Edición Nº 1763


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    ARTICULO

    13 de marzo de 2003

    Yo Propongo

    Por VICTOR DELFIN

    EN estos días he estado preocupado; no por mis deudas que son mínimas, ni por mi salud de la cual no tengo por qué quejarme. Estoy preocupado por el problemón que se nos viene, si efectivamente vamos o no a tener una guerra.

    He pensando en el enorme gasto que significa ya este evento en el cual hasta la más humilde e insignificante criatura de esta bendita tierra será afectada. Pienso en los kilómetros de vendas, millones de cinta adhesiva, toneladas de gasas, barriles de mercurio cromo, centenares de guantes, miles de agujas hipodérmicas, cloroformo, alcohol y otros ingredientes, camillas, ambulancias, postas médicas, sala de operaciones, sin contar con la mano de obra, por supuesto, y las fosas, lampas, picos, ataúdes, cuadrillas,curas, rabinos, estrellas de David, medias lunas, etc. Hasta aquí no hablo de misiles, destrollers, cascos, kepís, insignias, prismáticos, carros blindados, aviones supersónicos, submarinos, cazas, comidas, bebidas, pastas, refrescos, cigarrillos, puros, whiskys, vodka, coca-cola, para los milicos.

    Pienso antes de empezar esta locura deberíamos ser prevenidos. Por ejemplo, crear un museo de antes de la guerra para almacenar con anticipación reliquias antiguas de las ciudades que vamos a destruir. He oído decir por allí que esta barbaridad se hace en nombre de la Democracia. Bueno, sea cual fuera las motivaciones a prevenir, en este museo se guardarán libros, joyas, viejas fotografías, esculturas, pinturas, grabados, dibujos, películas, vídeos, instrumentos, muebles, reliquias religiosas; y si la cosa fuera en Bagdad, la lámpara de Aladino, el turbante del ladrón de Bagdad y, si queda por allí, una hilacha de la alfombra mágica. Eso sí, no hay que preocuparse por si se estropean, incendian, queman todos los afiches y fotografías de Saddam Hussein.

    Pero no se trata de dar consejos sino soluciones. Propongo de inmediato un espectáculo que podría rendir tanto dinero y mucho más, como el que acaba de recaudar Shakira en la aldea global limeña y no produciría las calamidades que de antemano sabemos produce una guerra: El ser humano tiene siglos de experiencia en portarse peor que las bestias: niños huérfanos, viudas a discreción, cojos, tuertos, ciegos, mancos, gente idiotizada y traumatizada para siempre, hermosas ciudades que no volveremos a ver: miseria, miseria y desolación.

    Volvamos al espectáculo lucrativo que propongo. Eligiendo una ciudad, yo prefiero París. New York no porque suena parcializado, ni Londres por idénticas razones. París, he dicho es el lugar adecuado: gran match de box mundial. Contendores: el gran demócrata George Bush y, por el otro, el enemigo público número uno, el dictador Saddam Hussein. Venta de localidades en todas las boleterías del mundo. El dinero recaudado será repartido entre los países más pobres del universo y si queda una migaja por ahí, para proyectos culturales. El referí, debe ser neutral, la pelea de fondo a 10 rounds. Nada de vaselina para que resbalen los guantes, ni herraduras dentro de los mismos. Como sabemos que Hussein es un zambo fortachón y a su lado Mister Bush, un sietemesino, yo lo vi de cerca cuando estuvo en Lima, no creo que aguante mucho, por eso, para ser justos, deben haber dos peleas complementarias en la misma fecha. La primera entre dos milicos de los respectivos países, y la segunda entre boxeadores profesionales. Nada de carniceros de ésos que muerden las orejas a sus contrincantes, y que han convertido el ring en un circo de fieras (tengo una gran nostalgia de Mohamed Alí-Casius Clay, ahora ya tan decrépito).

    Si hay empates, las dos delegaciones se abrazan, dan una conferencia de prensa, y prometen llevarse bien. Los que pierden deben renunciar a sus puestos como gobernantes. El espectáculo sería así un ejemplo para el mundo, los marcianos, los vestuarios y los jupiterianos.

    Otro sí, cuando lleguen a París los contendores y sus respectivas comitivas que lo hagan en aviones privados, no comerciales, porque son peligrosos. Y eso sí, no olvidar los chalecos antibalas como bien lo hacemos en el Perú en el espectáculo que nos ofrecen todos los Vladibestia y Matilde Pinchi Pinchi.



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