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Edición Nº 1761 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Hija, Amores Andinos
PUCHA, me han contado que la autonomía del Poder Judicial ahorita se va al cacho, chola, y todo por un asunto de ésos que los mexicanos definen tan bien cuando dicen: "un par de tetas jalan más que dos carretas". ¿Quieres chisme? Bueno, ahí va. La fuente es bueníííííísima, viene de un colega mío que anda en Palacio como Pedro por su casa y no te puedo decir quién es, aunque me pica la lengua como si me acabara de comer un ají panca. Tú sabes, hija, se dice el milagro pero no el santo, o al revés, ya ni sé. Resulta que Pachi se ha enamorado como un adolescente, ni más ni menos que de Jackie Beltrán, así como lo escuchas, de la chola Beltrán. Parece que la vio por televisión, hija, el primer día del juicio ese y claro, como a ellos les gustan así, o sea, desmelenadas, rubias con sus ahorros, blusa de tigre que deja traslucir la tetamenta (modelo Miura, con las puntas bien hacia arriba), falda tubo pero tubo de SEDAPAL, sandalia con taco y uña del dedo gordo pintada de guinda, más su cara de arrechona y esos modales de novicia de La Salvaje, pucha, el cholo se prendó, y tú sabes que cuando ellos se enamoran no sólo se dedican a componer huainos sino que son persistentes como pájaros carpinteros, me lo vas a decir a mí, que cuando estudiaba antropología me hice de varios así en mis trabajos de campo. Bueno, hasta ahí la historia no tendría nada de extraordinaria -total, cholos que se tiemplan se ve todos los días, ¿no?, por eso hay tantos- si no fuera porque el bolondrón que se armó en Palacio el otro día que la loca Carrot entró al cuarto y lo encontró al maridete, pucha, con la cara pegada a la pantalla del televisor, diciéndole a la acusada: "Joquio, soy to pocoflor onomorodo; no to procopos, voy o hocorto loboror poro quo nos voyomos jontos ol Corobo o lo royodo do Oliono lo voy o mondor do ombojodoro o Bólgoco o vor so asó so dojo do jodormo lo vodo". Hija, mi fuente me ha contado que la zanahoria agarró lo primero que pudo y se lo clavó en la cabeza al pobre Pachi, y que eso primero que pudo era ni más ni menos que un ánfora Capo di Monti que le regaló la reina Eugenia Victoria a Leguía, con lo cual, pucha, por culpa de una pelea por las calenturas de estos impresentables, es que también perdemos el patrimonio cultural de la Nación. No, si son... Hija, lo cierto es que dicen que cuando no hay juicio en la televisión, el pobre Pachi se pasea por los patios sevillanos de Palacio mandando besos volados a la nada, que por quítame estas pajas se pone a llorar y por último, pucha, que ya ordenó que le permitan visitarla a la Jackie en la cárcel, so pretexto de obtener información de primera mano sobre la red de corrupción fujimontesinista, "poro on ol vonostorio porquo ohó so poudo conovorsorrrr con mós provocidod". Sí, privacidad te voy a dar, cholo zamarro. Bueno, el entorno está preocupadísimo porque hija, si Pachi digamos que muy afecto a la chamba nunca fue, ahora ya simplemente ya tiró la toalla. Firma cualquier cosa que le ponen por delante, nombra a quien sea para cualquier cosa, un de-sas-tre. Con decirte que la otra vez, pucha, Gonzales Tacna le hizo firmar una autorización para que Petroperú le pague la aplicación de su Botox, como si fuera la compra de una turbina para la refinería de Conchán, ¿te puedes imaginar? Por otro lado Solari, pucha, ya le sacó autorización también para dar una ley que obligue a que todas las parejas en el Perú recen tres Padrenuestros y dos Avemarías, arrodillados sobre vidrio molido, después de tirar (qué flojera, ¿no?, de dónde sacaría yo tanto vidrio para moler). Está tan ido el cholo, que hasta se le pasó por la cabeza poner a Alan-concha-su-abuela, de ministro de Economía "on fovor do lo concortoción", y déjame decirte que si se llegara a concretar ese delirio altiplánico, cómo te explico, el magnicidio pasaría a ser uno de mis deportes favoritos, no sé si me entiendes. Pero en fin, hija, la que a mí me da horroooooooores de pena es la Carrot, no sabes cuánto. O sea, más allá de nuestras diferencias (a ella se le nota la edad y a mí no), pucha, más puede mi solidaridad de mujer, ¿no te parece? Por eso, Carrotcita, cuando quieras conversar, pucha, llama con toda confianza, hasta podemos juntarnos para tomar un cafecito pero eso sí, o sea, ese día no lleves el cianuro en la cartera, ¿sí? Chau, chau. (Rafo León).
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