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Edición Nº 1756 |
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Las Caras de Guillén
Escribe JUAN CARLOS MENDEZ GUILLEN, Edgar nos invita a tomar asiento. Pregunta si estamos grabando y comienza. "Todos sabemos que este país no tiene política cultural pero no todos saben que en esas condiciones ser actor es simplemente una desgracia. Luego de 45 años de actividad me doy cuenta de eso. Es dramático. Sin embargo, esta situación me ha llevado a descubrir los verdaderos móviles por los cuales me sumergí en el teatro: la inseguridad, la falta de aprobación, el rechazo". Me pregunta si quiero café y sin esperar respuesta enciende una hornilla y pone agua a calentar. Dice que le encanta cocinar. La tetera silba. Guillén, Edgar se pone de pie y dice que ser actor en un país del Tercer Mundo es simplemente absurdo. "Con todos los problemas que tenemos como sociedad la verdad es que no entiendo por qué lo hago, a quién me dirijo. Cuando comencé yo sentía que con el teatro podría salvar el mundo, pero la verdad es que no es así. Yo abracé mi oficio como "la profesión". Recuerdo que cuando regresé de actuar y vivir en Europa por 5 años me encontré con mi padre que me preguntó ¿de qué vas a vivir? Yo me ofendí, no sabes cómo, porque para mí no había otra cosa más que el teatro. Y ahora resulta que vivo en su casa, ésa fue la herencia que me dejó". Entonces cuenta que estudió Bel Canto por 5 años y que también quiso ser músico. Luego señala los pocos libros de su estante y dice que hace 4 años regaló toda su biblioteca y todos los muebles de su sala. De pronto guarda silencio y como si lanzara un dardo, dice que si pudiera volver a su juventud de ninguna manera sería actor.
"Sería cualquier cosa. Aunque en realidad no me gustaría
volver. El ser humano es atroz. No creo que Dios nos haya creado a su
imagen y semejanza. Si no Dios sería un asco". Guillén,
Edgar dice todo con una tranquila seriedad. Con esa lúcida resignación
que produce el dolor y el saber que ya nada puede cambiar. Bebe de su
taza de café, afila la mirada y responde que sí, que él
también ha hecho sufrir a muchas personas. "He sido terrible
en el amor. Nunca tuve una pareja estable, siempre tenía que romper.
Una vez mi sicólogo me dijo que era un cobarde y ahora me doy cuenta
que tenía razón. Yo huía de mí mismo al postergar
mi vida por el teatro. Además sentía mucha culpa por la
muerte de mi madre. Yo tenía una relación muy intensa con
ella. Era muy posesiva. Ella murió pensando que yo no la quería.
Pero ya no. He hecho mi ejercicio de limpieza. Sai Baba me ha dado mucha
fuerza espiritual". Luego Guillén, Edgar dice que no ve TV
nacional porque no quiere enterarse de lo que pasa aquí, que en
un momento se arrepintió de no tener hijos pero que ahora se alegra
de no haberlos traído a sufrir, y que de lo único que nunca
se olvida es de pagar su seguro facultativo para poder morir sin fastidiar
a nadie. Entonces volvemos al teatro y dice que ya no tiene ningún
proyecto escénico, que no asiste a ningún estreno y que
ahora ese mundo le resulta totalmente ajeno. "Sólo voy a continuar
este año por respeto al público que me acompañó
durante 10 años en mi proyecto unipersonal. Pero la verdad es que
ya nada de esto me produce ilusión".
País Caníbal
"La idea ha sido estudiar tres lugares donde se representó la violencia y se intentó explicarla a través de un discurso racional: Sendero, el Estado, y los intelectuales. La idea es que en el Perú, trágicamente, nos encontramos estancados en un mismo discurso que se repite en los tres. No hay nadie que cambie el paradigma". -¿Cuál es este discurso? -Una manía jerarquizante y pedagógica que ve al otro como inferior. En Sendero es: "Nosotros tenemos el marxismo y la verdad y el que no está con nosotros merece morir". En el caso de los militares: "Nosotros representamos la nación y los que están fuera merecen morir". En el caso de Vargas Llosa: "Nosotros somos los representantes de la modernidad y todo lo demás es atraso entonces merece desaparecer". -¿Cuál sería el paradigma alternativo? -Sería reconocer que la verdad es una construcción intersubjetiva, que la verdad no se condensa en ningún lugar, que no hay una ideología que la concentre toda. -¿Un Estado que se pretende moderno como el nuestro resiste esa idea? -Es un gran debate. La pregunta es si puede existir un Estado que no distribuya un discurso homogenizante y sea capaz de articular la diferencia. Hacia eso debemos aspirar. -¿Cómo se refleja ese pensamiento jerárquico en la cotidianeidad? -Por ejemplo, Mesa Redonda produjo una serie de discursos sobre el mundo informal, al que se le echaba la culpa de todo. Con Utopía vemos que el mundo formal es falsamente formal, las clases altas son exactamente igual que las populares. En el libro, esto aparece analizado no desde el fuego y la sangre sino a partir de textos. -También mencionas como caso Uchuraccay. -El problema es con el informe. Es nefasto en dos niveles: reproduce la ideología criolla letrada produciendo una imagen estereotipada de un mundo arcaico. Por otro lado, abre paso a la guerra sucia en el Perú. Después de ese informe se producen las mayores matanzas. -¿Ideológicamente posibilita esas matanzas? -Lo que posibilita es el ingreso más libre, autorizado de las FF.AA., que no se sienten controladas por la sociedad civil. Así se abre la puerta para que se produzcan las mayores violaciones de derechos humanos. -En ese sentido, ¿cuál sería la función de la Comisión de la Verdad? -Debe zanjar con eso. La CdV está para revelar una verdad que se intuye oculta. Lo de Sendero lo sabemos más o menos. Lo que desconocemos es el papel de las FF.AA., por eso el acento debería estar ahí. Últimamente me llamaron la atención declaraciones de Carlos Tapia diciendo que Sendero mató más gente que el Ejército. ¿Cuál es el sentido de esa afirmación? El que mató a 20 no es más malo que el que mató a 10. No es un problema de cuantificación, sino de teorizar por qué se mata, y por qué los "buenos" y los "malos" se comportan igual. (Jerónimo Pimentel).
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