Edición Nº 1757


 

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    30 de enero de 2003

    Por FERNANDO VIVAS

    Contramarchas
    Sobre marchas, reemplazos, juicios y rating.

    IMPEDIR las marchas por el Centro Histórico es cortar uno de los poquísimos hilos a través de los que el Ejecutivo puede oír la grita ciudadana. El decreto con el que Castañeda quiere demostrar que tiene cojones políticos no ha tomado en cuenta que medidas como ésta pueden ahondar las brechas entre poder y pueblo, entre peruanos estables y compatriotas en la lona.

    Hay que minimizar el daño a los comerciantes de la zona y asegurar la intangibilidad del patrimonio cultural; pero antes que la prohibición absoluta hubiera preferido una negociación de medidas intermedias: que los protestantes se ciñan a tales límites de bulla y horario que les haga más apetitoso marchar por otro lado, que el resguardo policial sea doble, que se sancione con mayor severidad que en otras zonas la quema de llantas, el estallido de cohetones y otros despelotes a los que son afectos los bárbaros de Construcción Civil.

    En todos los centros se cuecen habas y a los turistas les encanta tomar fotos de las marchas, así que no son el mejor argumento contra ellas. A atacar sus causas es a lo que hay que abocarse. En cualquier caso o calle, espero que la TV este allí registrándolas.

    •••

    Me provoca marchar por el Centro Histórico -pacíficamente, por supuesto- directo a Palacio a protestar por la contramarcha que implica la decisión del Presidente de despedir al ministro del Interior Gino Costa y reemplazarlo por el posibilista Alberto Sanabria sin currículum sustentable y que un reportaje de Graciela Villasís en "Contrapunto" había calateado en el 2002 en toda su venalidad burocrática, haciendo carrusel de bonificaciones y cobrando por comisiones no cumplidas cuando fue director de gobierno.

    Justo cuando teníamos un civil no partidarizado, en plena reforma de la Policía, con un equipo cohesionado, con milicos insubordinados que había que poner en su sitio luego de lo mal que se portaron con el país, ¡zas! el Presidente oye a no se qué cliente o voz interior que le dicen cámbiame a éste.

    Eso es lo grave. Que, si bien le reconocemos a Toledo el derecho de prescindir de cualquier ministro, lo haga precisamente de uno que no andaba mal y sin que sepamos qué razones lo impelieron al cambiazo, qué alianzas o pactos honra al perpetrarlo.

    Crisis autogenerada con zapatos y todo, retroalimentada y peligrosa porque por la cartera del Interior discurre el nervio de la seguridad ciudadana, excitable ante la posibilidad de que la protección caiga en manos corruptibles. Súmesele el susto del CNI, del que sale Fernando Rospigliosi.

    Lo peor es que caemos en la cuenta que al desaparecer del gabinete los cívicos a mucha honra, los profesionales openmind, los izquierdistas de uña limpia, se inclina la balanza hacia el polo oscurantista de Fernando Carbone, el matacondones, el intolerante del día después y el principal responsable -con la venia del premier Solari- de los retrocesos en las políticas de planificación familiar, salud reproductiva y lucha contra el SIDA. Y eso que Toledo -cfr. caso Zaraí- es un liberal en estas lides.

    Pero no quiero creer que el Premier, ni el vicepresidente Raúl Diez Canseco, ni el posibilista Carlos Bruce, por más que saquen réditos políticos con el cambiazo, por más que aplaquen las demandas de militares, amigos y parientes que los habrán importunado; hayan forzado la crisis de puro fóbicos a la ideología actual o pasada de los defenestrados. Más bien tenemos la ocasión -ojalá la tele ayude- de ponchar las intrigas de algunos secundarios que ¿quién sabe? pudieron activar irresponsablemente el pensamiento paranoico-totalitario del presidente disparando la crisis. Por ejemplo, Juan Sheput, asesor político de Toledo, que justifica el sueldo que le paga la nación difundiendo trascendidos y luego haciéndose entrevistar en La República con cara de "desconozco, yo no fui". Y ni qué decir de Guillermo González Arica, señalado por muchos e incluyo a toda una "Rueda de prensa" de Canal N, como un oscuro filtro de lo que oye y ve el Presidente.

    La intriga y el interés de grupete suplantan a la presión popular y la voluptuosidad de un hombre sobredimensionado -el Presidente, pues- suplanta la decisión política responsable. Ojalá haya siquiera un asesor eficaz que jale a Toledo para el buen molino. Está en juego la seguridad, la inteligencia, la reforma militar y también la limpieza de la pantalla pues con este triunfo de los intrigantes ganaría espacio la noticia comechada y la mermelada.

    •••

    "El Rating: descifrando los números mágicos" es un libro técnico de Miguel Mejía, exgerente de Ibope, donde enseña la regla de tres y algunas operaciones de mayor grado de dificultad para medir la audiencia de cada programa y spot. En sus fundamentos es conciliador: ni tomen al rating como única guía para envanecerse u odiar al rival; ni lo desprecien como medida de nada. ¿Existirá el rating cualitativo? Me gustaría saber los de Toledo y su nuevo ministrillo.



     

    Escribe ANGEL CALVO "NICOLASA"

    Angel Calvo y Nicolasa zapean y dicen NO a los enlatados en las mañanas de "Hola Perú" en Canal 7.

    En la TV peruana existe gente con gran talento y eso es indudable, pero en el afán de competir por el rating han ido perdiendo la ética y el contenido de los programas. Esta carrera es una epidemia que ha contagiado incluso a las figuras sagradas de nuestra tele, siempre con la consabida excusa de que son el reflejo de lo que el público quiere y desea. Yo creo que la calidad supera al famoso rating. Si bien es cierto que al principio puede sorprender al público acostumbrado al mal gusto, con el tiempo entenderá que la televisión también puede mejorar la calidad de vida del espectador, y es fundamental que esto comience por los programas infantiles pues nos dan dibujos animados enlatados que en su país de origen están prohibidos. Debemos crear espacios para los niños con productos de alta calidad aplicando el talento y la creatividad con que los peruanos hemos sido reconocidos. Ya es hora de trabajar en serio.




    Raúl Romero, el animador no tiene quién lo anime.

    La Penitencia de Romero

    Raúl Romero se impuso como penitencia sufrir un interrogatorio de Magaly, a quien se pueden hacer algunas de las mismas preguntas que ella hizo a Raúl sobre su colaboración con el gobierno del Chino. Alla él. Pero se excedió al imponernos el suplicio de oír la letanía, a veces lacrimosa, a veces seca y arrogante, de su perdón inconsecuente. Creo que lo que no acepta Raúl es haber dejado definitivamente de ser el iluminado líder de opinión que se impuso a sí mismo la misión de reformar la tele (para lo que hizo campaña ante los anunciantes pidiéndoles que no auspicien a Magaly) y, ¡esto fue el colmo!, se empeñó en la más heroica misión de ayudar a Montesinos a mejorar al país. Raúl no se resigna a no impresionarnos nunca más con sus conceptos macropolíticos, su mensajismo y su elocuencia. Cuando por fin acate estas condiciones de humildad y arrepentimiento eficaz, tal vez volvamos a gozar sin atingencias del brillante animador.



     

     

    Picotazos

    "Aquí estamos en Macondo y las empresas públicas son administradas por señores Taco que hacen honor a su apellido".

    Economista Pablo Secada en "La Hora N".

     


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