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Edición Nº 1760 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Ay, Subsidios Cruzados
PUCHA, chola, la novedad de la semana es que ahora hay que volverse pobre para que te caiga el subsidio cruzado, qué me comentas. O sea, yo por mi parte, casi arreglo mi inserción en el sector F de una manera súper original, hija, y no me había costado demasiado trabajo porque, o sea, en el verano todos los pacientes se largan a la playa y a una la dejan más caída que chichi de gitana, no sabes. Cuando me di cuenta el otro día que me pasaba las horas de las horas en el consultorio sentada como una tortuga dopada esperando a que lleguen los locos, pensando en Gino y sus piernotas y en Diego y sus cejotas y en José y sus pelotas, pucha, ahí hice conciencia de que si no actuaba de inmediato, o sea, me iba a quedar sin servicios a tarifa social, que es la nueva pichulada que me ha sacado Pachi para el diario, ¿no? Qué, ¿no te habías enterado? No sabes. ¿Te acuerdas que el día de esa cholada de San Valentín, Pachi se fue a Junín con la loca Carrot a dar un espectáculo deplorable de servinacuy de brichero, y cuando nadie se la imaginaba se mandó con que "no tongo miodo do ononcior quo voy o sobsodior los sorvocios do loz, oguo o tolófono"? Bueno, como la cosa va de que los que más tienen pagarán más y los que menos, menos, pucha, me fui corriendo donde la Jessikah´s Jesseniah´s y le dije: "Jessy, ¿no habrá por tu pueblo joven un cuartito que yo pueda alquilar?" Hija, la Jessy, que estaba mirando clips de Madonna en su cuarto, o sea, me miró como si yo fuera la esposa de Francisco Pizarro dispuesta a expoliarlos de nuevo, y mandó: "Ya está fumando de nuevo esa cosa que huele a huamanripa con paico, ¿no le da miedo quedar como el Clímaco?" Hija, le expliqué que de lo que se trata es de sacarle provecho al rol subsidiario del Estado, pero parece que la agarré a la Jessy con la ruler: "Estado alterado es el que tiene usted, señorita. Mejor llamamos a don Gino para que le haga ordenar sus pensamientos". Pucha, me tomó horas hacerle ver de qué se trataba, hasta que accedió al día siguiente -que era su salida-o sea, a llevarme a Canto Rey, que es donde vive su comunidad andina, a ver si yo alquilaba algo para pertenecer al sector ese al que Pachi le va a regalar hasta las entradas al Estadio y a una que se la fornique un asno, no sé si me entiendes. Pucha, no pegué el ojo toda la noche. Con el entusiasmo me puse a fantasear que me volvía una pobladora de asentamiento humano. O sea, mi vida iba a ser así de ahí en adelante: cuartito con reja turquesa para que no se metan los fumones. Puerta de vidrios catedral y adentro, una salita así como de muebles Dany, ¿ya?, llena de millones de peluches y globos plateados con imprimé de I Love You. Un poster de Dina Paúcar al lado del almanaque de la ferretería Jhon Huancaruna y al medio, una foto recortada del periódico, de Gino bailoteando guaracha en la última fiesta de su playa de blancos... ¡lo máximooooo! Hasta ahí, toda una proletaria del New Peru, no sabes la emoción. Hasta que de pronto, la invasión de la cruda realidad. Un congresista horroroso que se ha puesto de moda -creo que se apellida Valdez, con lo cual no hago sino confirmar que ahora cualquiera en el Perú se apellida Valdez- tiene una tía que vive a mi costado y viene a tomar sopa de tripa de carnero todos los lunes, hija, y me queda el cuartucho apestando. Además, cómo te explico, los quince guardaespaldas del joven vienen a pedirme baño y resulta que tengo una cola de roperos con media blanca, hija, que parece waiting list del Troca. Y encima, hay que aguantar a las vecinitas de la cuadra, que no sé por qué extraña razón antropológica, no hacen sino verlo aparecer y se ponen debajo de la ventana a gritar: "Papi, papi, reconóceme a mí también", y a mí me dan unas jaquecas que fácil me podría degollar y pasar a la eternidad, donde al menos no huela tanto a pata como en ese barrio. En fin, hija, puse en los platos de la balanza las dos posibilidades y decidí que mejor no iba con la Jessy a Canto Rey, no fuera a ser que termine encinta del tal Valdez y ahí quiero verme, destrozada, desangrada, deshilvanada y desprotegida de toda legalidad. Para eso, pucha, prefiero pagar mi agua, mi luz y mi teléfono, como se me dé la gana. Full libre mercado, ¿no? Chau, chau. (Rafo León).
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