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Edición Nº 1760 |
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Por
FERNANDO VIVAS
NO se puede tapar el túnel por donde fugó Víctor Polay en 1990 junto a 47 terroristas con el dedo cachaciento de Jorge Del Castillo. Tampoco con la mano trémula con la que últimamente Alan García se acomoda el cerquillo. Necesitamos determinar las responsabilidades políticas y penales de un corporativismo populista, que le dio a la maquinita inflacionaria con el mismo desparpajo con que le dio a la metralleta ejecutando a 270 amotinados de Lurigancho y El Frontón en 1986: ¡vaya régimen patibulario que se estrenó con una matanza de reos y se despidió dando un empujoncito a los cabecillas del MRTA para que salieran a la superficie a petardear la campaña de Vargas Llosa! ¡Como si no bastara con la cuota de terror que el partido de gobierno ponía a través del comando Rodrigo Franco! Tenemos que sacarle la verdad a Agustín Mantilla ya mismo. Y no porque el APRA cuente con interrumpir el mandato de Toledo, sino porque sabe que cada punto que éste baje en las encuestas le permite contratacar y desviar la atención hacia la renta básica, hacia las broncas del posibilismo o hacia un Acuerdo Nacional usado como cortina de humo para disimular el mal olor de la impunidad. ¡Wait a minute! ¡Frenen la combi! El antiaprismo no salvará al Perú. Sirva mi texto de pretexto para subrayar los riesgos de cierto razonamiento político: Intolerancia radical hacia el enemigo (todo lo que haga o declare es llevado por el mal), derivar cargos penales de todo hecho doloso que entrañe alguna responsabilidad de función (o sea judicializar el enfrentamiento político, quitándole vuelo doctrinario y reduciéndolo a la actuación histriónica de pruebas, a dimes y diretes de fuentes rebatibles porque delatan presión o interés), usar dogmáticamente la etiqueta populista, dar rienda suelta al pensamiento conspirativo y a la elucubración golpista. Sin embargo el túnel de Polay o los crímenes del comando Rodrigo Franco sí son noticia. No las más importantes, pues para el periodismo fiscalizador el presente del poder debiera merecer más pesquisas y reportajes que el pasado de la oposición, pero sí son noticia desde que un aliado de Toledo, el FIM, más una facción antiaprista de Perú Posible, lograron imponer una comisión investigadora de Mantilla. El motivo parlamentario es inobjetable: El vladivideo del ex secretario general aprista sugiere una posta, poco investigada, entre la corrupción fujimontesinista y la aterrada y salvaje "inteligencia" paramilitar que parió al comando Rodrigo Franco poniendo, además de algunas cuentas miteriosas, en serios aprietos al gobierno aprista. Como quiera que Mantilla no tiene el perfil de un crápula individualista sino de un disciplinado militante, se puede presumir que se corrompió y se inmoló en la cárcel dos veces no para engrosar la fortuna propia, sino que guarda dólares y secretos en nombre de un partidario bien mayor. Así que hay mucho por investigar pero sin pasión, sin intriga, sin robar titulares a la actualidad y sin pretender favores del gobierno como precio por darle en la yema del gusto. Sucede que el periodismo televisivo está en jaque: o no tiene recursos para el reportaje a fondo o el canal que lo ampara está en la estacada. Procesos judiciales contra sus dueños prófugos o engorrosas insolvencias, hacen a sus directivos más vulnerables que nunca a leer libretos sugeridos. Pero la sugerencia oficialista, si la hay, no ha sido acogida con entusiasmo por los frentes periodísticos. Tanto el 5 como el 4, en sus programas dominicales, se distrajeron de temas de actualidad y se metieron al túnel del tiempo sin ánimo de encontrar nada más que los tics del acusador Alfonso Castrillón. El independiente Hildebrandt omite el tema y sólo Canal N ha dado riendo suelta a la fobia antiaprista. Caramba, con lo bien que haría, a apristas, antiapristas y a quienes nos sustraemos a esos polos, desplazar la atención del debate a la política y economía actual y ver qué ejecutan los que tienen la sartén por el mango y qué objetan los que alguna vez reventaron nuestra economía.
Escribe MELANIA URBINA KELLER
La verdad, es poca la televisión peruana que veo; soy una de las muchísimas personas que agradecen la existencia del cable. De los peruanos, veo algunos programas. Entre ellos, los noticieros en las mañanas por una cuestión básicamente informativa. El programa que realmente me gusta es "Cinescape", el cual trato de no perderme, no sólo porque me gusta el cine, sino porque Bruno Pinasco me parece realmente divertido. En cable, debo confesar ser adicta a los programas médicos, lo cual le parece extraño a mucha gente. Mucho Discovery Health, con algunos programas de cocina y otro poco de animales, es para mí la combinación perfecta. Pero al final de cuentas, formo parte de la generación del zapping y soy una de las típicas exponentes (modestia aparte, la velocidad que he logrado es bastante sorprendente); así que finalmente, es más lo que "no veo" que lo que sí.
El Vladicidio
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