del cangrejo y partir para Galápagos fue un solo proceso. Todo regio, hija, hasta que en el barco que me llevaba desde Esmeraldas a las islas, qué crees, me tocan en la mesa del costado a la hora del almuerzo, unas ecuatorianas regias, absolutamente GCU, que comentaban entre ellas sobre cierta gente, como si estuvieran hablando de una corte de marcianos cholos caídos de casualidad sobre la Tierra: "Pero, ¿se fijaron ustedes en lo que llevaba puesto la mujer?", dijo una rubia espléndida, igualita a Marishienka pero con unos seis lustros menos. "Pero por Dios, si cuando apareció yo pensé que habían dado asueto a los locos por la juramentación del otavalo impúdico del Gutiérrez", acotó otra un poco gordezuela para mi gusto pero que tenía, hija, una cartera de Narciso Baltiano que en otras circunstancias yo fácil me la hubiera podido birlar, con eso te digo todo. La tercera regia, no lo era tanto. Para mi gusto resultaba un poco tropicalona, hija, pintada como si viniera del velorio de su tío payaso y vestida de sedas, con joyas hasta en los moños, sin tener en cuenta que el contexto nos exigía a toooooooodos ser súper respetuosos con la naturaleza y no andarse con choladas. Pero bueno, como ya me habían picado el diente con el chisme, pucha, paré la oreja y escuché lo siguiente: "Dicen que es belga y puede ser, porque yo he visto en Brujas, el mes pasado que estuve por ahí con mi marido que tenía que hacer unos negocitos con la Unión Europea, que las belgas se visten como si estuvieran a oscuras, lo que debe ser herencia de la guerra porque seguro que con los bombardeos se les cortaba la electricidad y no había forma de mirarse al espejo". Hija, yo ya empezaba a hacer conciencia del asunto y no había que ser Einstein para darse cuenta de a quién se estaban refiriendo. Pero como yo guardaba una última esperanza de que no fuera así (tú sabes, hija, lo positiva que soy), esperé que algo más saliera del diálogo para terminar de convencerme, y de salir, salió: "Y encima el sapo calapitrinche del marido tiene el tupé de presentarse media hora tarde a la ceremonia. Pero bueno, entre camélidos andinos se entenderán porque lo que es yo...", añadió la Marischienka joven, a lo que la tropicalona sumó: "A mí que me los pongan en postales de turismo, porque en persona la verdad que cada vez me dan más miedo". Hija, no sabes lo mal que me sentí, pucha, de ver -primero- que nuestro país tenga esa imagen tan bagre en el exterior. O sea, llegué a pensar en que sí aceptaría ser presidenta de Promperú y que si no me lo han propuesto hasta ahora es porque la Carrot dice que yo debo "mogig". Pero por otro lado, cómo te explico, me dolió horrores ver cómo esas chicas del barco, pucha, bien comidas, educadas, finas, con todo a su favor, podían ser tan racistas y banales. Ay no, si estamos... Chau, chau. (Rafo León).
|
|||||||
|
|
||||||||