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Edición Nº 1760 |
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La Costa
Huele
CADA segundo 18 mil litros de aguas servidas infestan las costas de la ciudad. Lima Metropolitana cuenta con una población aproximada de 8 millones de habitantes, que generan un promedio de 18.7 m3/s de descarga. Sólo el 7.5 % de este total es tratado (1.4 m3/s), y el resto va del inodoro al mar. ¿Por qué sigue operando un sistema tan obsoleto y nocivo como el de colectores que desaguan al océano? El sistema de alcantarillado de la capital tiene unos 142 años de antigüedad, siendo el colector Surco -conocido como "La Chira"-, inaugurado en 1963, el más moderno. Gran parte de esa estructura es hoy obsoleta, pues se diseñó sin poder prever la explosión demográfica que experimentaría Lima desde entonces. En principio, la respuesta al problema se conoce. Para descontaminar
el mar y pasar al retiro a colectores legendarios como el Centenario o
el Costanero, los especialistas tienen dos opciones: la primera es alargar
las tuberías y convertirlas en colectores submarinos (a 60 metros
de profundidad, hasta tres kilómetros lejos de la costa), "de los
cuales se descargan aguas tratadas, no servidas como se arrojan
actualmente", puntualiza la Dra. Guadalupe Sánchez, directora de
Oceanografía del Instituto del Mar Peruano (IMARPE). De este modo
se aprovecha el curso de las corrientes submarinas para reciclar las aguas
sin un impacto ambiental negativo. La segunda opción consiste en
el desvío de los colectores hacia plantas de tratamiento, donde
sus descargas son adecuadas para la agricultura. La abundancia de éstas
en nutrientes como nitrógeno y fósforo incluso las hacen
aptas para el riego de verduras.
Este es exactamente el objetivo de la Fase I del Proyecto de Mejoramiento del Sistema de Alcantarillado de la Zona Sur de Lima -Proyecto MESIAS-, un plan integral que consiste en derivar 2.67 m3/s de aguas residuales del Emisor Surco con el fin de ser tratadas en las plantas de tratamiento San Bartolo (1.7 m3/s), San Juan (0.8 m3/s) y Huáscar (0.17 m3/s), con el cual el porcentaje de tratamiento se incrementa al 21.7 %, se disminuye la contaminación del litoral limeño y se aprovechan las aguas tratadas para riego agrícola. Las obras se iniciaron en 1994, y por increíble que parezca, casi una década después se concluirán las obras de la Fase I. Un cóctel adverso de costos elevadísimos (casi 130 millones de dólares), invasiones en los terrenos de las obras y comunicaciones defectuosas con el municipio del sitio provocaron las demoras, "pero en los próximos tres o cuatro meses, completaremos los 4.5 km. de tuberías que nos faltan", promete el gerente general de Sedapal, Pablo García Tasilla. La Fase II ya abandonó también las mesas de proyectos, y se espera encontrar inversionistas.
LA NUEVA COSTANERA "¿Cuándo dejaremos de ser el desagüe de Lima? ¿Cuándo vamos a tener una zona balnearia con potencial?" Salvador Heresi es el impetuoso alcalde de San Miguel que tiene la firme convicción de darle a su distrito un balneario turístico. Para ello, apuesta por lo que él llama "estrategias" para atraer la inversión privada en la zona inconclusa de la Costa Verde. Su mayor enemigo, el colector costanero, alimenta una mancha pardusca en el mar, y produce una hediondez asfixiante, aun a varios metros de distancia. En medio de un mar de desechos existen pescadores artesanales extrayendo gran cantidad de liza -pez que se nutre de desechos fecales-, para distribuirla en distintos puntos de Lima. Esta zona con dificultad puede llamarse atractiva, mucho menos turística, aunque Heresi advierte que esperen y verán. Su proyecto incluye una vía de acceso rápido que comunicará al Cono Norte -su "zona potencial de bañistas"- con la futura "zona balnearia", la Costanera. Planea construir un acceso a la zona de la orilla, asfaltar los terrales y redistribuir las edificaciones de la zona. "¿Cuál será el atractivo de la Costa Verde? La playa, que convoca bañistas. ¿Por dónde vendrán los bañistas? Por la avenida Universitaria. Tendremos un atractivo que creará un mercado para atender", añade. Sus sueños y los de cada vez más inversionistas y alcaldes expectantes dependen de la agilización de la Fase II de Mesías, aún una realidad lejana. Con energías y mucha paciencia, los reductos de tanta inmundicia podrían convertirse en lugares dignos de visitar. (Sandro Mairata).
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